La doctora Raquel Monasterios del servicio de Urgencias Pediátricas del Hospital Vithas Granada. - VITHAS GRANADA
GRANADA 18 Jun. (EUROPA PRESS) -
Con la llegada de las primeras altas temperaturas y la previsión de un verano especialmente caluroso, los especialistas del servicio de Pediatría de Vithas Granada advierten sobre el riesgo de golpes de calor en niños y bebés, una situación potencialmente grave que puede requerir atención médica urgente.
Las autoridades sanitarias consideran a los lactantes y a los menores de cuatro años entre los colectivos más vulnerables frente al calor extremo, junto a las personas mayores y pacientes crónicos, debido a su menor capacidad para regular la temperatura corporal y mantener una hidratación adecuada. Además, Andalucía mantiene activo cada verano un protocolo específico para minimizar los efectos de las temperaturas excesivas sobre la salud.
Según explica la doctora Raquel Monasterios, del servicio de Urgencias Pediátricas del Hospital Vithas Granada, "los niños pequeños tienen una capacidad limitada para eliminar el exceso de calor. En los bebés, además, la dependencia total de los adultos para hidratarse y protegerse hace que puedan sufrir una deshidratación o un golpe de calor en menos tiempo del que imaginamos".
El golpe de calor se produce cuando el organismo es incapaz de mantener una temperatura corporal adecuada y esta aumenta de forma peligrosa, pudiendo afectar al funcionamiento de órganos vitales. Los pediatras recuerdan que se trata de una urgencia médica que, en los casos más graves, puede provocar alteraciones neurológicas, pérdida de conciencia e incluso riesgo vital.
SÍNTOMAS DE ALERTA
Los especialistas señalan que es fundamental reconocer los signos de un golpe de calor de forma precoz, entre los que destacan temperatura corporal elevada (superior a 38-39ºC); piel caliente, enrojecida y seca; irritabilidad, somnolencia o decaimiento; vómitos o mareos y, en casos más graves, pérdida de conciencia.
"Ante cualquiera de estos síntomas es importante trasladar al menor a un lugar fresco, iniciar medidas para bajar la temperatura corporal y acudir cuanto antes a un centro sanitario", señala la doctora Raquel Monasterios.
Los pediatras insisten en que los lactantes constituyen el grupo de mayor riesgo. Su temperatura corporal puede elevarse más rápidamente que la de un adulto debido a sus menores reservas de agua y a la inmadurez de sus mecanismos de regulación térmica.
Además, recuerdan que algunas prácticas aparentemente inocuas pueden aumentar significativamente el riesgo, como cubrir el carrito con una manta o tela que impida la ventilación, realizar paseos durante las horas centrales del día o permanecer en vehículos estacionados, aunque sea durante pocos minutos.
"No debemos esperar a que el bebé tenga sed o muestre signos claros de calor. Cuando aparecen los síntomas, la deshidratación puede estar ya avanzada", advierte la especialista.
PREVENCIÓN
Desde Vithas Granada recuerdan que la prevención es la mejor herramienta para evitar estas situaciones. Recomiendan evitar la exposición al sol durante las horas de mayor intensidad, especialmente entre las 12,00 y las 18,00 horas, y mantener una hidratación frecuente en los menores, incluso cuando no manifiesten sensación de sed.
En el caso de los lactantes, aconsejan ofrecer el pecho o el biberón con mayor frecuencia para prevenir la deshidratación. Asimismo, es importante vestir a los niños con ropa ligera, transpirable y de colores claros, procurar que permanezcan en espacios frescos, ventilados o climatizados, y evitar la práctica de actividades físicas intensas durante los momentos de más calor.
Los pediatras recuerdan además que nunca debe dejarse a un niño dentro de un vehículo estacionado, ni siquiera durante unos minutos, debido al rápido aumento de la temperatura en el interior del automóvil.
"El golpe de calor es prevenible en la inmensa mayoría de los casos. La vigilancia de los adultos y unas medidas sencillas pueden evitar situaciones muy graves durante el verano", concluye la doctora Monasterios.