Pautas para reducir los tóxicos y contaminantes ambientales: ¡Estamos contaminados internamente!

CONTAMINACIÓN, TÓXICOS
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Publicado 07/11/2018 8:36:33CET

   MADRID, 7 Nov. (EDIZIONES) -

   Aunque no lo creamos, vivimos rodeados e impregnados de contaminantes que aumentan nuestro riesgo de sufrir enfermedades endocrinológicas, cardiovasculares, neurodegenerativas, inflamatorias, cánceres o infertilidad.

Las sustancias tóxicas se detectan en nuestro cuerpo, a distintas concentraciones, en los alimentos, por los plaguicidas de la agricultura intensiva, o en nuestro hogares, en los juguetes de plástico de los niños, en los muebles, aparatos electrónicos o en los utensilios de cocina.

   "Cada día respiramos, comemos, bebemos e incluso nos maquillamos o lavamos el pelo con sustancias cuya toxicidad es objeto de preocupación razonada en las sociedades más avanzadas", denuncia el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, Miquel Porta, en 'Vive más y mejor. Reduciendo tóxicos y contaminantes ambientales' (Grijalbo).

En una entrevista con Infosalus el experto llama la atención sobre el hecho de que una minoría de nuestra sociedad está concienciada de que la contaminación externa también penetra en nuestro interior. "Se detectan en el pelo, cabellos, uñas, sangre, en el líquido amniótico o en la orina, por ejemplo", subraya.

   A su vez, destaca que hay "conocimiento suficiente" sobre sus efectos adversos para la salud y para actuar frente al peligro de estos contaminantes. Un problema a su juicio "importante" es que si estas sustancias no persistentes se detectan en la orina del 100% de la población es porque, aunque se estén excretando, se esta expuesto a ellas cada día.

   Así, destaca que tanto en Estados Unidos, Japón o España aún se puede hallar DDT (prohibido hace más de 40 años) generalmente a concentraciones bajas en muchos productos lácteos (mantequilla, leches) y otros alimentos que contienen grasas de origen animal.

   Buena parte de los contaminantes tóxicos persistentes (CTPs), según alerta Porta, se incorpora al organismo a través de la ingesta de alimentos, que se contaminan cuando se cultivan, crían (por el pienso que comen los animales), procesan, almacenan o preparan para su consumo.

DISRUPTORES ENDOCRINOS

   Según resalta el experto, los disruptores endocrinos, por ejemplo, son sustancias químicas exógenas al cuerpo que imitan, potencian, inhiben o perturban el funcionamiento normal de las hormonas. Contribuyen a causar muchos problemas reproductivos y del neurodesarrollo, diabetes, y algunos cánceres de mama, de endometrio, de ovario, de próstata, de testículos y de tiroides, según la OMS, entre otras patologías.

   La atracina y el diclorodifeniltricloroetileno (DDT) se hallan en herbicidas y pesticidas; el bisfenol A (BPA) en plásticos y latas de alimentos, en los recibos de comercios, en los biberones y chupetes antiguos; los ftalatos en envoltorios cosméticos, y champús; los bifenilos policlorados (PCB) y los éteres difenílicos polibromados (PBDE) en retardantes de la llama presentes en tejidos, alfombras, mobiliario y dispositivos electrónicos.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

   "Ni dietas detox, ni zumos verdes, ni muebles bien orientados, ni otros productos bien intencionados sirven realmente para limpiarnos de los contaminantes más persistentes. Desintoxicarse de ellos pasa inevitablemente por reducir la exposición, prevenirla, evitarla. No hay evidencia científica sobre productos que pueda limpiar nuestro cuerpo de contaminantes persistentes. El tiempo de vida media de la mayoría de los contaminantes persistentes es de entre 8 y 12 años o más", recalca Porta.

   Para evitar la ingesta de dioxinas recomienda comer menos productos de origen animal y animales, pues ve probable que las contengan, habitualmente a concentraciones bajas, carnes, pescados, lácteos, y huevos.

   Mientras, para evitar la exposición a Bisfenol A (BPA) aconseja alimentarse con productos frescos en vez de enlatados, decir no a los recibos de compra de supermercados o comercios, evitar los plásticos marcados con un PC o con la etiqueta #7; no todos contienen BPA pero muchos sí. Utilizar tazas y platos que no sean de plástico.

Para una menor exposición a ftalatos dice que hay que procurar no usar recipientes de comida de plástico que los contengan, como tampoco algunos juguetes para niños. Evitar envoltorios o films transparentes hechos con ellos o con PVC (algunos llevan etiqueta de reciclaje #3). Dice que también hay cosméticos y productos para la higiene corporal que los contienen.

   Asimismo, sugiere comer menos y de más calidad. Si se puede comprar productos ecológicos y de proximidad. Lavar la fruta y la verdura a fondo cuando no es de origen ecológico. Evitar el consumo de alimentos procesados. Ve conveniente evitar el uso de plaguicidas o insecticidas para ahuyentar pequeños insectos y ventilar la vivienda regularmente. En cuanto a los juguetes de los niños considera que es mejor que sean de madera, de papel o de metal que de plástico.

   En la cocina recomienda evitar las sartenes antiadherentes, las más comunes y conocidas son las de teflón y silverstone, pero hay más tipos. Si se usan éstas hay que intentar que no se rallen. Igualmente, aconseja evitar las paellas, cazuelas y bandejas de galletas de aluminio anodizado y aboga por emplear cazuelas y sartenes de hierro y fundición esmaltada, y también las de acero inoxidable. Otra alternativa saludable es utilizar cacerolas, envases, tarteras o moldes para tartas de vidrio, pírex o gres.

   En el aseo y cuidado personal dice que hay que evitar en lo posible champús, desodorantes, jabones, dentífricos y otros cosméticos que contengan ftalatos, parabenos, triclosán, o sulfitos. En algunos casos hay que lavar la ropa recién comprada antes de emplearla.