Archivo - Anatomía de la vesícula biliar de órganos internos humanos - MAGICMINE/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 6 Oct. (EDIZIONES) -
Sí, se puede vivir perfectamente sin vesícula biliar, aunque parezca mentira. Y es que este pequeño órgano almacena y concentra la bilis que produce el hígado, pero no es imprescindible para la supervivencia, ni para mantener la digestión.
De hecho, después de una colecistectomía (extirpación de la vesícula), uno de los procedimientos más frecuentes en cirugía abdominal que suele hacerse ya mediante cirugía mínimamente invasiva, la bilis continúa llegando al intestino, aunque lo hace de forma más continua, y sin pasar por ese reservorio, tal y como nos explica, en exclusiva a Europa Press Salud para Infosalus.com, Eduardo Lisa, médico adjunto de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.
Sí precisa que durante las primeras semanas tras la extirpación de la misma algunas personas pueden notar gases, digestiones más pesadas, deposiciones más blandas, o diarrea, especialmente después de comidas muy grasas. Pero en la mayoría de los casos, tal y como asegura en nuestra entrevista, el organismo se adapta progresivamente, y se puede volver a una alimentación normal y equilibrada.
"En algunos pacientes, una mayor cantidad de ácidos biliares puede alcanzar el colon, aumentando la secreción de agua y electrolitos y acelerando el tránsito intestinal. Este mecanismo puede explicar parte de la diarrea que aparece después de una colecistectomía. Habitualmente, estos síntomas son transitorios y mejoran durante las primeras semanas o meses. Sin embargo, en un pequeño grupo de pacientes la diarrea puede persistir y requerir valoración médica, ya que existe la denominada diarrea por ácidos biliares y dispone de tratamiento específico", asegura este experto.
Por otra parte, señala que se han descrito modificaciones de la flora intestinal después de la colecistectomía, aunque su relevancia clínica y su relación directa con los síntomas digestivos todavía no están completamente establecidas. "Las molestias abdominales iniciales también pueden estar relacionadas con el propio proceso quirúrgico y con la inflamación y con la cicatrización de los tejidos intervenidos", prosigue el doctor Lisa.
No obstante, insiste en que, aunque se haya extirpado la bilis, como ésta se produce en el hígado, al quitarse la vesícula la bilis pasa de forma continua a través de la vía biliar directamente al intestino, sin almacenarse en ningún sitio. A pesar de ello, "los ácidos biliares siguen cumpliendo allí su función, facilitando la emulsificación y absorción de las grasas y de las vitaminas liposolubles", razona este experto.
PARA QUÉ SIRVE LA VESÍCULA
El doctor Lisa explica en este contexto que la función principal de la vesícula biliar es almacenar y concentrar la bilis producida por el hígado: "Cuando ingerimos alimentos, especialmente aquellos que contienen grasa, la vesícula se contrae y libera la bilis al intestino, facilitando así la digestión y la absorción de los lípidos".
No es un órgano vital, según continúa, porque no produce la bilis, sino que fundamentalmente la almacena y concentra. Por ello, tal y como reitera, tras su extirpación, el hígado continúa produciendo bilis de manera constante y ésta sigue llegando directamente al intestino, por lo que su función digestiva esencial se mantiene.
PRIMER Y SEGUNDO MES SIN VESÍCULA
Con todo ello, este médico adjunto de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, apunta que durante el primer y segundo mes después de la intervención pueden aparecer cambios en el ritmo intestinal, diarrea, sensación de digestión pesada, gases, o molestias abdominales y, en estos casos aconseja:
·Seguir una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, evitando especialmente durante las primeras semanas las comidas excesivamente copiosas, o muy ricas en grasas si generan síntomas tanto animal como vegetal (legumbres, aguacate, frutos secos, y ácidos grasos vegetales como los cítricos).
·Evitar la toma de alimentos con grasa tanto animal como vegetal (legumbres, aguacate, frutos secos y ácidos grasos vegetales como los cítricos) durante el primer mes.
·Es preferible realizar comidas de tamaño moderado, comer despacio, y reintroducir progresivamente los distintos alimentos según la tolerancia individual.
·Es recomendable evitar acostarse inmediatamente después de comer.
·Con el paso del tiempo se pude realizar una dieta equilibrada normal y comer de todo.
"La reintroducción puede hacerse de manera progresiva y en función de la tolerancia individual de cada paciente. Con el paso del tiempo, la gran mayoría de las personas puede volver a realizar una alimentación normal, variada y equilibrada. A largo plazo no suele ser necesaria una dieta específica por el hecho de no tener vesícula, aunque es aconsejable, como para la población general, evitar un consumo excesivo de grasas y mantener un patrón de alimentación saludable", subraya.
Finalmente, y respecto a la actividad física, el doctor Lisa aconseja la movilización precoz y el ejercicio ligero desde las primeras fases de recuperación, y siempre de forma progresiva. "Los esfuerzos intensos, el levantamiento de cargas, y los ejercicios que aumenten considerablemente la presión abdominal deben reincorporarse gradualmente, teniendo en cuenta el tipo de intervención ya sea laparoscópica o abierta, la evolución de las heridas, y las recomendaciones específicas del cirujano", concluye.