Observar un eclipse activa en el cerebro humano los circuitos de la fascinación

Imagen de recurso de gente observando un eclipse.
Imagen de recurso de gente observando un eclipse. - GOBIERNO
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Publicado: lunes, 8 junio 2026 18:57

MADRID 8 Jun. (EUROPA PRESS) -

El investigador del Departamento de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, José Ángel Morales, ha explicado que cuando las personas se reúnen para observar un eclipse no solo están mirando al cielo, sino activando algunos de los circuitos más profundos y antiguos del cerebro humano relacionados con la fascinación, una mezcla de curiosidad, sorpresa y emoción que, según señala, no es un simple fenómeno cultural, sino un proceso biológico con base científica estudiada en la neurociencia.

Así, Morales indica que uno de los modelos neurobiológicos más aceptados describe la fascinación como una respuesta a una brecha de información. "Percibimos que hay algo relevante que desconocemos, y eso genera una especie de tensión cognitiva que queremos resolver", ha señalado Morales. Este marco teórico, propuesto por el psicólogo George Loewenstein y respaldado por estudios neurocientíficos posteriores, sugiere que la búsqueda de conocimiento actúa como un potente motor interno.

"Un eclipse encaja perfectamente en este mecanismo. Sabemos lo suficiente como para anticiparlo, pero su rareza, complejidad y espectacularidad generan incertidumbre. Es difícil no mirar", añade el experto.

En este sentido, subraya que cuando algo fascina, como el momento en que la luna comienza a tapar al sol, se activan regiones como la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, implicadas en detectar lo inesperado y dirigir la atención hacia ello.

En paralelo, disminuye la actividad de la llamada red neuronal por defecto, asociada a procesos autorreferenciales como la rumiación o el pensamiento centrado en uno mismo. Este cambio de equilibrio cerebral ayuda a explicar una sensación común durante experiencias intensas: la de "olvidarse de uno mismo" y centrarse completamente en lo que está ocurriendo.

UN SISTEMA QUE RECOMPENSA POR APRENDER

Según el investigador, a medida que el eclipse avanza, entra en juego otro mecanismo clave: el sistema de recompensa del cerebro. Regiones como el estriado y el núcleo accumbens liberan dopamina, un neurotransmisor fundamental en la motivación y el placer. "Aquí ocurre algo interesante: el cerebro no solo responde a recompensas materiales, sino también a la información. En otras palabras, aprender o resolver una incógnita resulta intrínsecamente gratificante", señala Morales.

Además, la fascinación, además, no termina en la emoción del momento. Durante estados de alta curiosidad, el hipocampo, una estructura esencial para la memoria, se activa en coordinación con el sistema dopaminérgico. Morales recuerda que diversos estudios han demostrado que esto mejora la consolidación de la memoria: "Se recuerda con claridad dónde estábamos cuando vimos el eclipse. El cerebro marca ese momento como relevante".

Estas experiencias intensas también pueden ir acompañadas de respuestas fisiológicas, como escalofríos o piel de gallina, fruto de la interacción entre el sistema emocional y el nervioso autónomo; los mismos mecanismos que se activan cuando se escucha música o se contempla una obra de arte.

UNA FASCINACIÓN CON DIFERENTE INTESIDAD

Ahora bien, el experto afirma que no todo el mundo experimenta esta fascinación con la misma intensidad. Los estudios basados en neuroimagen indican que algunas personas, por su organización cerebral, son menos propensas a este tipo de experiencias.

En este contexto, Morales sostiene que, bajo determinadas condiciones como la depresión o la enfermedad de Parkinson, donde la sensibilidad a la recompensa suele ser menor, la capacidad de experimentar interés o asombro puede verse atenuada. Esto podría relacionarse con disfunciones en los circuitos de recompensa (estriado) y en la integración emocional (núcleo accumbens).

De hecho, el investigador señala que las personas con alta necesidad de cierre cognitivo (preferencia por respuestas definitivas y aversión a la ambigüedad) experimentan menos asombro. "Un eclipse, con su carácter efímero e impredecible, podría generar más incomodidad que fascinación en estas personas", añade.

"Lejos de ser un simple lujo emocional, la fascinación, como desencadenante de la curiosidad, puede entenderse como un mecanismo adaptativo que nos empuja a explorar, aprender y comprender el entorno. Desde esta perspectiva, un eclipse no es solo un espectáculo visual, sino un estímulo que activa un sistema diseñado para convertir la sorpresa en conocimiento", finaliza Morales.

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