Actualizado 24/09/2012 11:51:22 CET

Nueve de cada diez afectados por el síndrome de piernas inquietas no han sido diagnosticados correctamente

Diego Garcia-Borreguero
DIEGO GARCIA-BORREGUERO

MADRID, 24 Sep. (EUROPA PRESS) -

Nueve de cada diez de afectados por la enfermedad de Willis-Ekbom, conocida como el síndrome de piernas inquietas, no han sido diagnosticados correctamente, asegura el presidente de la Sociedad Española del Sueño, el doctor Diego García-Borreguero, quien lamenta que los síntomas suelan confundirse con problemas reumatológicos o vasculares.

Así, en declaraciones a Europa Press, subraya la necesidad de "un mayor esfuerzo" educativo por parte del profesional sanitario así como de un impulso en la investigación para conocer mejor esta enfermedad. No obstante, considera que "se ha avanzado muchísimo en el conocimiento de qué es lo que falla y de los tratamientos más eficaces durante los últimos cinco años".

El síndrome de piernas inquietas, cuyo Día Internacional tuvo lugar el domingo 23 de septiembre, es un trastorno neurológico que hace que el afectado experimente hormigueo, picor, tensión interior, nerviosismo e inquietud en las piernas y pantorrillas. Estas manifestaciones suelen aparecer, por lo general, a última hora de la tarde o durante la noche, aunque pueden presentarse también en cualquier momento de reposo o inactividad a lo largo del día.

De este modo, estas personas experimentan mucha inquietud e importantes dificultades a la hora de permanecer sentados para descansar o desarrollar un trabajo. Las formas de aliviar parcialmente las molestias pasan por levantarse y caminar, frotarse las piernas o hacer estiramientos.

En ocasiones, el propio paciente no da importancia a las sensaciones molestas de sus piernas o no las identifica como una enfermedad, al confundirlas con varices, mala circulación, reuma o artrosis.

En España, entre un 3 y un 5 por ciento padece la enfermedad de Willis-Ekbom en su vertiente más severa, lo que implica seguir un tratamiento, consistente en la administración de agentes dopaminérgicos. Estos fármacos actuan sobre la dopamia, pues uno de los problemas de esta enfermedad es que en el cerebro existe una disfunción de esta sustancia, explica García-Borreguero.

En la actualidad, no existe cura para el síndrome de piernas inquietas, salvo cuando sus síntomas se asocian a otros procesos, como falta de hierro, embarazo o nefropatía avanzada.

COMPONENTE HEREDITARIO

García-Borreguero describe el perfil de una persona afectada por la enfermedad como el de una mujer de "mediana edad, de entre 30 y 40 años" con un familiar directo que ha padecido el síndrome de piernas inquietas. De este modo, considera que 7 de cada 10 casos responden a causas hereditarias.

Además, las personas de raza blanca con ferropenia --disminución de hierro en el organismo-- o problemas de tipo renal son más propensas a padecer la enfermedad. A nivel mundial, el síndrome de piernas inquietas es padecido por un 10 por ciento.

A la larga, esta enfermedad podría convertirse en motivo de incapacidad laboral, pues sus afectados solo pueden dormir entre 3 y 4 horas y, de este modo, les resulta imposible concentrarse y estar despejado por el día.

NO EXISTEN GRANDES PAUTAS PARA PREVENIRLO

En palabras de este experto, el grado de margen para prevenir esta enfermedad es pequeño, aunque manteniendo unos niveles de hierro adecuados o evitando ciertos fármacos se podría evitar su aparición. Sobre su naturaleza, señala que el 25 por ciento de los casos aparecen de manera transitoria y el resto, de forma crónica.

"El diagnostico precoz nos permite actuar y mitigar los síntomas en el mismo momento", señala este experto, quien advierte de que "esta enfermedad no solo impacta sobre la calidad de vida de la persona sino que está asociada con un riesgo cardiovascular a largo plazo". En definitiva, el diagnostico precoz supone una "gran oportunidad" para tratar la enfermedad con una "máxima antelación", aclara.

Por último, los expertos recomiendan evitar el alcohol, la cafeína y el tabaco así como comidas copiosas en las horas previas a ir a la cama para disminuir su impacto. Acostarse a la misma hora, evitar dar vueltas en la cama, practicar ejercicio físico suave antes de ir a dormir, aplicar frío o calor en las piernas también puede ayudar.