Archivo - Mujeres jóvenes con sentadas de espaldas. - HAIZHAN ZHENG/ISTOCK - Archivo
MADRID, 19 Jun. (EUROPA PRESS) -
En las últimas cinco décadas, las tasas de obesidad han aumentado drásticamente tanto en niños como en adultos. Curiosamente, las tasas de obesidad extrema han crecido más rápido que el índice de masa corporal (IMC), una medida de la grasa corporal basada en la estatura y el peso.
Esta tendencia sugiere que algunas personas son especialmente susceptibles a factores ambientales que favorecen el aumento de peso, como la creciente disponibilidad de alimentos procesados y la disminución de la actividad física. Una posible causa de esta susceptibilidad podría ser la genética.
LA PARADOJA DE LA OBESIDAD EXTREMA FRENTE AL IMC MEDIO
Para investigar esta tendencia, Liam Wright, del University College de Londres (Reino Unido) comparó los IMC y la presencia o ausencia de múltiples variaciones genéticas previamente vinculadas a la obesidad en personas de cuatro cohortes de nacimiento británicas, nacidas antes o durante el aumento de las tasas de obesidad. El estudio incluyó datos de IMC desde la adolescencia temprana hasta la edad adulta para individuos nacidos en 1946, 1958, 1970 y 2001 en Gran Bretaña.
Sus análisis mostraron que estas variaciones genéticas estaban más fuertemente vinculadas a tener un IMC alto en las dos cohortes más recientes, y eran aún más pronunciadas a medida que las personas envejecían y entre los individuos con un IMC más alto. Estos hallazgos sugieren que las personas con una predisposición genética a tener un IMC más alto son probablemente más susceptibles que otras a los cambios en su entorno que fomentan la obesidad.
RESTAURANTES DE COMIDA RÁPIDA: LOS "INTERRUPTORES" DEL ADN MODERNO
La principal conclusión fue que las personas portadoras de variantes genéticas relacionadas con la obesidad tienen más probabilidades de tener más peso ahora que aquellas con las mismas variantes que nacieron antes de la reciente epidemia de obesidad, según el trabajo publicado en 'PLOS Genetics'.
Los investigadores señalan que la razón de la mayor asociación entre la genética y el IMC en las cohortes más jóvenes no está clara. Sin embargo, sospechan que, a medida que el entorno cambia (con el aumento de los restaurantes de comida rápida y los alimentos procesados), esto podría haber propiciado una mayor expresión de variantes genéticas que fomentan un mayor consumo de calorías y, por lo tanto, un IMC más elevado. Concluyen que se necesitarán más estudios para identificar los factores ambientales específicos responsables de fortalecer el vínculo entre la genética y el IMC.
Los autores añaden: "La epidemia de obesidad ha aumentado el IMC independientemente del genotipo, pero son aquellos con mayor predisposición genética a un IMC elevado los que se han visto más afectados".