Archivo - Imagen de recurso de alimentos con proteínas. - VAASEENAA/ISTOCK - Archivo
MADRID, 14 Ago. (EUROPA PRESS) -
Consumir menos alimentos ricos en proteínas puede afectar negativamente a la función física a medida que las personas envejecen, lo que pone de relieve la importancia de una ingesta adecuada de proteínas para preservar la movilidad y la fuerza muscular durante la edad adulta, según revela un nuevo estudio de la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) publicado en la revista 'Nutrients'.
El equipo de investigación analizó datos de más de 38.000 adultos mayores de cincuenta años procedentes de 27 países europeos. Los datos se obtuvieron de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa. Se realizó un seguimiento de los participantes durante varios años, lo que permitió a los investigadores comparar sus hábitos alimenticios a largo plazo con los cambios en su fuerza física y su funcionamiento diario.
Los resultados del análisis llevaron a los investigadores a creer que los adultos que consumían con frecuencia cantidades menores de alimentos ricos en proteínas, como huevos, legumbres, pescado y pollo, tenían más probabilidades de desarrollar una menor fuerza muscular y una mayor dificultad para realizar las actividades cotidianas con el tiempo.
"Los datos mostraron que las personas con una ingesta de proteínas consistentemente baja tenían más probabilidades de reportar problemas para caminar distancias cortas, subir escaleras, alcanzar objetos por encima de la cabeza o realizar tareas cotidianas como ir de compras", ha indicado Rizwan Qaisar, profesor asociado de fisiología de células musculares en la Universidad de Sharjah, quien ha dirigido el estudio.
"Estas asociaciones fueron particularmente notables en los adultos mayores, y los patrones difirieron un poco entre hombres y mujeres", ha añadido el investigador.
BAJO CONSUMO DE PROTEÍNAS Y PROBLEMAS FÍSICOS
Los científicos han relacionado las limitaciones funcionales, como el deterioro progresivo de la capacidad para realizar tareas cotidianas, entre ellas subir escaleras, levantarse de una silla, caminar y mantener el equilibrio, con una consecuencia comúnmente asociada al envejecimiento.
"Los movimientos sencillos como caminar, ponerse de pie o cargar la compra requieren fuerza muscular, equilibrio y coordinación. Cuando la ingesta de proteínas es baja durante periodos prolongados, el cuerpo puede tener dificultades para mantener estas funciones, lo que aumenta el riesgo de deterioro funcional y pérdida de independencia", ha detallado Qaisar.
Los autores destacan que estas limitaciones no solo disminuyen la independencia y la calidad de vida, sino que también aumentan el riesgo de caídas, hospitalización e ingreso en residencias de larga estancia. "El deterioro funcional es multifactorial e incluye deterioro musculoesquelético, cambios neurológicos y deficiencias nutricionales", señalan.
El estudio analizó patrones alimentarios reales, en lugar de suplementos o dietas restrictivas. Subraya cómo alimentos cotidianos como la leche, el yogur, los huevos, las legumbres, el pescado y las aves de corral pueden contribuir a un envejecimiento más saludable cuando se consumen con regularidad.
Dado que los hábitos alimenticios pueden modificarse, los investigadores destacan las implicaciones prácticas de sus hallazgos. Identificar a los adultos mayores con bajo consumo de proteínas podría brindar la oportunidad de implementar intervenciones tempranas y de bajo costo, con el objetivo de preservar la movilidad, la independencia y la calidad de vida en general.
INGESTA DE PROTEÍNAS Y VIDA ACTIVA E INDEPENDIENTE
A medida que la población mundial envejece, los autores sugieren que prestar atención a factores sencillos del estilo de vida, como la elección habitual de alimentos, puede ayudar a retrasar el deterioro físico y a favorecer períodos más prolongados de vida activa e independiente.
Este estudio multicéntrico realizado con adultos mayores europeos reveló que una menor ingesta habitual de proteínas se asociaba de forma independiente con una mayor probabilidad de sufrir una reducción de la fuerza de agarre manual y dificultades para realizar actividades relacionadas con la movilidad.
La relación entre la ingesta de proteínas y la fuerza de agarre fue más marcada en los hombres, mientras que las limitaciones funcionales, como caminar 100 metros, agacharse, arrodillarse, extender el brazo por encima de los hombros y hacer la compra, se observaron con mayor frecuencia en las mujeres. "Estos hallazgos indican una relación entre la ingesta habitual de proteínas y los cambios a corto plazo", apuntan los autores.
En conjunto, este estudio demuestra que una menor ingesta habitual de proteínas se asocia con una mayor probabilidad de debilidad muscular y dificultades funcionales a corto plazo en adultos mayores europeos, concluyen los autores. Estos hallazgos sugieren que la ingesta habitual de proteínas puede contribuir al mantenimiento de la función física en las poblaciones que envejecen.