La memoria podría empezar en el intestino: un estudio logra revertir el deterioro cognitivo en ratones

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Archivo - Microbioma y probióticos - Asociación con enfermedades gastrointestinales - Intestino permeable - Disbiosis - Ilustración - ARTEMISDIANA/ ISTOCK - Archivo
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Publicado: viernes, 3 julio 2026 8:12

MADRID, 3 Jul. (EUROPA PRESS) -

El envejecimiento del intestino podría desempeñar un papel decisivo en la pérdida de memoria. Un estudio publicado en Nature muestra que modificar la comunicación entre el intestino y el cerebro permitió restaurar funciones cognitivas en ratones envejecidos, lo que abre nuevas vías para investigar tratamientos contra el deterioro cognitivo.

Nos volvemos olvidadizos con la edad. Esto suele considerarse una verdad universal, pero en realidad dista mucho de serlo: algunas personas conservan una agudeza visual increíble a los 100 años, mientras que otras experimentan pérdida de memoria a partir de la mediana edad.

Si bien parece lógico atribuir el deterioro cognitivo relacionado con la edad al envejecimiento y la degeneración cerebral (que, como cualquier proceso cerebral, es notoriamente difícil de tratar), existen evidencias de que procesos en otras partes del cuerpo influyen en la capacidad del cerebro para formar recuerdos.

¿QUÉ HAN DESCUBIERTO LOS INVESTIGADORES?

Los investigadores, que pertenecen a la Universidad de Medicina de Stanford y al Arc Institute (Estados Unidos), comprobaron que el envejecimiento del intestino altera la comunicación con el cerebro a través del nervio vago, un canal fundamental para transmitir información entre ambos órganos.

En los ratones, este deterioro favorece la pérdida de memoria y otras alteraciones cognitivas asociadas a la edad. Sin embargo, al estimular determinadas neuronas sensoriales del intestino consiguieron restaurar una función cognitiva similar a la de animales jóvenes.

El trabajo también revela que el microbioma intestinal cambia con el envejecimiento y que esas modificaciones parecen desempeñar un papel clave en el deterioro cognitivo.

EL PAPEL DEL MICROBIOMA INTESTINAL

Para comprobarlo, los científicos trasplantaron el microbioma de ratones viejos a ratones jóvenes y evaluaron su memoria y capacidad de aprendizaje.

Los animales jóvenes que recibieron un microbioma envejecido comenzaron a presentar problemas cognitivos similares a los de los ratones de mayor edad.

En cambio, cuando eliminaron gran parte de las bacterias intestinales mediante antibióticos, los animales recuperaron niveles de memoria comparables a los de ejemplares jóvenes.

Además, los ratones criados sin microbioma desarrollaron un deterioro cognitivo mucho más lento, lo que refuerza la idea de que algunos microorganismos intestinales favorecen el envejecimiento cerebral.

LA BACTERIA QUE PODRÍA ACELERAR LA PÉRDIDA DE MEMORIA

Los investigadores, que han publicado el trabajo en 'Nature', identificaron como principal sospechosa a la bacteria Parabacteroides goldsteinii, cuya presencia aumenta con la edad, aunque no señalan que pueda ser la única responsable.

Esta bacteria produce ácidos grasos de cadena media (AGCM), unas moléculas que activan células inmunitarias del intestino y desencadenan una respuesta inflamatoria.

Esa inflamación acaba alterando la actividad de las neuronas conectadas al nervio vago y, finalmente, afecta al hipocampo, la región del cerebro responsable de la formación de los recuerdos.

CÓMO CONSIGUIERON RECUPERAR LA MEMORIA

Los investigadores probaron distintas estrategias para revertir este proceso. Además de reducir el microbioma mediante antibióticos, utilizaron un bacteriófago capaz de disminuir la presencia de Parabacteroides goldsteinii, logrando reducir los niveles de AGCM y mejorar la memoria de los animales.

También estimularon directamente el nervio vago utilizando la hormona intestinal CCK y agonistas del receptor GLP-1, medicamentos de la misma familia que los utilizados contra la obesidad y la diabetes.

Ambas intervenciones consiguieron mejorar los déficits de memoria relacionados con la edad en los modelos animales.

¿PODRÍA APLICARSE EN HUMANOS?

Los autores subrayan que todos los experimentos se realizaron en ratones y que todavía no puede asegurarse que el mismo mecanismo funcione en personas.

No obstante, recuerdan que la estimulación del nervio vago ya se utiliza en algunos pacientes con epilepsia o tras un ictus y que, de forma llamativa, algunos de ellos también han mostrado mejoras cognitivas.

Por ello, consideran que esta vía podría convertirse en una nueva estrategia para prevenir o tratar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento e incluso abrir nuevas líneas de investigación frente a enfermedades neurodegenerativas como la demencia.

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