La 'memoria' de la inflamación intestinal que podría favorecer el cáncer: el estudio que revela un mecanismo oculto

Archivo - Dividing cancer cells
Archivo - Dividing cancer cells - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / NOPPARIT - Archivo
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Publicado: viernes, 27 marzo 2026 7:49

    MADRID, 27 Mar. (EUROPA PRESS) -

   La inflamación crónica puede aumentar el riesgo de cáncer en una persona, y un nuevo estudio del del Broad Institute y de la Universidad de Harvard de Estados Unidos revela detalles clave sobre cómo podría ocurrir esto en el intestino y señala mejores maneras de identificar y reducir el riesgo.

   Los investigadores han revelado en ratones que, tras la colitis (inflamación intestinal crónica), los tejidos intestinales aparentemente curados pueden conservar la memoria de la inflamación previa mediante "cicatrices" moleculares que facilitan el desarrollo posterior del cáncer.

QUÉ OBSERVARON LOS INVESTIGADORES EN EL TEJIDO INTESTINAL

    Estas memorias se codifican como cambios en el epigenoma que se transmiten de célula a célula a través de numerosas generaciones de división celular, con efectos duraderos en la actividad genética que pueden impulsar el crecimiento tumoral.

   El estudio, publicado en 'Nature', sugiere un proceso de doble impacto a lo largo del tiempo, en el que las alteraciones en el genoma (un cambio epigenético y una mutación cancerígena) pueden acelerar el crecimiento tumoral. Asimismo, apunta a posibles maneras de identificar e intervenir sobre estos factores que promueven el cáncer mediante nuevos biomarcadores y terapias.

   "Este hallazgo es un excelente ejemplo de cómo nuestras experiencias y exposiciones afectan nuestra salud futura", insiste el autor principal del estudio, Jason Buenrostro, miembro del núcleo del Broad Institute, profesor del Departamento de Biología de Células Madre y Regenerativa de la Universidad de Harvard. "Hemos demostrado que los cambios epigenéticos son la pieza clave que faltaba para comprender cómo la inflamación conduce al cáncer".

   El cáncer colorrectal ha aumentado drásticamente entre los jóvenes en las últimas décadas, lo que apunta a cambios en la dieta, el estilo de vida o la exposición a toxinas que pueden estar aumentando el riesgo, en lugar de cambios en la variación genética hereditaria, que pueden tardar miles de años en surgir.

   "Estos factores son transitorios: la dieta que se sigue en la adolescencia no es la misma que la actual, pero puede afectar el riesgo de cáncer a lo largo de la vida", aporta Surya Nagaraja, primer autor del estudio, investigador postdoctoral en el laboratorio de Buenrostro, becario de patología en el Hospital General de Massachusetts y miembro del equipo PROSPECT.

   En el nuevo estudio, los investigadores se centraron en la inflamación crónica, uno de los mayores factores de riesgo de cáncer en todos los tejidos. En un modelo animal, indujeron inflamación en el intestino y observaron cambios en las células del colon.

Los investigadores desarrollaron un método para medir varias cosas a la vez en células individuales: el estado transcripcional, es decir, qué genes se están expresando; el estado epigenómico, o qué partes del genoma son accesibles para que los genes en esas regiones puedan activarse o desactivarse; y la historia clonal, que revela el árbol genealógico de una célula.

   Incluso después de que la inflamación disminuyera y los tejidos parecieran curados, el equipo observó que algunas células conservaban una memoria epigenética duradera de la exposición, y que ciertos sitios del ADN permanecían abiertos y accesibles incluso cuando la expresión genética volvía a la normalidad.

   Cuando los científicos introdujeron posteriormente una mutación que promovía el cáncer, los tejidos con memoria epigenética desarrollaron tumores más grandes que crecieron más rápido que los de los tejidos sin inflamación previa. Esto se produjo al activar conjuntos de genes que contribuían al crecimiento del cáncer y que se volvieron más accesibles (y, por lo tanto, más fáciles de regular) gracias a la memoria de la inflamación.

   El estudio concluye que esta memoria epigenética es el primero de un doble ataque que puede persistir de por vida, permitiendo que una mutación posterior desencadene el crecimiento tumoral. El equipo descubrió que las células madre con la memoria epigenética más fuerte transmitieron esos cambios a sus células hijas, creando familias enteras de células predispuestas al cáncer.

   "En el epigenoma, observamos este efecto duradero y robusto, que simplemente espera su oportunidad para afectar la expresión génica, y necesitábamos examinar la capa epigenética para poder observar estos efectos", destaca Buenrostro.

   Añade que los hallazgos del grupo podrían llevar a replantear la forma en que surge el cáncer. "Todos tenemos mutaciones relacionadas con el cáncer, pero no todos lo padecemos. No solo importa la mutación genética, sino también el tipo de célula y las experiencias que esta vive; estas determinarán la evolución de la enfermedad".

   Los investigadores están estudiando si estas marcas moleculares pueden detectarse en muestras de heces humanas para identificar a las personas con mayor riesgo. Estas nuevas pistas también podrían abrir la puerta a futuros tratamientos que actúen sobre el mecanismo subyacente y lo corrijan.

   Este estudio forma parte del equipo PROSPECT, un grupo de investigación internacional que estudia el aumento global del cáncer colorrectal en adultos jóvenes, liderado por Andy Chan y Yin Chao. PROSPECT se integra en Cancer Grand Challenges, una iniciativa global de investigación que identifica los desafíos más complejos en la investigación oncológica y capacita a equipos interdisciplinarios internacionales para abordarlos.

    A través de Cancer Grand Challenges, el equipo PROSPECT recibe financiación de Cancer Research UK, el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU, el Fondo Bowelbabe para la Investigación del Cáncer en el Reino Unido y el Instituto Nacional del Cáncer de Francia.

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