Archivo - Imagen de recurso de un hombre con obesidad. - Jan Woitas/dpa - Archivo
MADRID, 21 Abr. (EUROPA PRESS) -
La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha pedido reforzar la prevención del síndrome cardio-reno-metabólico, ya que, según afirma, un alto porcentaje de la población en España presenta factores de riesgo para desarrollarlo.
Así lo ha puesto de manifiesto la doctora Alejandra Gullón, del Hospital Universitario La Princesa de Madrid, durante la XXVIII Reunión de Insuficiencia Cardiaca y Fibrilación Auricular, celebrada en Zaragoza.
Según Gullón, el 30 por ciento de los adultos españoles sufre de síndrome metabólico, un 15 por ciento padece diabetes y un 20 por ciento tiene obesidad, factores que son el sustrato para presentarlo. Las tres patologías constituyen también un importante problema de salud pública a escala mundial, según el IDF Diabetes Atlas de la International Diabetes Federation.
En este contexto, indica que el síndrome cardio-reno-metabólico aún es un concepto novedoso, definido por la Sociedad Americana del Corazón (American Heart Association) hace solo tres años, en 2023, por lo que se requiere incidir en la toma de conciencia sobre este trastorno tanto entre la población general como entre la comunidad médica.
"Es un trastorno sistémico caracterizado por la interacción de alteraciones metabólicas, el desarrollo de la enfermedad renal crónica y de patologías cardiovasculares. El daño orgánico no solo es aditivo, sino que se potencia y retroalimenta. Se asocia a exceso de adiposidad, grasa visceral, inflamación, daño oxidativo y resistencia a la insulina, que afectan a arterias, riñones y corazón, por lo que es clave identificar a los pacientes en fases precoces, antes de que aparezcan manifestaciones clínicas", ha explicado Gullón.
La especialista apunta que la prevención es fundamental, ya que se asocia a una elevada mortalidad prematura y discapacidad, dado que los pacientes con este síndrome tienen un riesgo elevado de sufrir complicaciones cardiovasculares (infarto, insuficiencia cardíaca e ictus) como de desarrollo de enfermedad renal crónica que podría conllevar, en algunas situaciones, a requerir diálisis o trasplante renal.
En esta línea, Gullón ha subrayado que los grandes responsables del síndrome cardio-reno-metabólico son la obesidad, el exceso de adiposidad, el sedentarismo, la alimentación basada en productos ultraprocesados, el tabaquismo y patologías como la hipertensión arterial, (HTA) la diabetes o el exceso de colesterol y triglicéridos.
CARACTERÍSTICAS DEL SÍNDROME CARDIO-RENO-METABÓLICO
La SEMI ha señalado que el síndrome cardio-reno-metabólico sigue un proceso evolutivo durante varios años. En su evolución natural se diferencian varias fases: en la fase preclínica (estadio 1) solo están presentes los factores de riesgo como el sobrepeso o la obesidad o la resistencia a la insulina, sin manifestaciones. En las fases intermedias (estadios 2 y 3), los pacientes presentan diabetes, hipertensión, dislipemia y/o enfermedad renal crónica con aparición posterior de daños subclínico a nivel arteriosclerótico y cardiaco y, finalmente, en el estadio 4 los eventos clínicos cardiovasculares como el ictus, la cardiopatía isquémica, la enfermedad arterial periférica o la IC.
Las manifestaciones clínicas, en los estadios intermedios, pueden ser sutiles y, entre ellas, figuran el aumento de las cifras de presión arterial (PA), hiperglucemia en rango de diabetes, pérdida de proteínas en orina o microalbuminuria, pérdida de energía, fatiga, hinchazón de piernas o aparición de disnea o dolor torácico ante esfuerzos cotidianos como subir escaleras.
No obstante, la SEMI resalta que el síndrome cardio-reno-metabólico se puede corregir en sus fases iniciales. Así, una disminución mayor del 10 por ciento del peso corporal podría lograr una reducción o reversión de la diabetes, la mejoría relevante de la HTA, así como la normalización de las cifras de triglicéridos y otras manifestaciones.
En cambio, si el daño está establecido, el objetivo del tratamiento es la estabilización de la enfermedad y evitar la progresión. "Una parte muy importante de la población tiene insuficiencia renal sin diagnosticar y, a menudo, la situación renal no se evalúa si no hay síntomas. El síndrome cardio-reno-metabólico tiene una evolución de años, por lo que tenemos una ventana de oportunidad para prevenirlo antes de que dé síntomas y nunca debemos esperar a que surjan complicaciones graves como el fracaso renal, o problemas cardíacos como la insuficiencia cardíaca, para empezar a intervenir", subraya Gullón.
Por último, la SEMI destaca que el médico internista tiene un "perfil idóneo" para liderar y coordinar el manejo del síndrome cardio-reno-metabólico por su visión integradora de los pacientes pluripatológicos y complejos. Sin embargo, afirma que el abordaje multidisciplinar de este trastorno es clave partiendo desde la prevención y promoción de la salud a nivel poblacional, dirigida desde la Atención Primaria (AP) y las estrategias de Salud Pública.
"El abordaje de estos pacientes requiere un enfoque integral y multidisciplinar, especialmente en aquellos con múltiples comorbilidades como hipertensión, diabetes, insuficiencia cardiaca u obesidad. En este contexto, la Medicina Interna desempeña un papel clave por su visión global, coordinando la atención entre especialidades y evitando la fragmentación del manejo clínico", finaliza Gullón.