La mayor frecuencia de incendios acarreará nuevos cuadros clínicos que exigirán abordaje específico, según un artículo - AYTO VÉLEZ-MÁLAGA
MADRID, 27 Jul. (EUROPA PRESS) -
Un artículo de los médicos de Familia José Luis Ramón Trapero, Lucas Matute Zigarán e Ibon Mendiolagaray Bilbao ha mostrado que la mayor frecuencia de incendios "desencadenará nuevos cuadros clínicos que exigirán un abordaje específico desde la Medicina Familiar y Comunitaria".
Este trabajo, publicado en la revista especializada 'Actualización en Medicina de Familia' (AMF) de la Sociedad española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) y titulado 'La Medicina de Familia ante los incendios forestales', recoge que, ante el aumento de estos fenómenos, se producirán agudizaciones de patologías respiratorias y oculares, ansiedad y estrés postraumático, entre las patologías emergentes.
Según han indicado los autores, va a ser necesario un seguimiento longitudinal, y es que este es "un desafío sanitario" que "afectará de forma creciente a la actividad de la Atención Primaria". "El cambio climático se ha convertido en una crisis sanitaria de magnitud global, ya que el aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y la alteración de los patrones de precipitación han creado el escenario propicio para la proliferación de grandes incendios forestales", han expuesto.
Así, este artículo, desarrollado a propósito del caso de Carlos, un policía local de 25 años que acude a un Punto de Atención Continuada (PAC) tras participar en las labores de evacuación durante un gran incendio forestal, muestra que los grandes incendios provocan el incremento de las intoxicaciones por inhalación de humo, las lesiones de la vía aérea, las quemaduras y las afecciones oculares provocadas por el humo y las partículas en suspensión.
En este sentido, han señalado que la intoxicación por monóxido de carbono, principal causa de muerte inmediata en los incendios, y la lesión por inhalación de humo constituyen dos de las principales urgencias que deberá reconocer el conjunto de facultativos. Entre un 10 y un 30 por ciento de los pacientes que sufren una intoxicación por monóxido de carbono pueden desarrollar un síndrome neurológico tardío, con deterioro cognitivo, alteraciones de la marcha o cambios de personalidad semanas después del episodio agudo.
AGUDIZACIONES DE PATOLOGÍAS RESPIRATORIAS CRÓNICAS
En el ámbito respiratorio, han alertado del aumento de las agudizaciones de patologías respiratorias crónicas, así como del desarrollo de hiperreactividad bronquial, bronquiectasias o limitación crónica al flujo aéreo en pacientes expuestos. Las consultas de Atención Primaria también deberán atender con mayor frecuencia irritaciones oculares, queratoconjuntivitis y otras lesiones derivadas de la exposición al humo y las cenizas.
Junto a ello, han advertido de la elevada incidencia de crisis de ansiedad, ansiedad patológica, depresión y trastorno por estrés postraumático (TEPT). En este contexto, consideran que el seguimiento continuado que caracteriza a la Medicina Familiar permitirá detectar precozmente estos problemas, intervenir de forma temprana y coordinar, cuando sea preciso, la atención con los servicios de Salud Mental.
Además, este análisis ha detallado otros aspectos, como que una pulsioximetría normal no descarta una intoxicación grave por monóxido de carbono, ya que esta técnica convencional no diferencia la carboxihemoglobina de la oxihemoglobina. Por ello, se defiende la incorporación de pulsicooxímetros o gasometría en los centros de salud cuando sea posible.
"La exploración clínica continúa siendo determinante para sospechar una lesión por inhalación de humo", han manifestado los expertos al hilo, tras lo que han señalado que "la presencia de hollín en la orofaringe, vibrisas nasales quemadas, esputo carbonáceo, disfonía o estridor deben alertar al médico de Familia sobre una posible afectación de la vía aérea que requiere una actuación urgente".
Una vez abordadas las quemaduras, aspecto en el que, al inicio, la medida más eficaz consiste en irrigar la lesión con agua corriente durante 20 minutos, evitando remedios caseros y el uso sistemático de antibióticos profilácticos, los autores han recordado que muchas de las secuelas asociadas a los incendios no aparecen durante la fase aguda, sino semanas o meses después, por lo que la Medicina Familiar y Comunitaria ocupa una posición privilegiada para identificar secuelas respiratorias, neurológicas, dermatológicas y psicológicas.