Archivo - Niña con dos gatos en los brazos. - OLEH_SLOBODENIUK/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 14 Jun. (EUROPA PRESS) -
El asma es la enfermedad crónica más común y una de las principales causas de hospitalización infantil. La Red Mundial del Asma estima que su prevalencia global es del 9,1% en niños y del 11% en adolescentes, aunque este porcentaje varía considerablemente entre países, regiones y entornos.
A nivel mundial, la mayor prevalencia de asma pediátrica (superior al 20%) se registra en las Islas Británicas y en algunas zonas de Oceanía y Oriente Medio. Entre los factores de riesgo conocidos para desarrollar asma se incluyen la exposición a la contaminación atmosférica y al tabaquismo, las infecciones virales infantiles, la obesidad y las alergias preexistentes como el eccema o la rinitis alérgica.
EL MITO DE LA CASPA ANIMAL BAJO LA LUPA CIENTÍFICA
Los pacientes refieren, de forma anecdótica, que la exposición a la caspa animal parece desencadenar ataques de asma. Sin embargo, los datos clínicos y epidemiológicos al respecto son, hasta el momento, contradictorios, y provienen principalmente de estudios pequeños en subgrupos que no necesariamente representan a la población general.
Preciasamente un nuevo estudio desmiente esa afirmación. Investigadores del Instituto Karolinska de Suecia han demostrado en 'Frontiers in Allergy' que compartir el hogar con gatos podría no empeorar la situación de los niños con asma y alergias
"En este estudio, realizado en una cohorte nacional de niños suecos con asma y alergias, demostramos que los niños que conviven con un gato presentan una gravedad del asma, una exacerbación, un control del asma y una función pulmonar similares a los de los niños que no viven con gatos a corto plazo", expone el autor principal, el doctor Resthie R. Putri, investigador postdoctoral del Instituto Karolinska de Estocolmo.
Tampoco observaron diferencias en los resultados del asma relacionadas con el número de gatos, el sexo del gato o la edad del gato.
UN MACROESTUDIO CON EL SEGUIMIENTO DE 30.000 NIÑOS
En 2023, Putri y sus colaboradores iniciaron un estudio con una cohorte de 30.277 niños (de entre cuatro y 17 años de edad en ese momento) nacidos entre 2006 y 2020 y diagnosticados con asma o alergia respiratoria. Les dieron seguimiento durante 24 meses, hasta 2024, para evaluar la evolución del asma, recopilando datos sobre diagnósticos, visitas a urgencias, medicamentos recetados y pruebas de control del asma y espirometría a partir de la información vinculada del Registro Nacional de Pacientes de Suecia, el Registro de Medicamentos Recetados y el Registro Nacional de Vías Respiratorias.
En Suecia, la inscripción en el Registro Nacional de Gatos es obligatoria desde 2023 para todos los gatos domésticos nacidos después de 2008. Para cada niño, los autores anotaron si el hogar de sus padres tenía al menos un gato en 2023, lo cual ocurrió en el 9,4% de los niños.
Los resultados mostraron que no existía una asociación significativa entre la exposición a gatos domésticos y la incidencia de asma. Por ejemplo, el asma moderada a grave (según la medicación prescrita) se presentó en el 9,6% de los niños expuestos a gatos y en el 10,1% de los niños no expuestos. La exacerbación del asma (también conocida como crisis o brote) se produjo en el 3,3% de los niños expuestos a gatos y en el 3,5% de los niños no expuestos.
LA EXPLICACIÓN: LOS ALÉRGENOS INVISIBLES DEL DÍA A DÍA
Entre un subconjunto de 1.428 niños para quienes se disponía de datos sobre el control del asma y la espirometría pulmonar, 97 (6,8%) vivían con gatos. No se observaron diferencias significativas entre los dos grupos en dos medidas comunes de la función pulmonar.
"Una posible explicación es que la exposición a los alérgenos de los gatos es muy común, incluso fuera del hogar. Los niños que no tienen gatos en casa aún pueden estar expuestos en entornos compartidos como escuelas o transporte público, lo que podría explicar por qué no vimos ninguna diferencia", destaca Putri.
"Si bien estos hallazgos a gran escala brindan información valiosa, carecíamos de datos sobre a qué alérgenos estaban sensibilizados los niños, y debido a que el Registro Nacional de Gatos es relativamente nuevo, algunos niños que viven con gatos pueden haber sido clasificados erróneamente como no expuestos", finalizan los expertos.