María Berdasco, doctora en biología molecular: "No podemos excusar todas nuestras enfermedades en lo que heredamos"

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Infosalus
Publicado: viernes, 3 abril 2026 8:03

   MADRID, 3 Abr. (EDIZIONES) -

   El titular interpela a una creencia profundamente arraigada -que nuestro destino está escrito en los genes-, pero la Ciencia actual dibuja un panorama mucho más complejo y, en parte, esperanzador.

La epigenética, el campo que estudia cómo el entorno y los hábitos modulan la expresión de los genes, demuestra que factores como la alimentación, el sueño, el sedentarismo, o la exposición a tóxicos como el tabaco o el alcohol, pueden influir de forma decisiva en nuestra salud, e incluso dejar huella en generaciones futuras.

   Sin embargo, como advierte la doctora en Biología Molecular y jefa del grupo de Terapias Epigenéticas en el Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras de Barcelona, María Berdasco, durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus, este conocimiento también se está simplificando peligrosamente en el discurso público: ni todo depende de la herencia, ni todo puede explicarse por decisiones individuales. En plena era de la desinformación sanitaria, entender hasta dónde llega realmente nuestro margen de acción -y dónde empiezan los límites de la Biología- se ha convertido en una cuestión clave para no caer en mitos, culpabilización, o falsas promesas.

   Nos cuenta, con motivo de la reciente publicación de 'Reescribirnos' (Espasa, Planeta), que a través de nuestros estilos de vida y de las exposiciones ambientales podemos modificar la expresión de nuestros genes; un concepto que se conoce como 'epigenética'.

   Como resalta en el libro, hay ciertos caracteres de nuestro desarrollo normal, como el color de los ojos, por ejemplo, que sí que están condicionados por las secuencias de nuestros genes, pero también se dan otras variables donde influye lo que hacemos, como la obesidad, según menciona, donde efectivamente hay unos genes que predisponen a esta enfermedad, pero que ésta se desarrolla si la favorecemos con nuestros hábitos de vida.

   "Lo que comemos condiciona nuestro peso corporal, especialmente lo que comemos mal. A veces no podemos excusar todas nuestras enfermedades en lo que heredamos, pero tampoco podemos llevar todo a la epigenética, a la responsabilidad de cada uno. En la obesidad se ha visto que sí hay genes que confieren una predisposición, pero esos genes deben estar en un ambiente obesogénico, es decir, una persona que realiza poco deporte y que sigue una dieta pobre en fibra y en productos vegetales, y es una persona sedentaria. Todo nuestro destino no está fijo desde el momento en el que nacemos por los genes de nuestros padres y tenemos cierto margen de manipulación", explica la doctora Berdasco.

LA EPIGENÉTICA TRANSGENERACIONAL

   Pero en este libro, esta experta también pone sobre la mesa el debate de la epigenética transgeneracional, es decir, hasta qué punto nuestros malos hábitos en la salud se pueden transmitir o no a la descendencia como un legado epigenético.

   Reconoce que hoy en día se trata de un tema controvertido, "porque tiene unas consecuencias tremendas, de forma que lo que yo hago puede influir en la salud o enfermedad de las generaciones que vienen detrás, y aquí entra en juego el sentido de responsabilidad".

   Pero también apunta Berdasco que es controvertido porque aún faltan comprobaciones experimentales en poblaciones humanas para decir al 100% que esto sea así: "Se necesitarían estudios en tres generaciones, de abuelos a nietos, con cohortes amplias y donde el inductor del cambio se dé en la primera generación, por ejemplo el efecto del tabaco sólo en los padres, y que los hijos y nietos no fumasen; y esto en poblaciones humanas es difícil de obtener".

   Dicho esto, sí comenta esta doctora en Biología Molecular que se ha visto en determinados experimentos de ratones que los expuestos a los productos químicos del tabaco modifican epigenéticamente el esperma de ratones macho, y que esto "se puede heredar 3-4 generaciones después".

   Cuenta además esta doctora en Biología Molecular que en humanos hay primeras evidencias científicas al respecto con varios ejemplos, destacando una hambruna que hubo al norte de los Países Bajos tras la Segunda Guerra Mundial, y donde se vio que quienes en el primer trimestre de embarazo vivieron esa hambruna, incluso 60 años después, sus hijos presentaban una mayor predisposición a desarrollar enfermedades cardiovasculares, incluso algún problema de salud mental, y esto se llegó a asociar con un cambio epigenético.

   Pero aquí también llama la atención que no sólo los hijos heredan de la madre, sino que también influyen los cambios epigenéticos del padre que se transmiten a través del esperma. "También si unos padres varones fuman, estos cambios epigenéticos se pueden trasladar a los hijos a través del esperma", precisa.

   Aquí resalta igualmente que "no sólo lo malo puede ser heredado" sino que ensayos en laboratorio se ha demostrado que también se puede heredar lo bueno. Eso sí, insiste, en que se necesitan más evidencias de ello, como hemos comentado, si bien sí hay una certeza de que los cambios epigenéticos que modifican la salud en primera persona pueden trasladarse a las generaciones futuras, "aunque sigue siendo necesario hacer más estudios para ver cómo estos les pueden afectar".

LOS MALOS HÁBITOS EN SALUD

   Entre esos factores que alteran nuestra epigenética y que pueden poner en riesgo nuestra salud menciona la importancia del sueño, en primer lugar, subrayando la importancia de tener ciclos normales de sueño, con rutinas de horarios de sueño adaptados a los ciclos de luz, siendo negativo en este campo, por ejemplo, la exposición a pantallas a última hora de la noche.

   Además, apunta la doctora Berdasco que el sedentarismo también es un mal hábito que modifica la epigenética y que se asocia con problemas metabólicos, de control de peso corporal, diabetes, y hasta de salud mental. Pero también habla del estrés o de la alimentación, cuando esta falla y no es rica en verduras, pobre en fibra, y cuando no está equilibrada; así como de la exposición a tóxicos ambientales, fundamentalmente el alcohol y el tabaco.

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