Actualizado 15/09/2010 21:39 CET

Leguina dice que la 'oleada' antitabaco "huele a viejo autoritarismo que pretende meter al Estado hasta en la alcoba"

MADRID, 15 Sep. (EUROPA PRESS) -

El ex presidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina ha asegurado que la pretensión del Gobierno de endurecer la Ley antitabaco "huele a viejo autoritarismo, esa querencia que siempre pretende meter al Estado en la sala de estar y la en nuestra alcoba".

En un artículo titulado 'Humillados y ofendidos' publicado en una web del Club de Fumadores por la Tolerancia, Leguina manifiesta que no fuma y su salud "se lo agradece", al tiempo que invita a todos los fumadores empedernidos a que lo dejen, aunque no a los que se fuman "un par de habanos o tres cigarrillos diarios".

"En cualquier caso, me repugna que se pretenda maltratar a los fumadores por el hecho de serlo... y eso es lo que está pasando con la oleada de 'antitabaquismo' que ha invadido, primero, a los medios y, luego, al Estado, que ahora se dispone a 'endurecer' la Ley antitabaco aprobada no hace mucho tiempo. Una deriva que me da miedo", expresa.

El ex presidente regional se opone al endurecimiento de la reciente ley porque algunos de sus argumentos "para justificar la persecución de los fumadores" son "más falsos que un duro sevillano". Así, como ejemplo asegura que es contradictorio decir a la vez que el tabaquismo le sale muy caro al erario público y, a la vez, indicar que la adicción al tabaco reduce en diez años la vida media de los fumadores.

Además, apunta que la creación de un nuevo concepto de 'fumador pasivo' "lo mismo sirve para un roto que para un descosido". "Es obvio que si en un lugar cerrado alguien no desea compartir el humo del tabaco tiene derecho a que se le respete; pero ello no quiere decir que cualquier 'fumador pasivo' sufra las mismas consecuencias que un fumador empedernido. Por otro lado, ¿en qué puede molestar al 'fumador pasivo' la existencia de lugares reservados para fumar?", se pregunta Leguina.

Por todo ello, cree que en el fondo de este asunto "late un evidente cinismo estatal". "Si el Estado lo que quiere es prohibir el consumo de tabaco, que lo haga y nos atendremos a las consecuencias (la primera de ellas la desaparición de los ingresos fiscales). Consecuencias que serían, muchas de ellas, nefastas, como ya demostró sobradamente -respecto al consumo de alcohol- la Ley Seca norteamericana", afirma el ex presidente regional.

Por último, considera que si lo que pretende el Estado es luchar contra la adicción al tabaco, "eso no se conseguirá a base de vaivenes legislativos, sino mediante otras vías, la del convencimiento, sobre todo entre los jóvenes".