La lactancia materna influye en los virus asociados a bacterias intestinales del bebé en su primer año, según un estudio

La lactancia materna influye en los virus asociados a las bacterias intestinales del bebé durante su primer año de vida
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Publicado: miércoles, 14 octubre 2026 11:31

VALÈNCIA 14 Oct. (EUROPA PRESS) -

La lactancia materna influye en la composición y evolución de los virus que interactúan con las bacterias intestinales del bebé durante su primer año de vida, según se desprende de un estudio del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV) y del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), ambos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El trabajo analiza cómo se modula el fageoma intestinal, el conjunto de virus bacteriófagos o fagos que infectan a las bacterias presentes en el intestino, durante los primeros doce meses, mostrando un cambio desde un conjunto reducido de fagos asociados a la lactancia hasta una mayor diversidad asociada con la alimentación complementaria y el desarrollo intestinal. Las poblaciones virales compartidas entre madres y bebés son compatibles con una contribución materna, aunque hacen falta más estudios para corroborarlo.

El estudio, publicado en la revista 'Cell Reports Medicine', aporta una perspectiva novedosa al analizar de forma conjunta y a lo largo del tiempo la relación entre la alimentación y distintos reservorios microbianos maternos, incluida la leche humana, en la configuración del fageoma infantil.

Para estudiar cómo se establece y madura durante la infancia, el equipo analizó muestras de la cohorte MAMI, un grupo de madres y sus hijos e hijas en la Comunitat Valenciana a quienes se realiza un seguimiento desde el nacimiento hasta los seis años para estudiar cómo se forma y evoluciona la microbiota intestinal infantil. Se estudiaron muestras fecales de los bebés a los siete días, al mes, a los seis meses y a los doce meses, así como muestras fecales y de leche de las madres.

UN ECOSISTEMA VIRAL QUE CAMBIA DURANTE EL PRIMER AÑO

A partir de análisis metagenómicos, los investigadores identificaron 6.248 poblaciones virales no redundantes (vOTUs). A pesar de esta elevada diversidad, el fageoma infantil presenta inicialmente una estructura sencilla en el que menos del 3% de estas poblaciones detectadas concentran alrededor de la mitad de la abundancia viral.

Entre las poblaciones más persistentes destacan los fagos asociados a Bifidobacterium, un género bacteriano característico de las primeras etapas de la colonización intestinal. Algunos de los fagos identificados infectan especies como Bifidobacterium bifidum, Bifidobacterium longum subsp. infantis y Bifidobacterium breve.

La diversidad aumenta progresivamente durante el primer año. El número medio de poblaciones virales detectadas por muestra pasa de unas 56 durante la primera semana a unas 160 a los 12 meses. Paralelamente, cambian los grupos bacterianos con los que se asocian los fagos.

El investigador del IBV-CSIC y uno de los autores del estudio, Alberto Marina, ha explicado al respecto que "comprender cómo la alimentación influye en la evolución del fageoma nos permite conocer mejor las relaciones que se establecen entre los virus y sus bacterias hospedadoras intestinales durante una etapa clave del desarrollo". "Los bacteriófagos forman parte del ecosistema intestinal desde los primeros días de vida y cambian a medida que también cambia la microbiota", ha apuntado.

LECHE MATERNA, MICROBIOMA Y FAGEOMA

Los resultados señalan que la alimentación se asocia de forma más consistente con la composición del fageoma que otros factores, como el tipo de parto o la exposición a antibióticos. Los bebés que reciben leche humana presentan una mayor presencia de fagos asociados a Bifidobacterium, mientras que con el destete y la introducción de la alimentación complementaria aumenta la diversidad del fageoma y aparecen en mayor proporción fagos asociados a bacterias características de etapas posteriores de la maduración intestinal, como Lachnospiraceae y Ruminococcaceae.

Aunque a los doce meses la riqueza viral tiende a converger entre los grupos de alimentación, persisten diferencias en la composición de sus comunidades de fagos. En ese sentido, la investigadora del laboratorio Mainbiotics del IATA-CSIC y coautora del trabajo, Mari Carmen Collado, ha apuntado que los resultados muestran que la leche humana "puede estar relacionada no solo con la composición de la microbiota intestinal, sino también con los fagos que interactúan con esas bacterias".

Así, ha indicado que la leche humana "contiene su propio repertorio de bacteriófagos y otros componentes biológicamente activos", por lo que "estudiar su relación con el ecosistema intestinal del bebé abre nuevas preguntas sobre el desarrollo temprano del microbioma".

LA MADRE, RESERVORIO DE FAGOS

El equipo analizó también el grado de coincidencia entre las poblaciones de fagos presentes en las heces maternas, la leche humana y las muestras de los bebés. Los resultados muestran un solapamiento selectivo entre los reservorios maternos y el fageoma infantil, que aumenta a lo largo del primer año de vida.

"Encontramos poblaciones virales compartidas entre madre y bebé, y observamos que este solapamiento cambia a medida que avanza el desarrollo. Los resultados son compatibles con una contribución materna, pero necesitamos más estudios para determinar qué fagos pueden transmitirse y qué función desempeñan en este proceso", señala Elena Cabello Yeves, investigadora del IBV-CSIC y primera autora del estudio.

La investigación amplía así el conocimiento sobre el desarrollo del microbioma infantil al incorporar el papel de los bacteriófagos y sus interacciones con las comunidades bacterianas. "Estos virus pueden modificar las poblaciones bacterianas e intervenir en el intercambio de material genético entre ellas, por lo que estudiar su evolución puede ayudar a comprender mejor la organización del ecosistema intestinal durante los primeros años de vida", concluye el equipo de trabajo, donde colaboran miembros de la Conexión Resistencia Antimicrobianos del CSIC; el CIBER de Enfermedades Raras (CIBERER) y el de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP); la Universidad de Warwick y la Universidad de Leicester (Reino Unido).

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