Archivo - Un padre jugando con sus hijos. - STUDIO4/ISTOCK - Archivo
MADRID, 22 Jul. (EDIZIONES) -
Correr, trepar, escuchar un cuento antes de dormir o mantener una conversación durante la cena son gestos cotidianos que pueden tener un impacto mucho mayor del que imaginamos. Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una etapa de extraordinaria plasticidad en la que millones de conexiones neuronales se crean y fortalecen a partir de las experiencias diarias.
Sin embargo, en una sociedad cada vez más sedentaria y rodeada de pantallas, los especialistas recuerdan que el desarrollo cerebral infantil depende, sobre todo, del juego, de la interacción humana, y de la atención compartida.
Con motivo del Día Mundial del Cerebro, entrevistamos en Europa Press Salud Infosalus a la neuropediatra de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) Lorena Monge, quien repasa las principales claves para cuidar del cerebro de los más pequeños y explica por qué dedicar unos minutos al día a jugar, a hablar, o a leer con ellos puede dejar una huella que perdure toda la vida.
"Pequeños ajustes en el día a día con más juego al aire libre, más palabras, y más atención compartida tienen un impacto significativo en el desarrollo cognitivo, emocional y social", valora.
LA IMPORTANCIA DEL JUEGO AL AIRE LIBRE
Así, señala esta experta del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza que el juego al aire libre es uno de los mayores estímulos para el cerebro en desarrollo ya que, tal y como explica, cuando un niño corre, trepa, explora, o se inventa historias, activa áreas implicadas en la atención, en la planificación, en la regulación emocional, y en el lenguaje.
"La variabilidad del entorno natural obliga al cerebro a adaptarse, a anticipar, y a resolver pequeños retos, lo que fortalece las funciones ejecutivas. Estar fuera también reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, y favorece el sueño", subraya.
Es más, sostiene la doctora Monge que la luz natural regula los ritmos biológicos, y el contacto con otros niños fortalece habilidades sociales esenciales: turnos, negociación, empatía y resolución de conflictos.
"Los juegos que más benefician al cerebro son los que permiten moverse, explorar, imaginar, y relacionarse: juegos motores (correr, saltar, trepar); juegos simbólicos (construir, inventar historias); juegos de reglas sencillas; y juegos sociales que requieren turnos y comunicación. Todo ello favorece la creatividad, el lenguaje, la atención sostenida, y la capacidad de resolver problemas", mantiene esta experta.
HABLAR Y LEERLES CUENTOS, MÁS IMPORTANTE DE LO PENSADO
Por otro lado, le preguntamos a esta neuropediatra sobre la importancia de hablar a los niños, así como de leerles cuentos, y señala que se trata igualmente de "experiencias que construyen el cerebro", una serie de interacciones activan las redes implicadas en el lenguaje, en la atención, en la memoria, y en la regulación emocional. "Cuando un adulto pone palabras a lo que el niño ve, siente, o hace, el cerebro aprende a organizar la información, a anticipar, a recordar, y a comunicarse", remarca,
Pero es que, además, insiste en que actualmente la evidencia científica es muy consistente en este sentido de manera que los niños que crecen en entornos ricos en lenguaje con conversaciones, cuentos, y narración de rutinas desarrollan mejor vocabulario, comprensión, habilidades sociales, y funciones ejecutivas. "No se trata de grandes discursos, sino de dedicar cada día un pequeño espacio a interactuar y a hablar con ellos. Esa constancia, incluso en tiempos muy breves, deja huella a largo plazo en el desarrollo cognitivo y emocional", defiende Monge.
¿CUIDAR A LOS NIÑOS MIENTRAS SE MIRA EL MÓVIL?
Pero sin duda, uno de los puntos sobre los que más atención se debe poner en este escenario es el ejemplo que los padres que miran el móvil dan a sus hijos mientras están con ellos, ya que, en no pocas ocasiones, se trata de una situación en la que los cuidadores no les muestran a los pequeños la atención que estos merecen.
Es aquí donde esta portavoz de la SENEP insiste en que los niños aprenden observando a los adultos, siendo especialmente sensible el cerebro infantil a la calidad de la interacción: "Necesita atención compartida, turnos, miradas, y palabras. Cuando un cuidador está físicamente presente pero con la atención en el móvil, esas señales llegan de forma irregular, y el niño recibe menos oportunidades para desarrollar lenguaje, regulación emocional, y funciones ejecutivas. Además, la atención interrumpida dificulta responder a tiempo a las señales del niño, lo que puede afectar al vínculo y a la capacidad de autorregulación".
Por eso, insiste esta doctora en que "el ejemplo importa", y si los adultos pasan mucho tiempo pendientes de la pantalla, los niños tienden a imitar ese patrón y a reducir el juego, la exploración y la comunicación. "No se trata de demonizar la tecnología, sino de hacer un uso racional y adecuado, y de recordar que la presencia atenta del adulto, aunque sea en momentos breves, es un elemento clave para el desarrollo cerebral", añade.
ESPECIAL PRECAUCIÓN EN EL USO DE PANTALLAS Y NIÑOS
Además, desde la SENEP se desaconseja el empleo de pantallas en los niños pequeños ya que, según recuerda esta neuropediatra, durante los primeros años de vida, el cerebro crece a una velocidad única: "Se forman millones de conexiones nuevas cada segundo, así como las redes que sostienen el lenguaje, la atención, la regulación emocional, y las funciones ejecutivas dependen de la interacción con los adultos. Los bebés necesitan miradas, turnos, gestos, y palabras para aprender a interpretar el mundo y organizar la información. Por eso esta etapa es especialmente sensible. El cerebro se construye a partir de la experiencia directa y de la respuesta del cuidador".
Cuando las pantallas sustituyen esa interacción, tal y como advierte, algunas habilidades pueden verse afectadas, de manera que el niño recibe menos oportunidades para desarrollar lenguaje, atención compartida, regulación emocional, y capacidad de autorregulación. "También puede disminuir el juego, la exploración y la iniciativa social. No se trata sólo del contenido de la pantalla, sino de lo que se pierde mientras está atento a ella: la presencia del adulto que responde, nombra, acompaña y guía. Por eso la SENEP insiste en evitar la exposición en bebés y en adaptar el uso a la edad, priorizando siempre la interacción humana", remarca.
Con todo ello, esta portavoz de la SENEP apunta las siguientes tres recomendaciones sencillas a las familias, pero con un "impacto importante", para cuidar el cerebro de sus hijos desde los primeros años de vida, una etapa donde el cerebro se desarrolla a partir de experiencias muy sencillas:
1. Garantizar tiempo de juego y movimiento: Explorar, manipular objetos, y jugar al aire libre favorece la atención, la regulación emocional, y las funciones ejecutivas.
2. Incorporar lenguaje en las rutinas: Hablar con los niños, nombrar lo que ocurre, y leer cuentos cada día ayuda al desarrollo del lenguaje y de la comprensión; son pequeñas oportunidades para que el niño organice la información y aprenda a comunicarse.
3. Cuidar la presencia del adulto: Asegurar momentos de presencia y atención compartida, evitando interrupciones por pantallas, fortalece el vínculo, y la autorregulación.