El ISCIII participa en un estudio que muestra que el deterioro de vínculos y roles sociales aumenta el riesgo de muerte - ISCIII
MADRID 4 Nov. (EUROPA PRESS) -
El Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) ha participado en un estudio internacional que ha mostrado que el deterioro de los vínculos y roles sociales aumenta el riesgo de fallecimiento, independientemente de la existencia de posibles enfermedades crónicas o de la avanzada edad de las personas.
La investigación, recogida en dos artículos científicos publicados, en el primer caso, este año en la revista 'BMC Geriatrics' y, en el segundo, en 2025 en 'Annals of Geriatric Medicine and Research', se ha llevado a cabo sobre personas mayores de Colombia. Entre sus autoras se encuentran las miembros del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del ISCIII, Maria João Forjaz y Carmen Rodríguez-Blázquez.
Ambas han destacado el concepto de "fragilidad social", que no es lo mismo que estar solo o no tener recursos, ya que describe el deterioro progresivo en los recursos, los roles y la participación social de una persona mayor. De este modo, es una forma de vulnerabilidad que existe en paralelo a la fragilidad física y que hasta ahora era casi invisible en territorios de América Latina.
Así, con el liderazgo del integrante de la Escuela Internacional de Doctorado IMIENS de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, Hernán-David García-Botina, se ha desarrollado el estudio partiendo de los datos de la 'Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento' (SABE Colombia, 2015), y en el marco de una estancia predoctoral de la Escuela Internacional de Doctorado del Instituto Mixto IMIENS (UNED-ISCIII), con financiación del ISCIII y colaboración de la Red RICAPPS y el proyecto 'ENCAGES-CM'.
RESULTADO
Con la restricción del análisis a 3.213 adultos mayores de 60 años residentes en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío, que son los que mayor proporción de población envejecida tienen en el país, la investigación ha constatado que las personas clasificadas como socialmente frágiles tuvieron un 18 por ciento más de riesgo de morir durante el seguimiento, incluso después de restar el efecto de la edad, el sexo, las enfermedades crónicas y el nivel socioeconómico.
A juicio de los autores, el hallazgo "significa que la fragilidad social actúa por sus propios mecanismos probablemente a través del aislamiento prolongado, la falta de acceso oportuno a la atención médica y el desgaste acumulado que conlleva vivir sin apoyos reales". Por tanto, "es una entidad diferente a la fragilidad física", han declarado.
Con todo, han puesto de manifiesto que "incorporar una evaluación de fragilidad social de manera rutinaria podría permitir identificar a las personas con mayor riesgo antes de que sea demasiado tarde y diseñar intervenciones que, por una vez, se ocupen también de la dimensión humana del envejecimiento".