Una investigadora y catedrática de la UGR desmonta el llamado síndrome postvacacional: “Volver a la rutina es un proceso de adaptación”, puntualiza. - UGR
GRANADA 16 Sep. (EUROPA PRESS) -
La catedrática de la Universidad de Granada (UGR) y coordinadora de Bienestar y Salud Mental ha "desmontado" el llamado 'síndrome postvacacional' al matizar que, más que un síndrome, este proceso debe entenderse "como un proceso normal de adaptación a una nueva situación".
En este sentido informa la catedrática a través de una nota informativa difundida por la UGR en la que se señala como se suele asociar al denominado 'síndrome postvacacional' al hecho de que el inicio de las clases y la vuelta progresiva de muchas personas a sus rutinas tras las vacaciones de verano, puede generar cansancio, fatiga, dificultad para concentrarse, tristeza, ansiedad o alteraciones del sueño.
Isabel Peralta señala que durante el periodo vacacional suele producirse una bajada de la exigencia laboral, familiar y social, al mismo tiempo que aumentan las actividades de ocio, placenteras y reforzantes. Sin embargo, al volver a la rutina reaparecen la carga mental, el trabajo acumulado y las obligaciones. Ese contraste puede provocar una sensación de desajuste, aunque no todas las personas la viven igual ni con la misma intensidad.
Antes de abordar cómo gestionar esa vuelta, Peralta invita a ponerla en contexto: poder sentir malestar al regresar de las vacaciones implica también haber tenido la posibilidad de disfrutar de un periodo de descanso, algo que no todas las personas tienen. Por eso, propone "tomar conciencia de esa situación privilegiada y, desde ahí, gestionar la situación con estrategias que ayuden a reducir el malestar psicológico".
La experta recomienda afrontar esta transición de forma progresiva. Siempre que sea posible, puede ayudar regresar de vacaciones dos o tres días antes para recuperar poco a poco horarios y hábitos. También aconseja evitar una autoexigencia excesiva durante los primeros días, ya que intentar resolver de golpe todo lo que ha quedado pendiente puede aumentar el malestar y dificultar la adaptación.
LA RUTINA TAMBIÉN PUEDE TENER OCIO
Una de las claves, señala Peralta, es no asociar automáticamente trabajo con malestar y vacaciones con felicidad. La vuelta al día a día no implica renunciar a los momentos agradables. Durante el periodo laboral también es posible mantener espacios de ocio y disfrute, como dar un paseo, leer, ir al cine o quedar con amistades.
La recuperación de hábitos resulta igualmente importante. Cuidar el sueño, la alimentación, la actividad física y la organización diaria ayuda a dar estructura al día a día. Sin embargo, esos hábitos deben vivirse como una herramienta de bienestar y no como una nueva fuente de presión. La rutina, recuerda la especialista, debe ser flexible.
Septiembre suele llegar, además, cargado de nuevos propósitos. Para que esos objetivos ayuden y no se conviertan en una carga, Peralta recomienda que sean realistas y flexibles. El riesgo está en plantearlos desde el "todo o nada": no cumplir una meta al cien por cien no significa haber fracasado, y conseguir solo una parte del objetivo también puede ser positivo.
En este sentido, los hábitos funcionan como una especie de "piloto automático" que ayuda a organizar el día a día y reduce la necesidad de tomar decisiones constantemente. Pero esa organización, insiste, no debe convertirse en una fuente más de autoexigencia, sino en una guía flexible que contribuya a disminuir el malestar emocional.
Como mensaje final para quienes estos días sienten que les cuesta volver a arrancar, la catedrática de la Universidad de Granada invita a validar las emociones y entender este proceso como una adaptación normal. "No pasa nada si hay días en los que nos sentimos más tristes, más cansados o con menos ganas. No hace falta estar siempre al cien por cien, felices y comiéndonos el mundo. Hay días que estamos peor y también tenemos que permitirlo".