Archivo - Enfrentamiento familiar, pelea pareja. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / FIZKES - Archivo
MADRID, 23 Jun. (EDIZIONES) -
Cuando pensamos en cuidar de nuestra salud solemos centrarnos en la alimentación, en el ejercicio o en el descanso. Sin embargo, existe otro factor igual de importante que a menudo pasa desapercibido: la calidad de nuestras relaciones personales. La forma en la que nos vinculamos con nuestra pareja, con nuestra familia, con nuestros amigos, o con nuestros compañeros puede influir de manera decisiva en nuestro bienestar emocional e incluso en nuestra salud física.
Y es que todo empieza en nuestra infancia en muchas ocasiones. Lo que vemos en casa determina en gran medida nuestra concepción sobre las relaciones. Y no sólo nos afecta cómo nos tratan nuestros padres, sino también cómo se tratan entre ellos, al ser el primer modelo de relación que vemos.
"A través de ellos aprendes muchísimas conductas que suelen replicarse en la adultez", mantiene en 'Amar sin ansiedad. Cómo pasar de la inseguridad a la calma en tus relaciones' (Zenith) Emma Iglesias, psicóloga sanitaria especializada en apego, autoestima, trauma, gestión emocional, y relaciones de pareja (@cupidosobrio).
Por eso, durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus nos explica que en algunas relaciones se adoptan roles o patrones disfuncionales aprendidos, que precisamente vienen de experiencias familiares o de heridas emocionales. "Entenderlo es el primer paso para destruirlos, asumir roles nuevos, y tener una relación y unas dinámicas más sanas", subraya esta experta.
Además, hace hincapié en que si durante nuestro desarrollo no hemos tenido referentes de parejas sanas y saludables, es decir, si lo que yo he visto han sido parejas que se gritaban, o que incluso se pegaban, que estaban constantemente discutiendo, que no se hablaban durante días y luego volvían a hablarse como si nada, y donde se invalidaban emocionalmente etc, los hijos crecerán pensando que esto es lo normal, que no hay nada mejor, y que sólo pueden aspirar a esto porque no existe otro tipo de relaciones.
NUESTROS PADRES, LA PRIMERA REFERENCIA PARA LAS RELACIONES
Y esto también se puede aplicar a la vida adulta porque nuestros traumas o falta de apego pueden marcar nuestras relaciones adultas, no sólo amorosas. En el libro apunta que los primeros años de nuestra vida son "sumamente importantes" en este sentido porque es cuando nuestro cerebro empieza a moldearse y se conforman los esquemas mentales y cognitivos de nosotros mismos y de lo que nos rodea.
Por ejemplo, indica que, a veces, estos esquemas cognitivos que vamos a desarrollar pueden ser de que no somos merecedores de amor, o sólo a veces, y en esto influye ese apego que se ha forjado en nosotros en nuestra primera infancia.
"En nuestra primera infancia las relaciones con nuestros padres van formando nuestro cerebro, nuestro sistema nervioso forja la forma en la que percibimos las cosas, entonces en función de la relación de nuestros padres, del sentimiento de seguridad que nos aporten, esto nos repercute no solo a nivel de pareja, sino también a nivel social
Habla de que si por ejemplo con nuestros padres cuando éramos pequeños la relación era fría y nuestra casa no era un lugar seguro donde explicar nuestros sentimientos, no eran un refugio al que acudir, los menores deben aprender todo solos y ya de adultos, si esto no se sana, repercutirá en todas las relaciones que se tengan, no sólo de pareja, sino también sociales o laborales, por ejemplo.
"Y el hecho de no poder expresarnos y de tener que cargar todo sólo hace que no tengamos canal de salida y esa mochila se va haciendo más grande y pasa factura a nivel corporal porque éste si al final no lo sacamos acaba somatizando a través de diferente sintomatología en el cuerpo", remarca esta psicóloga.
NUESTRO CEREBRO SE VA FORMANDO A PARTIR DE LO QUE VEMOS
De hecho, esta psicóloga sanitaria experta en trauma y apego habla de lo importante que es que nuestros padres nos traten bien, de cómo nos hagan sentir, y de cómo se relacionen entre ellos porque serán la primera referencia de una relación.
"Nuestro cerebro se va formando y aprende lo que ve. Cuando somos pequeños creamos una especie de cajón en nuestro cerebro donde se alojan las distintas relaciones que vamos teniendo. Éste se llena de información y se crea un molde que, a partir de ahí, se va configurando cómo serán nuestras relaciones futuras", resalta.
Es por eso por lo que nuestros padres son la primera relación que vemos y a partir de ahí podemos normalizar, tal y como prosigue Emma Iglesias. "La primera referencia que tengo nos influye mucho en este sentido, es la primera referencia o base por la que interpretamos las relaciones. En consulta se ve mucho, muchas veces pensamos que no hay nada mejor, y nos conformamos con la relación que tenemos porque no creemos que haya una relación con validación emocional, con respeto, donde no se resuelvan conflictos sin gritos, porque no tenemos otra referencia", subraya.
Por eso, insiste en la necesidad de que sus pacientes tengan referentes de parejas sanas y saludables: "Como en el mito de la caverna de Platón, si vivimos encerrados en una nueva desde nuestro nacimiento, y nunca vemos el exterior, para nosotros el exterior no existe: la única realidad es la del interior de la cueva. Lo mismo sucede con las niñas que querían ser futbolistas o astronautas. Antes eran oficios sólo para hombres e imaginarte y visualizarte en un puesto de trabajo siendo mujer era imposible, pero hoy no sucede así".
Es más, sostiene esta psicóloga sanitaria que esto mismo sucede con las relaciones sanas, si no las conocemos, o nuestra referencia es lo que vemos en las series de televisión, "que no ayuda" y donde se fomenta el "amor romántico o tóxico", o determinados programas de televisión donde se ponen a 'prueba' algunas parejas, y se romantiza la infidelidad, me resultará muy difícil imaginar que una relación saludable es posible.