Archivo - Imagen de recurso de la representación de un intestino. - PEPIFOTO/ ISTOCK - Archivo
MADRID 8 Oct. (EUROPA PRESS) -
Un equipo liderado por el Centro de Investigación del Cáncer (CSIC, USAL, FICUS) ha demostrado que, en ratones adultos, las proteínas SOS1 y SOS2 son necesarias para mantener la barrera protectora del intestino y que la ausencia conjunta de ambas provoca un grave daño en el tejido intestinal. Como consecuencia, las bacterias intestinales pasan a la sangre y desencadenan una infección generalizada que resulta letal en este modelo animal.
Según explica el CIC, los estudios previos del grupo de investigación dirigido por Eugenio Santos ya habían mostrado que los ratones adultos a los que se eliminaban SOS1 y SOS2 morían de forma repentina, en menos de dos semanas, pero se desconocía la causa. La nueva investigación identifica el intestino delgado como uno de los tejidos más afectados por la falta de ambas proteínas.
Los ratones desarrollaban una lesión extensa en el epitelio intestinal, la capa de células que recubre el interior del intestino y que funciona como frontera entre su contenido y el resto del cuerpo. Cuando esta frontera se deteriora, las bacterias pueden atravesarla y alcanzar el torrente sanguíneo. "En el modelo que hemos estudiado, la diseminación de bacterias provocó una infección generalizada y un rápido fallo de varios órganos", resalta Rósula García-Navas, investigadora del CIC y del CIBERONC.
"Tras una fase inicial de inflamación, los animales mostraron además una pérdida de linfocitos, un patrón similar al descrito en la sepsis. Además, nuestros resultados muestran que SOS1 y SOS2 son necesarias para preservar la integridad del intestino. Cuando faltan las dos proteínas, la barrera intestinal pierde su capacidad de contener las bacterias y el organismo desarrolla una infección grave", explica Andrea Olarte-San Juan, primera autora del estudio publicado en 'Cell Death & Disease'.
Los ratones empleados en el estudio presentaban menos células madre intestinales y una menor capacidad para renovar y reparar los tejidos. Esta alteración se acompañó de una desorganización de la estructura intestinal y de un aumento de su permeabilidad. El intestino perdió parte de su capacidad para repararse y para mantener cerrada la barrera que normalmente impide el paso de bacterias a la sangre.
Los experimentos indican que la rotura de la barrera es la causa y no la consecuencia de la infección. El tratamiento con un antibiótico redujo la carga bacteriana y alargó la vida de los ratones, pero no recuperó la barrera ni evitó su muerte. Tampoco funcionaron otras estrategias probadas, como los suplementos de glucosa, una dieta rica en grasa o el antioxidante N-acetilcisteína; estas dos últimas, de hecho, aceleraron la muerte.
REGENERAR EL INTESTINO
Los investigadores destacan que el resultado más prometedor llegó al intentar regenerar el intestino. Seis días después de inducir la eliminación de las proteínas, cuando los ratones ya tenían bacterias en la sangre y habían perdido peso, el equipo administró directamente en el intestino organoides intestinales sanos (pequeñas estructuras cultivadas en el laboratorio que reproducen aspectos del intestino), un gel de soporte para las células o un medio de cultivo con factores que favorecen a las células madre.
Los tres tratamientos prolongaron de forma significativa la supervivencia, recuperaron la proliferación celular, mejoraron la organización del tejido y normalizaron la permeabilidad intestinal. Los autores interpretan que el beneficio procede sobre todo de señales de apoyo que estimulan a las células madre del propio animal, y no de una sustitución completa del epitelio; de hecho, la mortalidad no se evitó por completo.
"El hallazgo indica que la capacidad de regeneración del intestino puede ser determinante cuando se altera esta vía molecular. Hemos comprobado que reforzarla mejora la supervivencia en ratones, aunque todavía es necesario investigar si estos mecanismos también operan de la misma forma en personas", señala Olarte-San Juan.
Los autores subrayan que los resultados no constituyen todavía un tratamiento para la sepsis en humanos. La sepsis es una respuesta extrema del organismo a una infección. Puede producir daño en órganos vitales y representa una de las principales causas de mortalidad en pacientes críticos. El estudio ofrece un modelo para investigar cómo el deterioro de la barrera intestinal puede contribuir a este problema y cómo podría protegerse su capacidad de regeneración.
RELEVANCIA PARA LA INVESTIGACIÓN EN CÁNCER
Según los autores, la vía de RAS desempeña un papel central en muchos cánceres. Por ello, existen tratamientos que buscan bloquear distintos componentes de esta ruta molecular. Algunos de estos fármacos pueden provocar efectos adversos gastrointestinales.
Los investigadores proponen que el daño intestinal descrito puede servir de marco para entender qué consecuencias tiene sobre el epitelio del intestino la supresión de esta vía. Conviene precisar que los ratones a los que les faltaba solo una de las dos proteínas sobrevivieron; el efecto letal apareció únicamente al eliminar ambas. El estudio no analiza fármacos ni pacientes, pero aporta una base experimental para investigar esta toxicidad.
En el estudio han participado investigadores vinculados al CIBER en cáncer del Centro de Investigación del Cáncer y de la Universidad de Santiago de Compostela, además han participado investigadores del CIMUS, y del Instituto de Neurociencias de Castilla y León, INCYL.