Ictus y fibrilación auricular: el control temprano del ritmo cardíaco se vincula con menos recurrencias

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Publicado: jueves, 22 octubre 2026 8:17

   MADRID, 22 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Para las personas hospitalizadas con accidente cerebrovascular isquémico y fibrilación auricular (FA), restablecer el ritmo cardíaco normal dentro de las ocho semanas posteriores al accidente cerebrovascular se asocia con un menor riesgo de sufrir otro, según un nuevo estudio de expertos de la Universidad de Kioto (Japón), publicado en 'Neurology', la revista médica oficial de la Academia Estadounidense de Neurología.

   El accidente cerebrovascular isquémico, el tipo más común de accidente cerebrovascular, ocurre cuando se bloquea el flujo sanguíneo a una parte del cerebro. El estudio no prueba que el control temprano del ritmo cardíaco prevenga un segundo accidente cerebrovascular, solo muestra una asociación.

¿QUÉ ES LA FIBRILACIÓN AURICULAR?

   La fibrilación auricular es un ritmo cardíaco irregular y a menudo muy rápido. El control temprano del ritmo cardíaco restablece el ritmo normal, ya sea con medicamentos, cardioversión eléctrica (una descarga eléctrica rápida) o ablación por catéter (que utiliza calor, frío o electricidad para crear una cicatriz que bloquee los impulsos eléctricos anormales).

   "En casos de fibrilación auricular aislada, restablecer el ritmo cardíaco normal de forma temprana reduce el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares posteriormente", enuncia el doctor Yuichi Imanaka, de la Universidad de Kioto, autor del estudio.

   Sin embargo, se sabe menos sobre la combinación de accidente cerebrovascular isquémico y fibrilación auricular. "Nuestro estudio demuestra que, cuando una persona padece tanto accidente cerebrovascular como fibrilación auricular, el control temprano del ritmo cardíaco se asocia con un menor riesgo de sufrir un segundo accidente cerebrovascular", afirma.

   Para el estudio, los investigadores identificaron a 14.355 personas con una edad promedio de 83 años que fueron ingresadas en un hospital con accidente cerebrovascular isquémico y fibrilación auricular. De los participantes, el 2%, es decir, 268 personas, recibieron control temprano del ritmo cardíaco: 206 recibieron medicamentos; 68 se sometieron a ablación por catéter; y 32 a cardioversión eléctrica. Algunas personas recibieron más de uno de estos tratamientos.

   A continuación, los investigadores analizaron cuántas personas fueron hospitalizadas de nuevo por un segundo accidente cerebrovascular isquémico o una embolia sistémica, un coágulo de sangre que se produce en otra parte del cuerpo.

   Durante un período de seguimiento de más de 23.583 personas-año, 1.257 personas sufrieron otro accidente cerebrovascular o un coágulo sanguíneo. De este grupo, 13 recibieron control temprano del ritmo cardíaco y 1.244 no. Las personas-año representan tanto el número de participantes en el estudio como el tiempo que cada persona permaneció en él.

   Los investigadores utilizaron un método para ajustar las diferencias entre los grupos en función de factores como otras afecciones médicas, la fragilidad y la gravedad del accidente cerebrovascular.

   Durante un período de cinco años, los investigadores determinaron que las personas que recibieron un control temprano del ritmo cardíaco tenían un riesgo del 8% de sufrir un segundo accidente cerebrovascular o un coágulo de sangre, en comparación con un riesgo del 14% para las personas que no recibieron dicho tratamiento.

EL CONTROL DEL RITMO CARDÍACO PODRÍA EVITAR EL TRATAMIENTO

   Los investigadores descubrieron que el control temprano del ritmo cardíaco se asociaba con un riesgo un 44% menor de sufrir un accidente cerebrovascular y un coágulo de sangre. También descubrieron que el control temprano del ritmo cardíaco se asociaba con un riesgo de muerte un 28% menor por todas las causas posibles.

   A las personas que sufren un ictus isquémico se les recetan anticoagulantes, medicamentos que impiden que la sangre se coagule fácilmente, para prevenir un segundo ictus. "Nuestro estudio sugiere que el control temprano del ritmo cardíaco podría ser otra estrategia de prevención, con un momento de inicio flexible, dentro de las ocho semanas posteriores al ictus", explica Imanaka.

   Una limitación del estudio fue el reducido número de participantes que recibieron control temprano del ritmo cardíaco. Imanaka reconoce que se necesitan estudios futuros con grupos más grandes de personas para confirmar los hallazgos.

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