Archivo - Revisión oftalmólogo. - KADMY/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 27 Ene. (EUROPA PRESS) -
El oftalmólogo Fernando Llovet, cofundador de Baviera, ha advertido que la hipermetropía es un problema visual que puede pasar desapercibido durante años por la capacidad de acomodación del ojo para compensarlo, pero este sobreesfuerzo ocasiona fatiga visual y dolores de cabeza que pueden evitarse con una detección precoz y la solución adecuada.
La hipermetropía es un defecto refractivo que dificulta la visión de los objetos cercanos, aunque la visión a distancia suele mantenerse nítida. Se produce cuando el globo ocular es más corto de lo normal o la córnea tiene poca curvatura, y puede aparecer desde la infancia o detectarse en la edad adulta ante síntomas como visión borrosa, fatiga visual o dolores de cabeza.
El especialista ha destacado que todas las personas nacen hipermétropes, con unas cuatro dioptrías, pero a medida que el ojo se desarrolla, lo normal es que esta graduación disminuya y, entre los seis y ocho años, desaparezca. Sin embargo, en algunos niños persiste, pero la capacidad de enfoque que tiene el ojo en la infancia limita los síntomas, lo que se conoce como hipermetropía latente.
Por este motivo, Llovet ha aconsejado que los niños y adolescentes acudan a revisiones oftalmológicas que incluyan cicloplejia, es decir, la paralización temporal de la acomodación ocular mediante el uso de colirios, para poder medir con precisión la graduación real del ojo. Estas pruebas, aunque pueden provocar alguna ligera molestia, no son dolorosas y están diseñadas para ser sencillas, seguras y adaptadas a cada edad.
Según avanzan los años, la capacidad de acomodación del ojo disminuye, con lo que es habitual que aparezcan o se intensifiquen síntomas de fatiga visual, dolores de cabeza o dificultad para leer y enfocar. Esto es lo que se denomina hipermetropía manifiesta.
LA EDAD MEDIA DEL DIAGNÓSTICO ES DE 27 AÑOS
El Estudio de la Visión en España de Baviera recoge que un 17 por ciento de la población mayor de 18 años tiene hipermetropía, mientras que la edad media de detección se sitúa en los 27 años.
Los principales desafíos para las personas con hipermetropía se encuentran en actividades cotidianas, como leer libros o revistas, una limitación que expresan el 53 por ciento de encuestados. Además, un 32 por ciento indica que su visión dificulta el trabajo o el estudio, casi un tercio (31%) reconoce molestias al usar dispositivos electrónicos, y un 25 por ciento, al conducir.
Asimismo, los momentos de ocio, como ir al cine, ver la televisión o salir, resultan problemáticos para un 19 por ciento, mientras que actividades al aire libre, como la playa o la piscina, incomodan al 14 por ciento. Solo un cuatro por ciento asegura no experimentar limitaciones en su día a día.
FORMA DE DETECCIÓN Y TRATAMIENTO
La hipermetropía se diagnostica mediante un examen oftalmológico completo que incluya cicloplejia. En esta evaluación se determina el grado de hipermetropía del paciente, expresado en dioptrías, así como la posible presencia de otros defectos visuales asociados, como el astigmatismo o, en los mayores de 40 años, la presbicia.
A este respecto, Llovet ha precisado que las personas con hipermetropía suelen manifestar presbicia antes o de forma más acusada, ya que el ojo tiene mayores dificultades para enfocar los objetos cercanos, condición que se va agudizando con el envejecimiento del cristalino.
En cuanto al tratamiento, suele consistir en la utilización de gafas o lentes de contacto con la graduación adecuada. Además, puede emplearse cirugía refractiva para corregir el defecto visual, bien a través de láser o con el implante de una lente intraocular; una opción u otra dependerá de la edad, graduación, características del ojo y otras particularidades del paciente.
En el caso del láser, que suele ser la opción más frecuente, se modifica la curvatura de la córnea para mejorar el enfoque visual, mientras que en la cirugía con lente intraocular se sustituye o complementa el cristalino con una lente que corrige el defecto refractivo. Estas técnicas, que se realizan desde hace más de tres décadas, han demostrado ser seguras, eficaces y altamente predecibles, permitiendo corregir en una misma intervención otros problemas visuales asociados.