Por qué hay personas que huelen peor que otras

Archivo - Hombre que huele mal rodeado de personas dentro de un ascensor
Archivo - Hombre que huele mal rodeado de personas dentro de un ascensor- DIANE39/ ISTOCK - Archivo
Infosalus
Actualizado: martes, 24 marzo 2026 8:51

   MADRID, 24 Mar. (EDIZIONES) -

   Cada cuerpo tiene un olor o huella aromática, que nos acompaña a todas partes. No hay nadie que huela igual que otro. Cada uno tenemos nuestro propio perfume corporal que, además, puede cambiar en el momento en el que tenemos una enfermedad.

   Según nos explica durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus la doctora en Biología y una de las principales expertas y referentes en la investigación del olfato en España Laura López-Mascaraque, constantemente desprendemos una corriente de moléculas invisibles a través de la piel, del sudor, o del aliento, o incluso a través de nuestras lágrimas. "Todas ellas unas partículas minúsculas que se mezclan con el aire y que dejan un rastro químico, imperceptible muchas veces, pero una forma de comunicación. Es lo que se conoce como 'volatiloma humano'", precisa.

   Y es que además este volatiloma humano se adhiere a nuestra ropa, impregna los espacios que habitamos, y acompaña a nuestra presencia como una firma aromática que otros pueden reconocer, e incluso rechazar o recordar. "Y aunque intentemos neutralizarlo con duchas, jabones, perfumes, y desodorantes siempre queda un resto, un fondo que ninguna fragancia consigue borrar", asevera esta experta y profesora de investigación en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) y presidenta de Red Olfativa Española.

SOMOS UN "MICROCOSMOS AROMÁTICO"

   De hecho, destaca que cada persona es "un microcosmos aromático" y nuestro olor surge de la combinación de factores biológicos (genética, las glándulas, la dieta, y la microbiota), y factores culturales y emocionales que lo matizan, tal y como comenta con motivo de la publicación de 'El fascinante universo del olfato' (geoPlanetaCIENCIA), donde aborda todos estos asuntos.

   En el caso de la dieta, por ejemplo, subraya que el ajo, la cebolla, o las especias como el curri, impregnan el sudor y el aliento durante horas; mientras que una dieta rica en frutas y en verduras genera aromas más suaves y frescos en una persona.

   Sobre las emociones, apunta que modifican el olor, y precisa que la ansiedad produce notas más ácidas; mientras que el miedo acentúa el olor corporal; a la vez que la tranquilidad lo suaviza. "Incluso medicamentos, las hormonas y otras enfermedades intervienen en este equilibrio, alterando la composición del sudor, del sebo, o del aliento", apunta López-Mascaraque.

EL EFECTO DE NUESTRA HUELLA OLFATIVA

   Pero es que, resalta esta experta del CSIC, que este olor propio influye en la atracción de otras personas, en la elección de pareja, en el vínculo entre la madre y el hijo, en la confianza entre amigos, o en la empatía hacia desconocidos, por poner algunos ejemplos.

   "Nuestro olor es el resultado de una orquesta invisible donde intervienen glándulas, bacterias, genes, emociones y entorno. Cada ser humano porta una huella aromática única que cambia con la edad, con el clima, con la dieta, o con el momento del día. Es firma química puede también inspirar confianza o rechazo, deseo o incomodidad, ternura o distancia", mantiene.

NUESTRO OLOR CORPORAL CAMBIA CON LA ENFERMEDAD

   Pero, además, esta referente en el estudio del olfato señala que ciertas enfermedades modifican la proporción de moléculas que el cuerpo libera, generando una 'firma olfativa patológica'. Señala un "ejemplo clásico", el de la diabetes mellitus, cuyo olor dice que es dulce y afrutado, descrito ya desde el siglo XIX, y que se debe a la presencia de acetona y de otras cetonas volátiles en el ailento y en el sudor, producto del metabolismo alterado de la glucosa.

   Mientras, en el caso de la insuficiencia hepática nuestro cuerpo, según prosigue, emite un olor a pescado crudo o a tierra húmeda, originado por compuestos sulfurados como el dimetil disulfuro, y el metil mercaptano. "En la insuficiencia renal el aliento adquiere notas amoniacales por la acumulación de urea y de amoníaco, mientras que en infecciones bacterianas específicas se detectan moléculas producidas por los propios microorganismos, como los ácidos isocaproico e isovalérico en infecciones por 'stahphylococcus aureus'", agrega esta investigadora y divulgadora.

   En la enfermedad de Parkinson se ha identificado un perfil característico de compuestos volátiles, especialmente ciertos aldehídos grasos y ácidos carboxílicos, según asegura, poniendo el ejemplo de una enfermera jubilada en Escocia que al acudir a una reunión de familias con afectados por Parkinson preguntó por qué el Parkinson olía. "Muchos años antes de la enfermedad diagnosticada cambia el olor de la persona, pudiendo convertirse esto en un síntoma motor", asegura.

   Recuerda, en último lugar, que los perros entrenados actualmente son capaces de detectar gracias a su olfato el COVID-19 en una persona, pero también la diabetes, el cáncer de próstata o de pulmón. "Se está intentando investigar si el volatiloma puede convertirse en un marcador de enfermedad", concluye Laura López-Mascaraque.

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