¿Qué hay detrás del ojo rojo en primavera?

Revisión de la vista
INSTITUTO DE MICROCIRUGÍA OCULAR
Publicado 19/04/2018 15:09:46CET

MADRID, 19 Abr. (EUROPA PRESS) -

El ojo rojo es uno de los principales signos que deben motivar la
visita a las urgencias oftalmológicas ya que, como explica la doctora Miriam Barbany, especialista del Departamento de Córnea, Catarata y Cirugía Refractiva de IMO, puede deberse a múltiples causas y es importante determinar si esconde un problema leve o un proceso de mayor gravedad que pueda complicarse.

Por ello, según la doctora, es importante confirmar el diagnóstico con el oftalmólogo para poder tomar las medidas oportunas e iniciar el tratamiento más efectivo cuanto antes, sin esperar necesariamente a que vaya acompañado de otros síntomas, como dolor o pérdida de visión.

Algunas de las patologías severas que originan un ojo rojo son las úlceras corneales, el glaucoma agudo, la uveítis, el rechazo de un trasplante de córnea o la endoftalmitis (infección que afecta a
todo el globo ocular). Sin embargo, según la doctora Barbany, "tampoco hay que banalizar y dejar de prestar atención a causas más comunes y que pueden ser especialmente frecuentes en primavera".

CONJUNTIVITIS

La conjuntivitis es una de las enfermedades oculares típicamente asociada al ojo rojo, pudiendo estar provocada por la infección de bacterias o virus (especialmente contagiosa), así como por la reacción
alérgica frente a determinados alérgenos. En el caso de la conjuntivitis alérgica, que afecta a entre un 5 y un 10 por ciento de la población, las consultas se disparan en esta época del año, debido a la polinización de muchas plantas de nuestro entorno.

Además de enrojecimiento ocular, los pacientes refieren picor (sobre todo en la conjuntivitis alérgica), lagrimeo, sensación de 'arenilla' en el ojo, hinchazón de los párpados y secreciones. A pesar de que la evolución suele ser benigna, si no se trata adecuadamente puede desembocar en dolor, imposibilidad de abrir los ojos o fotofobia.

La doctora Barbany destaca que también hay que tener en cuenta que existen formas más graves de alergia ocular como la queratoconjuntivitis, que puede lesionar la córnea y afectar a la visión y, si es de tipo vernal, afectar principalmente a los niños en primavera-otoño.

LENTES DE CONTACTO

Otra causa frecuente de conjuntivitis y queratoconjuntivitis es el uso prolongado de lentes de contacto. Sobre todo de cara al buen tiempo, la especialista del IMO advierte a los usuarios de lentillas (más de 2,5 millones de personas en España) que deben ser conscientes del peligro que comporta bañarse o practicar deportes acuáticos con ellas; un riesgo que muchas personas desconocen y que "puede ocasionar infecciones oculares graves".

La razón es que en el agua de piscinas, mares, ríos etc. se encuentran microorganismos 'invisibles' como la Acanthamoeba, una ameba que puede producir un tipo de queratitis muy severa que, en más de un 85 por ciento de los casos, se da en portadores de lentes de contacto (que están más expuestos).

"Es fundamental realizar un diagnóstico rápido e iniciar pronto el tratamiento, ya que la evolución agresiva de esta inflamación de la córnea puede provocar úlceras corneales y dejar secuelas permanentes en la visión, pudiendo llegar incluso a la ceguera", afirma la doctora.

TRAUMATISMOS

Además de los problemas infecciosos-inflamatorios, los traumatismos oculares también son un destacado grupo dentro de las causas de ojo rojo. En este sentido, Barbany recuerda que no solo hay que pensar en los más evidentes, como contusiones o perforaciones, sino también en lesiones como las provocadas por la introducción de pequeños cuerpos extraños arrastrados por el viento.

Finalmente, la especialista reivindica la importancia de proteger los ojos de una exposición prolongada y directa a la radiación solar, ya que puede provocar enrojecimiento ocular y, en ocasiones, quemaduras en la córnea (fotoqueratitis). Esto genera molestias intensas para el paciente (dolor, fotofobia, lagrimeo...), que suelen desaparecer al cabo de unos días, aunque los daños del sol son acumulativos a lo largo de los años en nuestros ojos y cuerpo.