¿Por qué hacer nuevos amigos puede ser más difícil para algunos adolescentes con autismo?

Archivo - Niño en la consulta del terapeuta.
Archivo - Niño en la consulta del terapeuta. - KATARZYNABIALASIEWICZ/ISTOCK - Archivo
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Publicado: jueves, 16 julio 2026 7:24

   MADRID, 16 Jul. (EUROPA PRESS) -

   A diferencia de los adolescentes neurotípicos, los centros de recompensa en el cerebro de los adolescentes autistas no se vuelven cada vez más sensibles a las voces de extraños a medida que maduran. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio que arroja luz sobre un factor clave: cómo el cerebro de los adolescentes con autismo procesa los sonidos de voces desconocidas.

   Al igual que otros adolescentes, muchos jóvenes con autismo están deseosos de ejercitar sus habilidades sociales. Anhelan hacer nuevos amigos, divertirse con personas que compartan sus intereses, e incluso quizás entablar una relación romántica.

    "La adolescencia es un momento de oportunidades para estos jóvenes", declara Daniel Abrams, doctor en psicología y profesor clínico asociado de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford Medicine (Estados Unidos). "Quieren forjar amistades". Pero desarrollar sus habilidades sociales es un reto para los adolescentes con autismo.

QUÉ DESCUBRIÓ EL ESTUDIO SOBRE LA RESPUESTA DEL CEREBRO A LAS VOCES DESCONOCIDAS

    "Los adolescentes con un desarrollo típico son cada vez más conscientes de su mundo social, y prestar atención a nuevas voces es importante para establecer nuevas conexiones sociales", incide Abrams, quien dirigió esta nueva investigación, así como un estudio de 2022 sobre las respuestas de los adolescentes neurotípicos a las voces.

   "Nuestros resultados indican que la adolescencia es un período en el que, para algunos niños con autismo, sus cerebros no se vuelven cada vez más sensibles a estímulos vocales desconocidos", aporta Abrams. Sus cerebros no mostraron un aumento en la respuesta a voces nuevas como sí lo hicieron los niños neurotípicos.

"Solemos pensar en el autismo en términos de lo que el cerebro hace de manera diferente, pero no lo suficiente en cómo esas diferencias se desarrollan con la edad. La forma en que el cerebro presta atención a la información socialmente relevante se transforma a lo largo de la adolescencia, y en el autismo ese proceso de desarrollo parece seguir un curso diferente", señala el autor principal del estudio, Vinod Menon, doctor en filosofía, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento.

   Investigaciones previas han demostrado que los niños pequeños con autismo son menos sensibles a las voces que otros de su edad. Al llegar a la adolescencia, algunos adolescentes con autismo mantienen la misma sensibilidad a las voces, mientras que aquellos con los síntomas más graves muestran una sensibilidad aún menor que los niños más pequeños.

   Los investigadores, que han publicado el estudio en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', también examinaron cómo responde el cerebro de los adolescentes al sonido de la voz de su madre. En los adolescentes neurotípicos, el sonido de la voz de mamá sigue siendo muy gratificante, pero las voces desconocidas se vuelven cada vez más atractivas a medida que maduran. En cambio, los adolescentes con autismo se vuelven cada vez más sensibles a la voz de su madre, observándose los ejemplos más claros de este patrón en los adolescentes con los síntomas de autismo más severos.

   Las voces de quienes nos rodean son una señal clave en los vínculos emocionales humanos. (Piensa en la oleada de felicidad que sientes al oír la voz de un ser querido tras una larga ausencia, o en el consuelo que te produce escuchar el tono comprensivo de un amigo cuando estás de duelo).

   "Las voces nos proporcionan una serie de señales muy importantes que nos ayudan a sentirnos conectados con las personas que conocemos y amamos", aclara Abrams. "Pero, desde las primeras etapas del desarrollo, los niños con autismo tienen dificultades para conectar con el mundo vocal".

   El autismo es un trastorno del desarrollo que afecta a 1 de cada 31 niños y se caracteriza por dificultades sociales, no solo para interpretar voces, sino también para interpretar expresiones faciales y mantener el contacto visual, además de intereses restringidos, comportamientos repetitivos y alteraciones sensoriales. El trastorno presenta un amplio espectro, y algunas personas se ven mucho más afectadas que otras.

   La falta de respuesta de un niño pequeño al oír su propio nombre puede ser una señal temprana de que tiene autismo. Además, investigaciones previas del equipo de Abrams demostraron que los niños de entre 7 y 12 años con autismo tienen dificultades para captar las emociones en la voz de las personas.

   Sin embargo, nadie había estudiado cómo cambian las respuestas cerebrales a las voces durante la adolescencia en personas con autismo. Comprender cómo se manifiesta el autismo en los adolescentes podría impulsar nuevas oportunidades para terapias adaptadas a esta etapa de la vida, añadió.

   Los investigadores estudiaron a 79 niños y adolescentes de entre 7 y 17 años. El grupo incluyó a 39 participantes con trastorno del espectro autista y 40 participantes con desarrollo típico, emparejados por edad, sexo y coeficiente intelectual con los individuos con autismo.

   Mientras se registraba su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional, los participantes del estudio escucharon tres tipos de grabaciones breves: palabras sin sentido, como 'keebudishawlt', pronunciadas por su madre; las mismas palabras sin sentido pronunciadas por dos mujeres desconocidas; y sonidos ambientales no vocales, como el de un lavavajillas en funcionamiento. (Se utilizaron palabras sin sentido en las grabaciones de voz para evitar activar las partes del cerebro que responden al significado de las palabras). Los investigadores analizaron cómo respondía el cerebro a cada tipo de sonido en jóvenes con y sin autismo, y cómo variaban las respuestas con la edad.

   El estudio aportó varias claves sobre cómo el cerebro adolescente procesa las voces en el autismo. Los investigadores descubrieron que los centros cerebrales "sociales" se activaban de manera diferente según si la persona tenía autismo. En adolescentes con desarrollo típico, los centros de recompensa y las regiones cerebrales centradas en la relevancia (que dirigen la atención) respondían con mayor intensidad a las voces a medida que el adolescente era mayor. En adolescentes con autismo, los centros de recompensa y relevancia no se volvieron más sensibles a las voces, e incluso en algunos individuos mayores, estas regiones cerebrales respondían menos a las voces que en niños más pequeños con autismo.

   La investigación también reveló que los adolescentes con autismo prestaban más atención a la voz de su madre que a las voces desconocidas, lo contrario de lo que hacen los adolescentes neurotípicos.

CÓMO ESTOS HALLAZGOS PUEDEN AYUDAR A DESARROLLAR NUEVAS TERAPIAS PARA ADOLESCENTES CON AUTISMO

   Cuanto más deterioradas estaban sus habilidades sociales, más favorecía su cerebro el sonido de la voz de su madre. "En los niños neurotípicos, encontramos un patrón marcado durante la adolescencia: prestan más atención a las voces desconocidas que a la de su madre", comenta Abrams.

Pero en los niños con autismo, explica el experto, "en lugar de prestar atención a voces desconocidas durante la adolescencia, se fijaban más en la voz de su madre que en edades más tempranas. Creemos que este patrón refleja las dificultades de comunicación social a las que se enfrentan muchos adolescentes con autismo".

   Según Abrams, los hallazgos apuntan a nuevas perspectivas para terapias contra el autismo adaptadas a las características del cerebro adolescente. "Los tratamientos para el autismo suelen centrarse en niños mucho más pequeños, con muchas menos opciones para los adolescentes", desarrolla, agregando que las intervenciones tempranas centradas en niños en edad preescolar siguen siendo de vital importancia, pero que no se debe descuidar a los adolescentes.

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