El hábito que compartimos con los ratones: el gesto que hacen justo antes de comer

Archivo - Ratón albino comiendo
Archivo - Ratón albino comiendo - TIRIPERO/ ISTOCK - Archivo
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Publicado: lunes, 6 julio 2026 8:00

   MADRID, 6 Jul. (EUROPA PRESS) -

    El olfato es uno de los sentidos más complejos del cerebro y todavía guarda numerosos secretos sobre cómo interpretamos lo que nos rodea. Ahora, una investigación aporta una nueva pista sobre el funcionamiento compartido de este mecanismo en los mamíferos.

¿POR QUÉ LOS RATONES HUELEN LA COMIDA ANTES DE COMERLA?

   Una nueva investigación de la Universidad Northwestern (Estados Unidos) ha descubierto que, al igual que los humanos, los ratones también pueden oler deliberadamente su entorno con una sola olfateada, algo que los científicos desconocían hasta ahora.

    En concreto, los expertos publican dos estudios complementarios en 'Science Advances', en los que analizan el olfato desde perspectivas opuestas y descubrieron que roedores y humanos se basan en la misma neurofisiología subyacente (los componentes motores y rítmicos del cerebro) para procesar los olores.

    Si bien el olfateo de un ratón es mucho más breve que el de un humano, el ritmo subyacente del procesamiento olfativo es el mismo, según los hallazgos. Los resultados sugieren que estos sistemas sensoriales son fundamentalmente similares y se han conservado a lo largo de la evolución.

   En conjunto, los hallazgos de ambos laboratorios sugieren algo importante: todos los mamíferos dependen de un sistema olfativo subyacente similar, aunque cada especie le da su propio toque al mismo diseño básico.

    Este trabajo trata de averiguar cómo analizan los ratones y los humanos nuestro entorno para comprenderlo y predecir nuestras próximas acciones.

"La verdadera similitud reside en ese único olfateo, pero no se trata solo de un olfateo. Los ratones incluso mueven las manos mientras olfatean, lo que demuestra que es un acto voluntario: lo hacen a propósito", comenta el autor principal, John M. Barrett, profesor asistente de investigación en neurociencia de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.

QUÉ OCURRE EN EL CEREBRO HUMANO DURANTE UNA ÚNICA INHALACIÓN

   Los cambios de comportamiento relacionados con el olfato están vinculados a afecciones como el autismo y las enfermedades de Alzheimer y Parkinson, por lo que comprender el funcionamiento básico del sistema olfativo podría ayudar a una detección más temprana o a mejores tratamientos, según los autores del estudio.

    "Saber que contamos con este conjunto de mecanismos conservados evolutivamente nos ayuda a comprender cómo funcionan los cerebros de los mamíferos, lo que, en última instancia, podría ayudarnos a entender cómo fallan en las patologías", agrega el primer autor, Andrew Sheriff.

"Nos ayuda a comprender cómo funciona el cerebro para saber cómo repararlo cuando no funciona", afirma.

   Un estudio reveló que los ratones inspeccionan su comida mediante olfateos individuales que se asemejan notablemente a los humanos. Otro estudio halló que los humanos organizan la información olfativa a gran velocidad en un solo olfateo, mediante un procesamiento cerebral olfativo que se asemeja notablemente al de los roedores. En conjunto, estos estudios, independientes pero complementarios, sugieren que existen reglas biológicas fundamentales compartidas que rigen el funcionamiento del sentido del olfato de estos dos mamíferos, y que estas se han conservado a lo largo de la evolución.

    En concreto, el primer artículo partía de una simple observación: cuando los ratones manipulan la comida, ocasionalmente la acercan brevemente a su nariz antes de seguir comiendo. El equipo construyó un sistema robótico de grabación multicámara para seguir a los ratones mientras buscaban alimento y se alimentaban.

    Los ratones sincronizaron un único olfateo con el momento exacto en que la comida llegaba a su nariz, coordinando con precisión sus manos, cabeza y respiración. A diferencia del olfateo constante que utilizan al buscar alimento, este comportamiento es rápido y deliberado, muy parecido a cuando un humano acerca la comida a su nariz para olerla cuidadosamente antes de darle un bocado.

   El estudio reveló que los ratones olfateaban con mayor intensidad al manipular alimentos poco apetitosos, pero no solo la presencia del olor influía en este comportamiento. Cuando los científicos interfirieron con el sentido del olfato de los ratones, estos continuaron olfateando la comida con normalidad. Lo que finalmente detuvo este comportamiento fue la inhibición de la corteza motora, la región del cerebro asociada con el movimiento consciente e intencional. Este es el primer estudio que documenta este comportamiento de olfateo intencional y no reflejo entre roedores en un entorno real.

    El segundo estudio, buscaba responder cómo los humanos pueden lograr la misma precisión perceptiva que los roedores con un solo y lento olfateo. El equipo utilizó un método mínimamente invasivo y de alta precisión, para registrar la actividad olfativa en el cerebro de voluntarios humanos sanos. Cuando los participantes inhalaban intencionalmente una sola vez, se generaban ondas cerebrales de baja frecuencia llamadas oscilaciones theta (2-8 Hz) en el bulbo olfatorio humano, precisamente a las mismas frecuencias a las que olfatean los roedores.

Este ritmo cerebral lento ayuda a organizar las ráfagas de actividad más rápidas que ocurren cuando el cerebro procesa un olor, según el estudio. Esto significa que el cerebro humano puede generar el ritmo theta a partir de una sola inhalación y usarlo de la misma manera que los roedores usan su ciclo de olfateo.

    Así, los autores concluyen: "En roedores, el olfateo y la actividad theta están tan estrechamente ligados que resultan prácticamente indistinguibles. En humanos, la menor frecuencia del olfateo los separa, revelando la oscilación theta como un ritmo distinto e independiente que se activa con una sola inhalación deliberada".

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