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MADRID, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -
El dolor lumbar puede llegar a condicionar actividades tan cotidianas como caminar, trabajar o simplemente permanecer sentado durante horas. Ante estas molestias, las fajas y cinturones lumbares se han convertido en una opción habitual para intentar aliviar el dolor y dar estabilidad a la espalda.
Una nueva revisión de 'Cochrane' realizada por expertos de la Universidad Humanitas de Milán y la Universidad de Milán (Italia) concluye que la evidencia sobre los soportes lumbares para el dolor lumbar crónico es de muy baja calidad, lo que significa que no se pueden hacer recomendaciones contundentes ni a favor ni en contra de su uso.
Los soportes lumbares son fajas o cinturones de soporte para la espalda de bajo costo que estabilizan la zona lumbar. Se recetan y utilizan comúnmente en todo el mundo para el dolor lumbar crónico.
REVISARON OCHO ENSAYOS CONTROLADOS ALEATORIOS
Los investigadores revisaron ocho ensayos controlados aleatorios en los que participaron poco más de 500 adultos de entre 25 y 78 años. Los estudios compararon soportes lumbares y otros dispositivos de asistencia, utilizados solos o junto con tratamientos como analgésicos y ejercicio, con la ausencia de tratamiento o la atención estándar.
En la mayoría de las comparaciones, los soportes lumbares mostraron escaso o nulo beneficio, o efectos muy inciertos, con la posible excepción de una pequeña reducción a corto plazo en la intensidad del dolor cuando se añadieron a analgésicos como el ibuprofeno. Sin embargo, los autores se muestran cautelosos respecto a las conclusiones derivadas de estos ensayos pequeños e imprecisos, y han calificado la calidad general de la evidencia como muy baja.
"Los soportes lumbares se utilizan ampliamente en la práctica clínica a pesar de que prácticamente no sabemos nada sobre su eficacia", plantea la doctora Chiara Arienti, autora principal de la Universidad Humanitas. "Partiendo de una base de investigación muy limitada, todavía no tenemos suficiente evidencia para hacer recomendaciones generales a favor o en contra de su uso", añade.
En los ensayos no se observaron efectos secundarios. Sin embargo, esto podría deberse a la falta de datos o a que estos no se registraron adecuadamente, más que a la ausencia de daño. No obstante, los autores consideran que este hallazgo concuerda con su experiencia clínica.
Un hallazgo interesante fue la distribución geográfica de la investigación. La mayoría de los ensayos identificados se realizaron en países de ingresos bajos y medios, y los investigadores de países de ingresos más altos también parecen tener vínculos con esas regiones.
Los autores sugieren que este patrón podría reflejar una disparidad en el acceso al tratamiento. En los países de mayores ingresos, las guías clínicas favorecen cada vez más las intervenciones activas, como la terapia con ejercicios, la educación y los enfoques biopsicosociales para el dolor lumbar crónico. En entornos donde estos tratamientos son menos accesibles, los dispositivos pasivos, como los soportes lumbares, pueden representar una opción más disponible.
EL PROBLEMA VA MÁS ALLÁ DE LAS FAJAS: QUÉ TRATAMIENTO PUEDE RECIBIR CADA PACIENTE
"Resulta llamativo que la mayor parte de la investigación sobre soportes lumbares provenga de zonas donde el acceso a tratamientos activos es más difícil", matiza el profesor Stefano Negrini, autor principal de la Universidad de Milán. Existen suficientes datos que demuestran que los tratamientos activos tienen un efecto clínico sobre el dolor lumbar, pero estos tratamientos pueden ser muy costosos porque requieren la intervención de profesionales de la rehabilitación.
A esta idea, agrega: "Debemos preguntarnos si estamos analizando este problema únicamente desde la perspectiva del Norte Global, y si esa es la perspectiva correcta. Estos dispositivos pueden desempeñar un papel diferente e importante en contextos donde simplemente no existe una alternativa".
A medida que el envejecimiento de la población modifica el perfil demográfico en muchos países, es probable que aumente la demanda de tratamientos pasivos accesibles y de bajo coste, lo que significa que las lagunas actuales en la evidencia podrían volverse cada vez más importantes.
Los autores instan a que las futuras investigaciones prioricen el estudio de su uso en determinadas poblaciones, en particular en adultos mayores y en aquellos que viven en entornos con recursos limitados, para quienes las alternativas de tratamiento activo pueden no estar fácilmente disponibles.