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MADRID, 16 Ene. (EUROPA PRESS) -
La enfermedad renal crónica es un problema de salud mundial cada vez mayor que afecta a entre el 10 y el 15 por ciento de los adultos en todo el mundo y se proyecta que se convertirá en una de las cinco principales causas de años de vida perdidos para 2040. En ausencia de programas de detección eficaces, los pacientes a menudo reciben un diagnóstico tarde, cuando ya se ha perdido más de la mitad de su función renal.
Los riñones son expertos en trabajar en silencio. Un pequeño cambio en su funcionamiento puede ir acumulando riesgo sin que nadie lo note. Y ahí es donde empieza la verdadera diferencia: quienes saben interpretar esas señales pueden adelantarse y proteger su salud antes de que los problemas se agraven. Abordar esta brecha es lo que han hecho investigadores del Instituto Karolinska en Suecia.
CUANDO “TODO ESTÁ NORMAL” PUEDE SER UNA TRAMPA
Anomalías sutiles en la función renal, incluso dentro del rango considerado normal, pueden ayudar a identificar a las personas con riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica, tal y como demuestra un nuevo estudio del Instituto Karolinska (Suecia), publicado en 'Kidney International'. Con este conocimiento, los investigadores han desarrollado una herramienta web que podría facilitar la detección temprana y, por consiguiente, la prevención primaria.
Los investigadores han construido distribuciones poblacionales para la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe), la medida más utilizada para evaluar la función renal. El objetivo es ayudar a los médicos a identificar a las personas en riesgo, lo que permite una acción preventiva temprana.
"Nos inspiramos en las tablas de crecimiento y peso que se utilizan en pediatría, que intuitivamente ayudan a los médicos a identificar a los niños con riesgo de obesidad o crecimiento insuficiente", comenta el primer autor del estudio, Yuanhang Yang, investigador postdoctoral en el Departamento de Ciencias Clínicas y Educación del Instituto Karolinska.
Los investigadores han puesto sus gráficos de distribución de eGFR a disposición de los profesionales de la salud y han desarrollado una calculadora basada en la web, desarrollada por el estudiante de doctorado Antoine Creon, que puede ayudar a evaluar cómo se compara el eGFR de un paciente con las normas de la población para su edad.
LO QUE TUS ANÁLISIS RUTINARIOS PODRÍAN ESTAR OCULTANDO
El estudio incluyó a más de 1,1 millones de adultos en la región de Estocolmo (Suecia), lo que representa aproximadamente el 80% de la población de entre 40 y 100 años. Se utilizaron casi siete millones de pruebas de TFGe realizadas entre 2006 y 2021 para construir distribuciones específicas por edad y sexo.
Los hallazgos muestran que las desviaciones de la mediana de la TFGe para la edad y el sexo se asocian con peores resultados. Las personas con una TFGe inferior al percentil 25 presentaron un riesgo significativamente mayor de desarrollar insuficiencia renal que requiriera diálisis o trasplante. La mortalidad también mostró una relación en forma de U; tanto los extremos de los percentiles bajos como los altos se vincularon con un mayor riesgo de muerte.
El estudio también ilustra esta falta de concienciación en la atención médica, según los investigadores. Entre aquellos con una TFGe aparentemente normal superior a 60 ml/min/1,73 m, pero inferior al percentil 25, solo una cuarta parte se había realizado pruebas adicionales de albúmina urinaria, importante para detectar daño renal temprano.
Por ejemplo, considere a una mujer de 55 años con una TFGe de 80. La mayoría de los médicos no reaccionarían ante un valor aparentemente tan normal. Sin embargo, nuestras gráficas muestran que esto corresponde al percentil 10 para mujeres de esa edad, y que tiene un riesgo tres veces mayor de comenzar diálisis en el futuro. Esto indica una oportunidad para actuar con mayor rapidez, agrega Juan Jesús Carrero, profesor del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska.
El estudio forma parte del proyecto SCREAM y ha sido financiado por el Consejo Sueco de Investigación, la Fundación Sueca de Cardiología y Pulmón, la Región de Estocolmo y la Fundación Sueca del Riñón, entre otros.