Publicado 13/11/2020 18:10CET

La fatiga pandémica es real: un estudio explica cómo ha cambiado nuestro comportamiento en estos meses

Mujer con mascarilla mira a través de una ventana.
Mujer con mascarilla mira a través de una ventana. - LUCALORENZELLI/ISTOCK - Archivo

MADRID, 13 Nov. (EUROPA PRESS) -

Un nuevo estudio de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC (Estados Unidos) ha mostrado que las respuestas conductuales al COVID-19 han cambiado durante los primeros meses de la pandemia. La investigación, publicada en la revista 'PLOS ONE', examinó también cómo la edad afectaba la práctica de conductas preventivas y de riesgo en respuesta a COVID-19.

Al comienzo del período de cuarentena, las personas mayores no eran más propensas que las jóvenes a practicar conductas preventivas en respuesta a la pandemia. De hecho, en marzo, las personas mayores no se diferenciaban de los jóvenes en su compromiso de usar una mascarilla, lavarse las manos con frecuencia, cancelar actividades personales y sociales, y evitar a las personas de alto riesgo, los lugares públicos y comer en restaurantes. Sin embargo, para mayo, las personas mayores eran más propensas a implementar tales comportamientos.

Excepto por el uso de una mascarilla, las personas adoptaron actividades preventivas en el primer mes pero luego redujeron la modificación de sus conductas un poco después de abril, de modo que el porcentaje de personas que adoptaron estas conductas preventivas fue menor en mayo que en abril. Sin embargo, el uso de mascarillas siguió aumentando con el tiempo, de modo que el porcentaje en mayo fue aproximadamente el doble que en abril.

En términos de conductas de riesgo, las personas mayores eran menos propensas que las jóvenes a tener un contacto cercano con personas que no pertenecían al hogar y menos propensas a ir a los hogares de otras personas un mes después de que comenzara la pandemia. Sin embargo, tanto los jóvenes como las personas mayores tendieron a reanudar estos comportamientos sociales potencialmente riesgosos a medida que la pandemia progresaba.

"Es alentador observar a las personas mayores adoptar más comportamientos personales preventivos a medida que la pandemia progresaba, ya que esto puede haber aliviado su riesgo de infección. Sin embargo, al mismo tiempo, es preocupante que la gente haya aumentado sus conductas sociales de riesgo con el tiempo, particularmente las personas mayores, que podrían tener consecuencias más adversas por reunirse con familiares y amigos", explica la líder del estudio, Jung Ki Kim.

Los investigadores especulan que algunos comportamientos de riesgo, como visitar o ser visitado por amigos y parientes que no pertenecen al hogar, pueden ser comportamientos que las personas, independientemente de su edad, no pueden abandonar durante meses.

En su trabajo, analizaron tres rondas de datos de respuesta del panel COVID-19 del 'Understanding America Study' sobre la frecuencia con la que más de 5.000 participantes, con edades comprendidas entre los 18 y los 101 años y clasificados en grupos de edad de 18 a 34, 35 a 54, 55 a 64 y más de 65 años, realizaron conductas de mitigación del virus durante los meses de marzo.

Además de la edad, los investigadores también encontraron que otras características están relacionadas con el comportamiento durante la pandemia: ser mujer, negra, hispana o asiática; tener una educación superior; tener condiciones subyacentes; residir en un estado en el que el brote de COVID-19 fue más frecuente; y confiar más en la CNN que en Fox News se relacionaron con la práctica de más comportamientos preventivos en respuesta a COVID-19.

Los investigadores dicen que la respuesta de conducta preventiva consistentemente más alta de negros, hispanos y asiáticos puede reflejar el conocimiento de que la pandemia estaba afectando diferencialmente a las comunidades de color. Añaden que es posible que sea necesario hacer ajustes adecuados en el trabajo y pautas de protección para las personas que tienen conductas de riesgo por necesidad.

También dicen que las personas pueden responder a los mandatos y campañas de los gobiernos estatales y locales sobre la importancia de la mascarilla en los estados donde los casos de infección son mayores, y que las recomendaciones apolíticas y con base científica para el comportamiento a través de los medios de comunicación podrían haber cambiado las conductas.

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