Los fármacos GLP-1 podrían cambiar la forma en que la impulsividad se relaciona con la violencia

Archivo - Una persona sosteniendo una caja de Ozempic, a 2 de noviembre de 2023, en Madrid (España). Novo Nordisk, la firma danesa que fabrica Ozempic, ha presentado unos resultados trimestrales récord, con una subida de casi un 3% en Bolsa. Los ingresos
Archivo - Una persona sosteniendo una caja de Ozempic, a 2 de noviembre de 2023, en Madrid (España). Novo Nordisk, la firma danesa que fabrica Ozempic, ha presentado unos resultados trimestrales récord, con una subida de casi un 3% en Bolsa. Los ingresos - Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo
Infosalus
Publicado: miércoles, 17 junio 2026 9:04

   MADRID, 17 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (AR-GLP-1) se recetan con frecuencia para la diabetes y la obesidad, pero su posible influencia va más allá del control metabólico.

Investigadores han explorado su impacto en el cerebro y el comportamiento, apuntando a efectos sobre la impulsividad y la toma de decisiones, lo que ha abierto nuevas líneas de investigación en el ámbito de la salud mental y la criminología.

Diversos estudios han encontrado ahora evidencia de que estos medicamentos también pueden influir en el comportamiento, por ejemplo, ayudando a controlar los impulsos y reduciendo el consumo de sustancias y alcohol, al interactuar potencialmente con los sistemas de recompensa y estrés del cerebro.

QUÉ SON Y CÓMO FUNCIONAN LOS GLP-1

Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (AR-GLP-1, conocidos también como GLP-1 receptor agonists) son una clase de medicamentos utilizados principalmente en el tratamiento de la diabetes tipo 2 y, más recientemente, de la obesidad. Su desarrollo comenzó a consolidarse a mediados de la década de 2000, con la introducción de las primeras terapias basadas en la hormona GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1), una molécula natural del organismo que regula la glucosa en sangre y el apetito.

Entre los fármacos más conocidos de este grupo se encuentran la semaglutida (comercializada como Ozempic y Wegovy) y la tirzepatida (comercializada como Mounjaro), que han ampliado de forma notable su uso clínico.

    Estos medicamentos imitan la acción del GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1), una hormona que se libera tras las comidas y ayuda a reducir los niveles de azúcar en sangre, ralentizar el vaciado gástrico y aumentar la sensación de saciedad. Además de su efecto metabólico, estudios recientes han señalado posibles impactos en el sistema nervioso central, influyendo en los circuitos de recompensa y control de impulsos.

    Por ello, además de su eficacia en el control de la glucosa y la pérdida de peso, se están investigando sus posibles efectos sobre conductas como la ingesta de alimentos, el consumo de alcohol y otros comportamientos impulsivos.

CRECE LA EVIDENCIA SOBRE SU EFECTO EN DELITOS VIOLENTOS

    Nuevas investigaciones en Criminología de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) se suman a esta creciente evidencia, como se apunta en un artículo de 'Criminology'.

   Cuando los investigadores analizaron datos de una encuesta nacional representativa de EEUU de 2025, que incluyó a 821 adultos que habían usado medicamentos GLP-1, encontraron que, si bien la impulsividad y el consumo de alcohol estaban fuertemente asociados con la comisión de delitos violentos, estas asociaciones eran significativamente más débiles entre los usuarios actuales de agonistas del receptor de GLP-1 (AR-GLP-1) en comparación con los usuarios anteriores.

   Por lo tanto, incluso cuando un usuario de AR-GLP-1 bebe o actúa impulsivamente, es menos probable que la situación derive en un delito violento. Análisis más exhaustivos mostraron que este hallazgo era especialmente consistente en relación con la impulsividad, pero menos con el consumo de alcohol.

   Los resultados sugieren que los agonistas del receptor de GLP-1 pueden disminuir la medida en que ciertos factores de riesgo establecidos se traducen en comportamiento violento.

    "A medida que los medicamentos GLP-1 se generalizan, comprender sus efectos conductuales más amplios se convierte en una importante cuestión de salud pública y criminología que requiere un estudio cuidadoso", concluye el autor principal Daniel C. Semenza, de la Universidad de Rutgers.

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