Fármacos y alcohol

Actualizado 02/07/2014 10:40:26 CET
Alcohol y fármacos
Foto: GETTY

MADRID, 2 Jul. (Infosalus/EP) -

   Aunque el prospecto introduce muchas cautelas ¿cómo afecta el alcohol en el día a día cuando se toman fármacos? Aclarar cómo interviene el alcohol cuando existen determinados trastornos físicos y mentales puede ayudar a entender mejor la advertencia de facultativos y farmacéuticos para evitar por completo el consumo de bebidas alcohólicas durante un tratamiento.

   Según explica a Infosalus Francisco Zaragozá, vocal nacional de Docencia e Investigación del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), no hay que perder de vista que el fármaco es una necesidad derivada de una cuestión de salud y que el consumo de alcohol, sea este más o menos moderado, es una elección personal.

   Dicho esto, Zaragozá señala que las características individuales hacen muy complejo establecer las posibles interacciones entre el alcohol y los fármacos que podría experimentar cada persona. Sin embargo, Zaragozá estima que los riesgos de consumir alguna bebida alcohólica cuando se toman medicamentos superan los posibles beneficios derivados de este consumo, aunque sea limitado.

   Existen trastornos crónicos como la hipertensión o la diabetes que exigen a quienes los padecen que eliminen el alcohol por completo, apunta Zaragozá que añade que esta misma directriz se debe emplear durante los cortos periodos de tiempo en tratamientos con fármacos como, por ejemplo, los antibióticos.

   El portavoz del CGCOF también recuerda que, a pesar de que todo fármaco presenta unos efectos secundarios asociados, en la actualidad los medicamentos más modernos son más seguros y presentan menos interacciones además de ser más selectivos en relación a los mecanismos orgánicos sobre los que actúan.

ANTIDEPRESIVOS Y ANSIOLÍTICOS

   Hay que tener en cuenta que quienes padecen algún tipo de trastorno depresivo sin tratar pueden ver incrementados sus síntomas por el alcohol y en el caso de recibir tratamiento su consumo empeora y añade más síntomas a la depresión.

   En sus primeras fases de metabolización el alcohol puede producir sensaciones de euforia que se desvanecen más tarde ya que en realidad es un depresor del sistema nervioso que reduce la capacidad para realizar cualquier actividad.

   En este sentido, Zamora señala que mezclar antidepresivos y alcohol puede dar lugar a disforia (cambios imprevisibles en el estado de ánimo) y una disminución de las funciones mentales.

   En lo que se refiere a los ansiolíticos apunta a efectos como la somnolencia, la pérdida de reflejos y el embotamiento si se toma alcohol, efectos todos ellos que en situaciones como la conducción pueden ser muy peligrosos.

   Zamora advierte también que aunque no se alcancen los niveles de alcohol en sangre que las autoridades prohíben superar para conducir, las interacciones con los fármacos pueden ser tan peligrosas o más como trascender estos límites de consumo.

ALERGIAS

   Tomar alcohol cuando se están tomando medicamentos como los antihistamínicos puede perturbar la capacidad cognitiva e interferir con las funciones mentales implicadas en el trabajo y comprometer incluso el funcionamiento motor.

ANALGÉSICOS

   Aunque las bebidas alcohólicas fueron los primeros analgésicos para los dentistas americanos del siglo XIX que empleaban el whisky para insensibilizar las encías ante una extracción dental, recuerda Zaragozá, en la actualidad existe todo un arsenal de analgésicos y anestésicos que se utilizan frente al dolor o en intervenciones de este tipo.

   Tanto el paracetamol como sus derivados y los anti-inflamatorios no esteroideos (AINEs) aumentan su toxicidad para el hígado y la mucosa gástrica si se mezclan con alcohol.

ANTIBIÓTICOS

   En el caso de este grupo de fármacos, Zaragozá destaca las interacciones con el alcohol de la cefalosporina y derivados que causan una reacción similar a los fármacos empleados frente al alcoholismo como el disulfirán. En este caso las reacciones son de vasodilatación acusada que ocasiona un enrojecimiento de la cara, cuello y tórax, bochorno y dificultad respiratoria entre otros síntomas graves.

   Otras interacciones de los antibióticos con el alcohol incluyen un aumento de los efectos de éste y una prolongación en el tiempo de su presencia en el organismo.

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