Archivo - Mujer tocándose el abdomén, fertilidad, infertilidad, estómago, regla, dolor ovarios, vejiga - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / BEE32 - Archivo
MADRID 14 Jul. (EUROPA PRESS) -
La uróloga del Hospital Ruber Internacional, la doctora Cristina de Castro, ha advertido de que la presencia de sangre en la orina "nunca debe considerarse normal", ya que puede ser un signo de cáncer de vejiga, una enfermedad que también afecta a las mujeres y cuyo diagnóstico suele retrasarse al confundirse sus síntomas iniciales con infecciones urinarias u otros trastornos ginecológicos, lo que empeora el pronóstico.
La especialista recuerda que este retraso diagnóstico tiene consecuencias importantes. "El cáncer de vejiga en la mujer suele diagnosticarse en fases más avanzadas, lo que condiciona un peor pronóstico. Por eso es fundamental aumentar la concienciación tanto entre la población como entre los profesionales sanitarios", afirma.
Por tanto, la hematuria, que es la presencia de sangre en la orina, constituye el principal signo de alarma. También pueden aparecer síntomas como aumento de la frecuencia urinaria, urgencia para orinar, escozor o dolor pélvico persistente cuando no existe una infección demostrada o los síntomas reaparecen de forma repetida. Según de Castro, identificar el tumor en fases iniciales permite aplicar tratamientos menos agresivos y obtener mejores resultados tanto desde el punto de vista oncológico como funcional.
El abordaje terapéutico depende del tipo de tumor, de su extensión y de las características de cada paciente. En los tumores superficiales, el tratamiento suele comenzar con una resección transuretral, una intervención mínimamente invasiva que permite eliminar el tumor y determinar el riesgo de recurrencia. En función de cada caso, el tratamiento puede completarse con terapias intravesicales, como la inmunoterapia con BCG, que reduce significativamente la posibilidad de que el tumor reaparezca o progrese. Cuando el cáncer invade la capa muscular de la vejiga, las opciones incluyen cirugía, quimioterapia, inmunoterapia y nuevas terapias dirigidas.
"n los últimos años hemos avanzado hacia una medicina mucho más personalizada, incorporando cirugía robótica, tratamientos sistémicos innovadores y estrategias que permiten adaptar la terapia a las características biológicas de cada tumor", señala la uróloga.
CURAR, PERO TAMBIÉN PRESERVAR LA CALIDAD DE VIDA
Según explica, el objetivo ya no consiste únicamente en eliminar el tumor, sino también en preservar la calidad de vida de las pacientes. "La cirugía ha evolucionado enormemente. Hoy, en mujeres cuidadosamente seleccionadas, podemos preservar determinadas estructuras implicadas en la continencia urinaria y la función sexual, siempre que no comprometa la seguridad oncológica", destaca la doctora Castro.
Además, tras la extirpación de la vejiga existen distintas alternativas reconstructivas que permiten adaptar el tratamiento al estilo de vida y a las necesidades de cada paciente, favoreciendo una recuperación funcional y una reincorporación más rápida a su vida cotidiana.