Archivo - Mosquito de la fiebre amarilla. / James Gathany - PHOTOGRAPHER: JAMES GATHANY - Archivo
MADRID, 29 May. (EUROPA PRESS) -
Cada verano, millones de personas se rocían con DEET para ahuyentar a los mosquitos, pero una nueva investigación de Virginia Tech (Estados Unidos) y la Universidad de Tours en Francia, sugiere que los mosquitos podrían aprender a asociar el repelente con la comida, e incluso llegar a sentirse atraídos por él.
El estudio, publicado en el 'Journal of Experimental Biology', fue una colaboración entre Clément Vinauger, profesor asociado de Virginia Tech, y Claudio Lazzari, de la Universidad de Tours. "Si alguien aplica DEET y la concentración disminuye con el tiempo, pero un mosquito aún logra alimentarse, el insecto podría empezar a asociar ese olor con una recompensa", explica Vinauger. "Es una posibilidad que debemos tomar en serio al considerar cómo se utilizan los repelentes en la vida real".
El estudio se centró en el mosquito de la fiebre amarilla, Aedes aegypti, una especie que transmite el dengue, el Zika, la fiebre amarilla y la chikungunya, enfermedades que infectan a decenas de millones de personas cada año.
Los investigadores entrenaron a los mosquitos utilizando una forma de condicionamiento pavloviano, el mismo principio de aprendizaje que subyace a los famosos experimentos de Ivan Pavlov en los que los perros aprendieron a asociar el sonido de una campana con la comida.
Los mosquitos fueron inmovilizados tras una malla de tela con una bolsa de sangre caliente colocada justo fuera de su alcance. Una vez que los mosquitos comenzaron a alimentarse de la sangre, los investigadores introdujeron el olor a DEET. Tras repetir el experimento cuatro veces, más del 60 por ciento de los insectos intentaron alimentarse al percibir únicamente el olor a DEET.
A continuación, se les dio a los mosquitos la opción de elegir entre dos manos humanas: una sin tratar y otra recubierta con DEET en concentraciones normales. Los mosquitos no entrenados evitaron la mano tratada con DEET. Los mosquitos entrenados se sintieron atraídos por ella.
Los investigadores también descubrieron que los mosquitos podían formar la misma asociación cuando se utilizaba azúcar, en lugar de sangre, como recompensa.
"Siempre se ha asumido que los repelentes funcionan gracias a su composición química: que el DEET simplemente huele mal para los mosquitos y estos huyen, o que su composición química les impide olernos", explica Vinauger, quien también es miembro del Centro de Patógenos Emergentes, Zoonóticos y Transmitidos por Artrópodos del Instituto de Ciencias Biológicas Fralin. "Pero lo que estamos demostrando es que el cerebro del mosquito puede modificar esa respuesta en función de la experiencia. Lo que el insecto ha aprendido es tan importante como el efecto del compuesto químico. Creo que esto representa un cambio de paradigma".
Según Vinauger, estos hallazgos no implican que la gente deba dejar de usar DEET. Sigue siendo uno de los repelentes más eficaces disponibles, especialmente en regiones donde las enfermedades transmitidas por mosquitos son comunes. Sin embargo, el estudio sugiere que el momento y la concentración pueden ser más importantes de lo que se creía anteriormente.
"En lugar de aplicar una gran cantidad de una sola vez, es recomendable reaplicarla con regularidad para que esté siempre activa y proporcione una protección continua", comenta Vinauger. Los expertos añaden que la ropa tratada también puede presentar problemas, ya que las concentraciones de DEET en los tejidos disminuyen con el tiempo.