Publicado 04/08/2021 07:18CET

El estudio del mecanismo de la saciedad aporta nuevos conocimientos sobre la diabetes

Archivo - Medidor de glucosa diabetes. Tira reactiva glucómetro.
Archivo - Medidor de glucosa diabetes. Tira reactiva glucómetro. - MARILYN NIEVES / MARILYN NIEVES - Archivo

MADRID, 4 Ago. (EUROPA PRESS) -

Un equipo de investigadores franceses que lleva varios años estudiando el papel de la leptina, una hormona implicada en el control del apetito que envía señales de saciedad al cerebro ha publicado un nuevo estudio publicado en la revista 'Nature Metabolism', en el que, además de avanzar en el conocimiento científico del mecanismo de la saciedad, han desarrollado un nuevo modelo de ratón de diabetes que será útil y relevante para futuras investigaciones en este ámbito.

La leptina, la hormona de la saciedad o supresora del apetito, es segregada por el tejido adiposo en niveles proporcionales a las reservas de grasa del organismo y regula el apetito controlando la sensación de saciedad. Es transportada al cerebro por los tanicitos, células en las que entra uniéndose a los receptores LepR. Los tanicitos son, por tanto, la puerta de entrada de la leptina al cerebro, ayudándola a cruzar la barrera hematoencefálica y a transmitir la información de saciedad a las neuronas.

Investigaciones anteriores han revelado que dicho transporte está deteriorado en sujetos con obesidad o sobrepeso. Esto explica en cierta medida su disfunción en la regulación del apetito, ya que es más difícil que la información sobre la saciedad llegue al cerebro. En su nuevo estudio, los investigadores examinaron más de cerca este mecanismo de transporte, y más concretamente el papel que desempeñan los receptores LepR.

En modelos de ratón, los investigadores del INSERM, la Universidad de Lille y el Hospital Universitario de Lille, en el laboratorio de Neurociencia y Cognición de Lille, eliminaron el receptor LepR que se encuentra en la superficie de los tanicitos.

Al cabo de tres meses, los ratones experimentaron un notable aumento de su masa grasa (que se duplicó durante el periodo), así como una pérdida de masa muscular (reducida a más de la mitad). El aumento de peso total fue bastante moderado. Los científicos también midieron regularmente los niveles de azúcar en sangre de los animales tras la inyección de glucosa.

Comprobaron que, para mantener la glucemia en niveles normales (entre 0,70 y 1,10 g/l), los ratones segregaron más insulina durante las primeras cuatro semanas del experimento. Tres meses después de eliminar el receptor, su capacidad de secretar insulina del páncreas parecía agotada.

Por lo tanto, la eliminación de los receptores LepR y la alteración del transporte de leptina al cerebro hizo que los ratones desarrollaran inicialmente un estado prediabético. Esto ocurre cuando el cuerpo libera más insulina de lo habitual para controlar el azúcar en la sangre.

Luego, a largo plazo, los ratones se volvieron incapaces de secretar insulina y, por tanto, de controlar sus niveles de azúcar en sangre. Estos datos sugieren, por tanto, que la alteración del transporte de leptina al cerebro a través de los receptores LepR desempeña un papel en el desarrollo de la diabetes de tipo 2.

En la última parte de su investigación, los científicos reintrodujeron la leptina en el cerebro y observaron la reanudación inmediata de su acción promotora de la función pancreática, en particular la capacidad del páncreas de secretar insulina para regular el azúcar en sangre. Los ratones recuperaron rápidamente un metabolismo sano.

Este estudio aclara, por tanto, el papel del cerebro en la diabetes de tipo 2 y contribuye a profundizar en la investigación de una enfermedad que hasta entonces no se consideraba que afectara al sistema nervioso central.

"Demostramos que la percepción cerebral de la leptina es esencial para la gestión de la homeostasis energética y del azúcar en sangre. También demostramos que el bloqueo del transporte de leptina al cerebro perjudica el funcionamiento de las neuronas que controlan la secreción pancreática de insulina", concluye Vincent Prévot, director de investigación del INSERM y autor del estudio.