Un estudio financiado por la Unión Europea vincula el bajo nivel socioeconómico con mayores niveles de inflamación

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Publicado 15/02/2019 18:40:23CET

MADRID, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -

Las personas que viven en condiciones sociales y económicas más desfavorecidas, especialmente en la edad adulta, tienen más probabilidades de experimentar niveles más altos de inflamación, lo que a su vez puede conducir a problemas de salud graves como la aterosclerosis o la enfermedad coronaria, según han revelado investigadores del proyecto Lifepath, un consorcio financiado por la Unión Europea que investiga las vías biológicas que subyacen a las diferencias sociales en el envejecimiento saludable.

De acuerdo con su estudio, publicado en la revista 'Nature Communications', las condiciones socioeconómicas pueden ser un poderoso desencadenante de la inflamación crónica, ya que las poblaciones socialmente desfavorecidas están expuestas de manera desproporcionada a entornos que pueden caracterizarse como proinflamatorios, como la exposición a infecciones debido a condiciones de hacinamiento, mala calidad de las viviendas o acceso insuficiente a servicios de saneamiento.

Además, es más probable que los grupos socioeconómicos desfavorecidos muestren comportamientos adversos para la salud que pueden exponerlos a factores como el tabaquismo y los comportamientos nutricionales que conducen a la obesidad, que a su vez pueden desencadenar procesos de inflamación. Finalmente, la desventaja social también puede empujar a experimentar adversidades, o exacerbar tales situaciones, lo que resulta en un estrés psicosocial y, como consecuencia, una inflamación basal aumentada.

Los investigadores de Lifepath analizaron datos de seis grandes estudios realizados entre 1958 y 2013 en Italia, Suiza y Reino Unido para investigar varios aspectos importantes de la transición social a biológica. Se centraron en la cronología de las exposiciones a condiciones socioeconómicas desfavorecidas a lo largo del ciclo de vida con el objetivo de comprender mejor cómo se asocian con la inflamación.

La posición socioeconómica de los participantes (SEP) se evaluó en función de tres parámetros: el trabajo del padre, el nivel de educación y la última ocupación del participante. Como marcador de la respuesta inflamatoria general, los investigadores midieron la concentración de proteína C reactiva (PCR), una proteína sintetizada por el hígado en respuesta a los efectos sistémicos de la inflamación. También investigaron el impacto potencial de los factores de comportamiento y el índice de masa corporal (IMC) en la relación entre la PCR y la SEP, a fin de dilucidar su posible papel como factores intermedios.

UNO DE LOS FACTORES CLAVE ES EL NIVEL EDUCATIVO

Así, han demostrado que la posición socioeconómica desfavorecida en cada etapa de la vida se asocia con un aumento de la inflamación evaluada mediante la concentración de proteína C reactiva, y que los factores conductuales como el consumo de alcohol, fumar y un estilo de vida sedentario pueden explicar parte, pero no todas las diferencias observadas en la inflamación.

Asimismo, han concluido que uno de los factores de riesgo más consistentes e importantes para la inflamación elevada es el éxito educativo. "Uno de los mecanismos involucrados aquí es el sistema de respuesta al estrés, donde un nivel educativo superior puede actuar como amortiguador fisiológico que regula el estrés", explica una de las autoras del estudio, Raphaële Castagné, investigadora de la Université Toulouse III Paul Sabatier de Toulouse (Francia).

Los investigadores de Lifepath también encontraron que el índice de masa corporal (IMC) parecía ser el factor intermedio más relevante entre la posición socieconómica y la inflamación, lo que significa que la acumulación de grasa corporal entre las poblaciones más desfavorecidas podría ser un mecanismo que conduce a niveles más altos de inflamación. Por otra parte, observaron algunas diferencias entre hombres y mujeres, que pueden reducirse a diferencias en las respuestas inmunológicas e inflamatorias influenciadas tanto por el sexo como por el género.

Otro elemento crítico es el tiempo de exposición a condiciones sociales y económicas desfavorecidas: de hecho, la inflamación crónica es el resultado de un efecto de desgaste prolongado en los sistemas fisiológicos y, cuanto antes se desencadena, mayores pueden ser sus consecuencias.

"Nuestros hallazgos resaltan el importante papel que juegan los factores sociales en la salud más allá de los comportamientos y los factores de estilo de vida. Al documentar cómo las desventajas sociales ejercen su influencia en nuestra biología a través de la inflamación, resaltamos la necesidad de intervenir desde los primeros años para reducir la incorporación de las disparidades sociales en la salud", concluye otra de las investigadoras, Michelle Kelly-Irving.