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VALÈNCIA 3 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Instituto de Investigación Sanitaria Incliva- Hospital Clínico Universitario de València ha explorado en un estudio el impacto de la microbiota, o flora intestinal, en el pronóstico de los pacientes con linfoma receptores de terapia CAR-T, un tratamiento contra el cáncer en el que se modifican genéticamente células del propio paciente para que reconozcan y destruyan células tumorales específicas.
El trabajo ha sido liderado por el Servicio de Hematología del Hospital Clínico y los grupos de investigación en Trasplante Hematopoyético y en Microbiología Molecular y Patogénesis Microbiana de Incliva, con la intervención de las Unidades de Medicina de Precisión y de Bioinformática de este instituto y de la Universitat de València en el análisis estadístico y machine learning.
Los resultados del estudio, que aporta nueva evidencia clínica sobre el papel de la microbiota intestinal en la eficacia y seguridad de la terapia CAR-T, se han publicado en 'European Journal of Haematology'.
"En la actualidad se conoce bien la interacción entre la flora intestinal y las células del sistema inmune y existe evidencia científica firme que relaciona la presencia de algunas bacterias con una mayor respuesta a fármacos antineoplásicos. Sin embargo, no todas las especies bacterianas del tubo digestivo desempeñan un papel beneficioso", hace notar el doctor Rafael Hernani, del Grupo de Investigación en Trasplante Hematopoyético de Incliva y el Servicio de Hematología del Hospital Clínico de València e investigador principal del estudio.
"Algunas, por ejemplo, --prosigue-- se relacionan con enfermedades inflamatorias intestinales o con fracaso del tratamiento antitumoral. No existe prácticamente información sobre la influencia de la microbiota en la terapia CAR-T. Por esta razón, en este estudio nos hemos centrado en investigar qué bacterias influyen en la respuesta o la toxicidad del tratamiento, por tratarse de una cuestión crucial para poder mejorar el pronóstico de los pacientes. Si se identificara, por ejemplo, una especie beneficiosa, podría añadirse como probiótico al tratamiento".
La terapia CAR-T (chimeric antigen receptor T, por sus siglas en inglés) ofrece unos resultados que mejoran notablemente la eficacia del tratamiento del cáncer clásico y prolongan la supervivencia en estos pacientes.
La célula CAR-T es un linfocito (un tipo de glóbulo blanco del sistema inmunitario que reconoce y combate infecciones y células cancerígenas) modificado genéticamente para reconocer, de manera específica, una proteína de membrana (antígeno) de la célula cancerosa. Para fabricar el CAR-T el paciente debe someterse a un proceso de aféresis, una máquina similar a la de diálisis, que filtra parte de la sangre.
Una vez que se han recogido los linfocitos, se envían al laboratorio para su modificación genética. Para ello, mediante un virus, se inserta en el ADN del linfocito la información que permitirá expresar en su membrana un receptor que reconozca, de manera específica y precisa, a un antígeno determinado de la célula tumoral. Una vez realizada la modificación genética, se añade a los linfocitos una serie de sustancias que permiten su multiplicación.
En el momento en el que hay un número suficiente de linfocitos, se congelan y se devuelven al hospital, momento en el cual pueden infundirse al paciente, en un proceso similar al de una transfusión de sangre, requiriendo sólo una administración. El paciente suele permanecer ingresado de 10 a 14 días.
Durante este periodo es esperable que los linfocitos CAR-T, al reconocer las células tumorales, se multipliquen y las ataquen. Como consecuencia de esta lucha entre el linfocito y la célula cancerosa se pueden liberar a la sangre una serie de sustancias, conocidas como citocinas, que son responsables de dos de las complicaciones más características de la terapia CAR-T: el síndrome de liberación de citocinas y la neurotoxicidad.
Es probable desarrollar alguna de estas complicaciones, pudiendo variar desde una simple fiebre o cefalea, hasta la presencia de convulsiones o la necesidad del uso de fármacos para subir la tensión arterial.
Pasadas estas primeras semanas, la probabilidad de desarrollar estas complicaciones es ya muy baja, por lo que el paciente puede irse de alta. Un complejo estudio para analizar la microbiota En este estudio se han recogido muestras fecales de 30 pacientes del Hospital Clínico de València y de convivientes sanos con unos kits especiales que mantienen la microbiota sin alteraciones hasta que se congela.
Se ha extraído el ADN bacteriano y se ha realizado un análisis usando shotgun metagenomics sequencing, que permite identificar en detalle cada especie bacteriana de la muestra. Además, en colaboración con Carlos Hernani Morales, investigador de la Universitat de València, se han llevado a cabo estudios de machine learning, que permiten crear modelos de respuesta analizando la presencia o no de unas pocas especies bacterianas.
Se espera que estos resultados preliminares sirvan de base para obtener financiación que permita analizar a los más de 100 pacientes cuyas muestras fecales ya han sido recogidas.
Al incrementar el número de pacientes incluidos en el análisis se podrían extraer conclusiones más firmes y con mayor aplicabilidad en la práctica clínica diaria. Además, se podrán analizar las vías metabólicas bacterianas o a los virus ADN (viroma intestinal), que constituyen una parte muy poco estudiada de la microbiota de nuestro aparato digestivo.