Publicado 08/04/2021 08:16CET

¿Por qué el estreñimiento en los niños es tan frecuente?

Archivo - Niño en el baño. Estreñímiento.
Archivo - Niño en el baño. Estreñímiento. - EDELMIR/ISTOCK - Archivo

   MADRID, 8 Abr. (EDIZIONES) -

   El estreñimiento representa uno de los motivos de consulta más frecuente de atención primaria y de consulta especializada de gastroenterología pediátrica. No obstante, es importante destacar que la inmensa mayoría de los casos (en torno al 95%) se tratan de estreñimiento funcional, sin que exista ninguna patología que lo esté produciendo.

   Así lo explica en una entrevista con Infosalus el doctor Joaquín Reyes Andrade, gastroenterólogo pediátrico de Grupo IHP Pediatría, y miembro de la Asociación Andaluza de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (AAGHNP), quien insiste en que los padres deben comprender que si su hijo presenta estreñimiento, seguramente no cuente con ninguna otra patología asociada.

   "En el 5% restante encontraremos alguna enfermedad (alteraciones anatómicas del tracto digestivo, alergias alimentarias, celiaquía, entre otras) que justifique el estreñimiento, siendo característico en estos casos la presencia de datos de alarma y la falta de respuesta a los tratamientos convencionales", reconoce el también miembro del Grupo de Trabajo de Gastroenterología y Nutrición de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

   En concreto, este experto mantiene que, académicamente, el estreñimiento funcional se define en niños en los cuales se presenta, al menos durante un mes, dos o más de los siguientes criterios: menos de 3 deposiciones a la semana, episodios de retención fecal, incontinencia (escapes de heces), historia de defecaciones dolorosas, duras y/o voluminosas.

   En estos casos ve clave explicar a los padres que perfectamente su hijo puede presentar un caso de estreñimiento, aunque la emisión de heces sea diaria. "Por ello, es necesario no sólo valorar la frecuencia, sino también el volumen y la dureza de las heces, así como conocer cómo vive el niño la defecación y la presencia de otros síntomas acompañantes, como dolor o sangrado", avisa el doctor Reyes Andrade.

¿POR QUÉ SE PRODUCE?

   Este gastroenterólogo pediátrico de Grupo IHP Pediatría mantiene así que el hábito intestinal es una característica individual, propia de cada sujeto, pero que indudablemente puede ser modificada por diferentes factores. Dentro de estos, apunta a una dieta rica en proteína animal, embutidos, lácteos y alimentos grasos, y pobre en líquidos y fibra; junto con el sedentarismo; todas ellas circunstancias que claramente van a favorecer el estreñimiento.

   En el paciente pediátrico, además, dice que se dan situaciones que también pueden desencadenar o exacerbar el estreñimiento, como la retirada del pañal, el inicio de la escolarización y, principalmente, el miedo o el rechazo a defecar. "A modo de resumen, el proceso habitual de estreñimiento en el niño pequeño comienza tras emitir deposiciones duras y/o voluminosas durante periodos más o menos prolongados de tiempo. Debido al dolor que le genera, el niño comienza a identificar la defecación como un momento negativo y comienza a evitarla", advierte.

   En su opinión, esta conducta soluciona el problema a corto plazo del niño (no realiza la deposición) pero lo agrava en el largo plazo, ya que las heces progresivamente se van acumulando y secando, obteniendo como resultado heces más duras y secas, y defecaciones todavía más dolorosas, que perpetúan este círculo vicioso.

   Desde su punto de vista, mantiene que la base del tratamiento pasa en primer lugar por informar a los padres y al paciente, ya que la familia tiene que conocer claramente que le ocurre a su hijo y cómo puede ayudarlo. Posteriormente, defiende que se deben emprender las medidas dietéticas: debemos beber bastante agua, limitar el consumo de leche y de lácteos, y tomar una alimentación rica en fibra.

   A su juicio, otra medida esencial es conseguir que el niño adquiriera un hábito intestinal regular. "Debido a que es posible que exista rechazo del paciente, deberemos buscar, al menos una vez al día, un momento para defecar, siendo el más indicado después de las principales comidas", subraya el pediatra de IHP.

   También debemos conocer que contamos con fármacos bastante seguros para manejar el estreñimiento, incluso a largo plazo: "A pesar del temor y de los mitos que generan los laxantes en la población, puede ser necesario usarlos durante periodos largos, ya que el niño debe olvidar la defecación como una experiencia negativa y adquirir confianza personal. Este proceso será más o menos prolongado en el tiempo y para revertir esta situación de rechazo será clave que las deposiciones sean más blandas y no le generen dolor".

   En estos casos, lamenta que las ganas de los padres por intentar retirar la medicación cuánto antes, sin indicación de su médico, suelen generar habitualmente retrocesos en los avances alcanzados. "Tan importante es el papel conductual en el estreñimiento infantil que otro de los pilares del tratamiento es el abordaje psicológico en niños que siguen mentalmente bloqueados para la defecación, a pesar de conseguir heces no dolorosas", sostiene el gastroenterólogo pediátrico.

   A la hora de evitar el estreñimiento en los niños, sugiere reconoce en primer lugar los síntomas, algo que 'a priori' parece lógico pero que no siempre es así, en su opinión, ya que muchas familias demoran el afrontar este problema, probablemente porque piensan que cederá con el tiempo.

   En segundo lugar, ve esencial que los padres conozcan lo que le ocurra a su hijo, porque la ansiedad familiar ante un cuadro que puede durar semanas, meses o años puede ser muy alta y repercutir negativamente en el niño. En este sentido, incide en que es muy importante no castigar al niño cuando no quiera sentarse en el baño o presente escapes, ya que generalmente es contraproducente.

   Por el contrario, destaca que sí están indicado felicitar al paciente, e incluso fijar objetivos como, por ejemplo, número de días sin manchados, con pequeños premios asociados si se consigue la meta. "De esta forma, el rechazo a hacer una actividad que no desea se convierte en un reto con posibilidad de recompensa. Por último, la constancia de los padres y el niño en mantener una dieta adecuada, en conseguir un hábito regular y en la toma de laxante (si este fuera necesario) suelen marcar el éxito terapéutico", agrega el doctor Reyes.

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