Imagen de una persona haciendo ejercicios de fisioterapia. - FUNDACIÓN SAN JUAN DE DIOS
MADRID 23 Jul. (EUROPA PRESS) -
El grupo de investigación de la Fundación San Juan de Dios estudia el uso de la ecografía muscular como herramienta para detectar de forma temprana el deterioro muscular en colectivos especialmente vulnerables, como personas mayores institucionalizadas, pacientes con enfermedades neuromusculares graves como la ELA y mujeres en proceso de recuperación tras un cáncer de mama.
Según informan, la clave de estos estudios reside en los llamados biomarcadores de imagen, que son indicadores cuantitativos obtenidos a partir de las ecografías que permiten conocer qué está ocurriendo en el interior del músculo antes de que aparezcan síntomas evidentes. Gracias a ellos es posible detectar pérdidas de masa muscular, infiltración de tejido no funcional o procesos de deterioro que todavía no son visibles durante una exploración clínica convencional.
"La ecografía es una herramienta accesible, inocua y repetible. No irradia, no es cara y se puede llevar al lado del paciente. Lo que estamos construyendo es la metodología para extraer de esa imagen información que hoy no se usa en la práctica clínica, pero que podría cambiar cómo detectamos y seguimos el deterioro muscular en personas frágiles", ha explicado José Ríos-Díaz, fisioterapeuta e investigador principal del grupo.
Los proyectos actualmente en marcha abarcan desde el análisis de biomarcadores en personas mayores con alta prevalencia de fragilidad hasta el desarrollo de modelos de inteligencia artificial capaces de predecir la progresión de enfermedades neuromusculares a partir de imágenes ecográficas. También incluyen el seguimiento de la musculatura en mujeres intervenidas por cáncer de mama.
Aunque los contextos son diferentes, todos comparten un mismo propósito: detectar antes para poder intervenir de forma más eficaz mediante programas de ejercicio terapéutico, intervenciones nutricionales o estrategias de rehabilitación personalizadas.
FRAGILIDAD A LOS 40 AÑOS
En el Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos, parte de este conocimiento se está aplicando a las personas con problemas de salud mental y discapacidad.
"La fragilidad puede aparecer de forma precoz en personas con problemas de salud mental, y este estudio apuesta por la prevención a través del ejercicio, con un enfoque multidisciplinar y basado en la evidencia, orientado a mejorar la calidad asistencial y de vida", explica Carlos Nieto, enfermero del centro e investigador del proyecto.
La mayoría de los programas de prevención de la fragilidad están dirigidos a personas mayores de 65 años. Sin embargo, los usuarios de salud mental y discapacidad intelectual presentan factores de riesgo como la polifarmacia, el sedentarismo o una mayor probabilidad de sufrir caídas, circunstancias que pueden adelantar la aparición de la fragilidad a edades mucho más tempranas, incluso a los 40 años.
Para abordar esta realidad, el centro está implementando el programa Vivifrail, considerado una referencia europea en la prevención de la fragilidad y respaldado por la Organización Mundial de la Salud. La iniciativa combina ejercicio físico estructurado, valoración nutricional individualizada y seguimiento especializado por parte de fisioterapeutas.
Como elemento diferencial, el proyecto incorpora también la ecografía muscular como herramienta objetiva para monitorizar los cambios que se producen en la musculatura de los participantes. De esta forma, la investigación desarrollada desde el ámbito universitario encuentra una aplicación directa en la práctica clínica, permitiendo evaluar con mayor precisión la evolución de los pacientes y la efectividad de las intervenciones.
El enfoque es multidisciplinar y persigue un objetivo que va más allá de una intervención puntual. Se trata de construir un modelo asistencial sostenible que permita anticiparse al deterioro funcional, mejorar la calidad de vida de las personas atendidas y demostrar que la prevención de la fragilidad también es posible en colectivos que tradicionalmente han permanecido al margen de estas estrategias.
EL AGUA COMO TRATAMIENTO PREVENTIVO
En el Hospital Fundación San José, la prevención del deterioro funcional y la fragilidad forman parte del abordaje integral de las personas con enfermedades neurológicas o daños cerebrales adquiridos. En sus diferentes unidades de Neurorrehabilitación, los profesionales trabajan para identificar de forma precoz las limitaciones que pueden comprometer la autonomía de los pacientes, desarrollando programas individualizados orientados a mantener la capacidad funcional, prevenir complicaciones asociadas al inmovilismo y mejorar la calidad de vida.
Este enfoque se complementa con intervenciones innovadoras como la terapia en el agua, una herramienta terapéutica que facilita el movimiento en personas con limitaciones motoras, reduce la carga articular y permite trabajar la fuerza, el equilibrio y la resistencia en un entorno seguro.
El medio acuático, gracias a la fuerza de empuje, disminuye la carga corporal y permite realizar movimientos que en tierra serían más difíciles o incluso imposibles. Así se facilita una práctica más activa y segura favoreciendo el aprendizaje motor, la participación activa en los programas de rehabilitación y la prevención del deterioro funcional para mantener la máxima autonomía posible.
"En pacientes con daño neurológico o neuromuscular el deterioro muscular puede limitar la capacidad física y reducir las oportunidades de movimiento, también necesarias en el proceso de rehabilitación. Por ello, es fundamental intervenir de manera temprana mediante programas de rehabilitación individualizados y guiados por fisioterapeutas especializados en el trabajo acuático", señala María Alonso, responsable de la Unidad de Terapia en el Agua del Hospital Fundación San José. Prevención en la Educación Especial