Eliminar el tejido circundante de tumor cerebral duplica la supervivencia

Publicado 07/02/2020 7:04:46CET
Las células progenitoras neuronales viajan desde la zona subependimaria al bulbo olfatorio.
Las células progenitoras neuronales viajan desde la zona subependimaria al bulbo olfatorio. - HELMHOLTZ ZENTRUM MÜNCHEN / JACOB KJELL

MADRID, 7 Feb. (EUROPA PRESS) -

La supervivencia puede ser más del doble para los adultos con glioblastoma, el tipo de tumor cerebral más común y mortal, si los neurocirujanos extirpan el tejido circundante tan agresivamente como eliminan el núcleo canceroso del tumor, según una nueva investigación que publica la revista 'JAMA Oncology'.

Este descubrimiento, recogido en un estudio retrospectivo dirigido por investigadores de la Universidad de California San Francisco (UCSF), es una buena noticia para los miembros de la comunidad de glioblastoma, que celebró su último avance en 2005 con la introducción del medicamento de quimioterapia temozolomida.

La extirpación del tumor que no se ilumina en la resonancia magnética cuando se inyecta un agente de contraste en la vena, representa un cambio de paradigma para los neurocirujanos, según el autor principal y neurocirujano Mitchel Berger, director del Centro de Tumores Cerebrales de la UCSF.

"Tradicionalmente, el objetivo de los neurocirujanos ha sido lograr la resección total, la extirpación completa del tumor que se ve con contraste --explica Berger--. Este estudio muestra que tenemos que recalibrar la forma en que hemos estado haciendo las cosas y, cuando es seguro incluir un tumor sin realce de contraste para lograr la resección máxima".

La supervivencia promedio para el 91 por ciento de los pacientes con glioblastoma cuyo tumor se caracteriza por mutaciones de tipo salvaje IDH es de 1,2 años, según un estudio de 2019. Sin embargo, el 9 por ciento restante tiene un tipo de glioblastoma clasificado como mutante IDH, con una supervivencia promedio de 3,6 años.

En su estudio, los investigadores rastrearon los resultados de 761 pacientes recién diagnosticados en la UCSF que habían sido tratados entre 1997 y 2017. Los pacientes, cuya edad promedio era de 60 años, se dividieron en cuatro grupos con riesgo variable según la edad, los protocolos de tratamiento y el alcance de las resecciones de tumores con y sin contraste.

Identificaron un grupo de 62 pacientes cuya supervivencia promedio fue de 37,3 meses (3,1 años). Estos pacientes tenían tumores mutantes con IDH, o tenían menos de 65 años con tumores de tipo salvaje con IDH y habían recibido radiación y quimioterapia con temozolomida en prácticamente todos los casos. Cada uno tuvo resecciones con una mediana de 100 por ciento de tumor con contraste y una mediana de 90 por ciento de tumor sin contraste.

En comparación, sus contrapartes, 212 pacientes menores de 65 años que habían recibido las mismas terapias, pero tenían resecciones más modestas del tumor no potenciador, sobrevivieron solo 16,5 meses (1,4 años) en promedio, o aproximadamente la mitad del tiempo. Estos resultados se verificaron con cohortes de pacientes en la Clínica Mayo y el Estudio de tumor cerebral de Ohio de la Clínica Cleveland.

Entre el grupo de pacientes que sobrevivieron más tiempo, aquellos con tumor de tipo IDH tuvieron un rendimiento aproximadamente tan bueno como aquellos con la variante mutante de IDH cuando se eliminó una porción del tumor que no se ve con contraste, señalaron los autores.

"La diferencia fue que los pacientes con tumor de tipo salvaje IDH disminuyeron más rápidamente después de la marca de tres años", señala la primera autora Annette Molinaro, del Departamento de Cirugía Neurológica de la UCSF y el Departamento de Epidemiología y Bioestadística.

Los investigadores advierten de que la resección máxima solo debe lograrse cuando se puede realizar de forma segura utilizando técnicas como el mapeo cerebral intraoperatorio. Esto significa que las áreas del cerebro responsables del habla, motora, sensorial y cognitiva se prueban durante la cirugía para garantizar que estas áreas funcionales se conserven.

"Hay un beneficio de supervivencia para la resección máxima para pacientes con glioblastoma, pero como cirujanos debemos eliminarlos de una manera que limite las lesiones en el resto del cerebro", añade el coautor y neurocirujano Shawn Hervey-Jumper, del UCSF Brain Tumor Center y del Weill Institute for Neurosciences.

"Aunque estos datos muestran un beneficio de supervivencia asociado con la resección máxima, sigue siendo críticamente importante que hagamos todo lo posible para eliminar el tumor de una manera que no perjudique al paciente", puntualiza Hervey-Jumper, señalando que aproximadamente el 80 por ciento de los centros médicos no ofrece mapeo cerebral.

Si bien siempre se debe considerar la resección máxima de los tumores tanto potenciadores como no, Molinaro puntualiza que estamos muy lejos de lograr una cura para el glioblastoma.

"Es un tumor complejo de tratar por varias razones --destaca--. Uno de los desafíos es que la barrera hematoencefálica, la red de vasos sanguíneos que actúa como el guardián del cerebro, impide que muchos agentes cancerosos alcancen su objetivo. Otro desafío es que estos son tumores heterogéneos provocados por múltiples mutaciones, si apuntas a una mutación, otras prosperarán".

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