Archivo - Conceptos de gimnasio de entrenamiento cruzado, ejercicio y concentración. - TEMPURA/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 16 Sep. (EUROPA PRESS) -
El ejercicio estructurado puede ayudar a las personas con cáncer a vivir más tiempo y a tener más tiempo libre de la enfermedad según expertos de la Universidad de Taipéi, Taiwán. El trabajo sintetiza la evidencia disponible y se publica en línea en el 'British Journal of Sports Medicine'.
Los beneficios en términos de supervivencia y riesgo de recurrencia fueron mayores en la enfermedad en etapa temprana, en aquellos que realizaron ejercicio aeróbico o ejercicio aeróbico combinado con entrenamiento de fuerza, y en aquellos que lograron mantener sus rutinas de ejercicio, según indican los hallazgos. Su análisis lleva a los investigadores a concluir que incorporar el potencial terapéutico del ejercicio en el tratamiento del cáncer merece ser considerado.
Los investigadores señalan que el cáncer reaparece en entre el 20% y el 40% de los pacientes, incluso después de la cirugía curativa estándar y la quimioterapia. Si bien el ejercicio estructurado se recomienda ampliamente para aliviar la fatiga y mejorar el funcionamiento físico y la calidad de vida, su potencial para prolongar la supervivencia y evitar la recurrencia de la enfermedad sigue siendo objeto de debate, añaden.
Con el fin de reforzar la base de evidencia, los investigadores examinaron minuciosamente las bases de datos de investigación en busca de ensayos clínicos controlados aleatorios publicados hasta finales de 2025 que informaran sobre la supervivencia y la recurrencia de la enfermedad en adultos con cáncer confirmado a quienes se les administraron programas de ejercicio estructurados como parte de su atención médica.
EL TIPO DE CÁNCER MÁS COMÚN ESTUDIADO FUE EL DE MAMA
De una muestra inicial de 123 estudios, 21 ensayos clínicos de Norteamérica, Europa, Australia y Asia, con un total de 8449 participantes (88% mujeres), cumplieron los criterios de elegibilidad. La edad promedio de los participantes fue de 54 años (rango: 47-76), y el período promedio de seguimiento fue de 64 meses (rango: 2-99 meses). El tipo de cáncer más común estudiado fue el de mama, seguido por el de intestino y páncreas.
El análisis conjunto de los resultados mostró que el ejercicio estructurado se asoció con mejoras significativas en la supervivencia general. Quienes realizaban ejercicio como parte de su tratamiento tenían un 23% menos de probabilidades de morir y un 17% menos de probabilidades de sufrir una recaída antes de fallecer, en comparación con quienes no lo hacían. Análisis independientes revelaron que también tenían un 18% menos de probabilidades de morir por cualquier causa y un 26% menos de probabilidades de morir a causa de su cáncer.
No obstante, no había pruebas claras de que el ejercicio estructurado prolongara el tiempo antes de que el cáncer de los pacientes empeorara o aumentara la probabilidad de que no quedara ningún cáncer invasivo después del tratamiento estándar.
Un análisis exploratorio demostró que las asociaciones eran más fuertes entre los participantes que completaron al menos el 70% de su programa de ejercicios. Las estimaciones generales de supervivencia favorecieron el ejercicio aeróbico solo y los programas que combinaban ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza.
EL EJERCICIO DE FUERZA NO HA DADO TAN BUEN RESULTADO
No se encontró una asociación clara para el entrenamiento de fuerza solo, pero este hallazgo se basó únicamente en un ensayo con 129 participantes, señalan los investigadores.
"El ejercicio aeróbico favorece el acondicionamiento cardiovascular sistémico, la movilización de células inmunitarias y la normalización de la perfusión tumoral, mecanismos directamente relevantes para el control sistémico del tumor", explican los investigadores.
Según sugieren, existen explicaciones biológicas plausibles para los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la supervivencia al cáncer y el riesgo de recurrencia. El ejercicio puede potenciar la respuesta del sistema inmunitario al cáncer y mejorar el flujo sanguíneo en los tumores, lo que podría contribuir a una mejor eficacia del tratamiento.
Además, puede reducir los niveles circulantes de hormonas sexuales específicas y aumentar la captación de glucosa por los músculos, disminuyendo así la disponibilidad de esta para alimentar las células cancerosas, destacan. Asimismo, puede ayudar a las células a reparar el daño en el ADN, lo que podría limitar los cambios que pueden hacer que los tumores sean más agresivos.
Los investigadores reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos, entre ellas la migración de participantes en los grupos de comparación hacia comportamientos más saludables; variaciones considerables en el tipo, la duración y la intensidad de las intervenciones de ejercicio incluidas; y un predominio de la evidencia procedente de ensayos sobre cáncer de mama, con relativamente poca evidencia sobre la enfermedad en estadio avanzado.
EL METAANÁLISIS PROPORCIONA EVIDENCIA DIRECTA
No obstante, el metaanálisis proporciona evidencia directa y cuantificada que sugiere que los beneficios del ejercicio estructurado pueden extenderse más allá de la atención de apoyo a resultados tradicionalmente asociados con intervenciones terapéuticas, "al tiempo que subraya que los efectos observados dependen del contexto y son sensibles al diseño, la realización y la viabilidad del ensayo".
"Basándose en esta evidencia, los médicos pueden recomendar razonablemente el ejercicio estructurado como parte de la atención oncológica, si bien reconocen que aún quedan preguntas importantes por responder y que los ensayos en curso seguirán perfeccionando su aplicación óptima", concluyen.