Publicado 06/04/2021 07:49CET

La diversidad de la fauna es buena para nuestra salud y ayuda a evitar futuras pandemias

Los ecosistemas con una diversidad de mamíferos, incluidos los cuerpos más grandes y las criaturas de vida más larga como los zorros, son mejores para nuestra salud.
Los ecosistemas con una diversidad de mamíferos, incluidos los cuerpos más grandes y las criaturas de vida más larga como los zorros, son mejores para nuestra salud. - ALI RAJABALI / FLICKR

MADRID, 6 Abr. (EUROPA PRESS) -

Cada vez hay más pruebas que apuntan a que la pérdida de biodiversidad aumenta nuestra exposición a patógenos zoonóticos tanto nuevos como ya establecidos. Por ello, restaurar y proteger la naturaleza es esencial para prevenir futuras pandemias, según un nuevo artículo de la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) que sintetiza los conocimientos actuales sobre cómo la biodiversidad afecta a la salud humana y ofrece recomendaciones para que la investigación futura sirva de guía para la gestión.

La autora principal, Felicia Keesing, profesora del Bard College y científica visitante del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas, en Estados Unidos, explica que "existe un mito persistente según el cual las zonas silvestres con altos niveles de biodiversidad son focos de enfermedades. Más diversidad de animales equivale a más patógenos peligrosos. Pero esto resulta ser erróneo. La biodiversidad no es una amenaza para nosotros, sino que en realidad nos protege de las especies más propensas a enfermarnos", asegura.

Las enfermedades zoonóticas como el COVID-19, el SARS y el Ébola están causadas por patógenos que comparten los seres humanos y otros animales vertebrados. Pero las especies animales difieren en su capacidad de transmitir los patógenos que nos hacen enfermar.

Rick Ostfeld, ecologista de enfermedades en el Instituto Cary y coautor del artículo, explica que "la investigación está demostrando que las especies que prosperan en paisajes desarrollados y degradados suelen ser mucho más eficaces a la hora de albergar patógenos y transmitirlos a las personas. En los paisajes menos perturbados y con más diversidad animal, estos reservorios de riesgo son menos abundantes y la biodiversidad tiene un efecto protector", señala.

Los roedores, los murciélagos, los primates, los mamíferos de pezuña hendida, como las ovejas y los ciervos, y los carnívoros han sido señalados como los taxones de mamíferos con mayor probabilidad de transmitir patógenos a los humanos. Keesing y Ostfeld señalan que "es mucho más probable que el próximo patógeno emergente provenga de una rata que de un rinoceronte".

Esto se debe a que los animales con historias de vida rápidas tienden a ser más eficientes en la transmisión de patógenos. Keesing explica que "los animales que viven rápido, mueren jóvenes y tienen una madurez sexual temprana con mucha descendencia tienden a invertir menos en sus respuestas inmunitarias adaptativas. Suelen ser mejores transmisores de enfermedades, en comparación con los animales más longevos y con mayor inmunidad adaptativa".

Cuando se pierde la biodiversidad de las comunidades ecológicas, las especies de mayor tamaño y vida larga tienden a desaparecer primero, mientras que las especies de menor tamaño con historias de vida rápidas tienden a proliferar.

La investigación ha descubierto que los mamíferos huéspedes de virus zoonóticos tienen menos probabilidades de ser especies de interés para la conservación (es decir, son más comunes), y que tanto para los mamíferos como para las aves, el desarrollo humano tiende a aumentar la abundancia de especies huéspedes zoonóticas, acercando a las personas y a los animales de riesgo.

"Cuando erosionamos la biodiversidad, favorecemos a las especies que tienen más probabilidades de ser huéspedes zoonóticos, lo que aumenta el riesgo de que se produzcan eventos de contagio --señala Ostfeld--. La gestión de este riesgo requerirá una mejor comprensión de cómo cosas como la conversión del hábitat, el cambio climático y la sobreexplotación afectan a los huéspedes zoonóticos, y cómo la restauración de la biodiversidad en áreas degradadas podría reducir su abundancia".

Para predecir y prevenir el contagio, Keesing y Ostfeld destacan la necesidad de centrarse en los atributos de los hospedadores asociados a la transmisión de enfermedades, en lugar de seguir debatiendo la importancia primordial de uno u otro taxón.

Ostfeld explica que "deberíamos dejar de suponer que hay una única fuente animal para cada patógeno emergente. Los patógenos que saltan de los animales a las personas suelen encontrarse en muchas especies animales, no en una sola. Al fin y al cabo, son saltadores y suelen moverse entre especies con facilidad".

Desentrañar las características de los huéspedes zoonóticos eficaces --como sus estrategias inmunitarias, su resistencia a las perturbaciones y sus preferencias de hábitat- es fundamental para proteger la salud pública. La previsión de los lugares en los que prosperan estas especies, y en los que es probable la transmisión y aparición de patógenos, puede orientar las intervenciones específicas.

Keesing señala que "la restauración de la biodiversidad es una frontera importante en la gestión del riesgo de enfermedades zoonóticas. Los patógenos que llegan a infectar a los humanos (patógenos zoonóticos) suelen proliferar como resultado del impacto humano".

Concluye que, "mientras reconstruimos nuestras comunidades después de COVID-19, debemos tener firmemente presente que una de nuestras mejores estrategias para prevenir futuras pandemias es proteger, preservar y restaurar la biodiversidad".