Archivo - Bebé prematuro. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ONDROOO - Archivo
MADRID, 23 Jul. (EUROPA PRESS) -
Un estudio histórico de 34 años de duración, codirigido por la Universidad de Warwick (Reino Unido), ha realizado un seguimiento de los bebés prematuros desde su nacimiento hasta la edad adulta intermedia e identifica el desarrollo cognitivo temprano como el predictor más importante de quién prospera y quién tiene dificultades en la edad adulta.
La mayoría de los adultos nacidos muy prematuramente o con muy bajo peso al nacer logran construir vidas estables y satisfactorias a mediados de los 30 años, pero alrededor de uno de cada cinco enfrenta un conjunto de dificultades duraderas con el empleo, las relaciones sentimentales y las amistades, según una nueva investigación publicada en ‘JAMA Pediatrics’.
El Estudio Longitudinal Bávaro, dirigido por el profesor Dieter Wolke en la Universidad de Warwick, siguió a 416 adultos, 214 de los cuales nacieron muy prematuros (antes de las 32 semanas) o con muy bajo peso al nacer (menos de 1,5 kg), desde su nacimiento a mediados de la década de 1980 hasta los 34 años, lo que lo convierte en uno de los estudios de cohortes de mayor duración de su tipo a nivel internacional.
Mediante entrevistas detalladas sobre el curso de la vida que abarcaban la evitación de riesgos, la riqueza y las relaciones con padres, parejas y amigos, los investigadores identificaron tres patrones distintos de funcionamiento en la edad adulta.
Por una parte, los de funcionamiento óptimo (nacimientos a término: 74%; nacimientos prematuros: 56%), que tuvieron un buen desempeño en todas las áreas de la vida. Luego estuvieron los de funcionamiento moderado (a término: 24%; prematuros: 26%), a los que generalmente les va bien, pero tienen dificultades en sus relaciones sentimentales y un menor éxito económico. Finalmente estaría el grupo de bajo funcionamiento económico y social (nacimientos a término: 1,5%; nacimientos prematuros: 18%), con dificultades con el dinero, las amistades y las relaciones de pareja.
La doctora Elif Gönen, del departamento de Psicología de la Universidad de Warwick, reflexiona: “Nuestros datos muestran que poco más de la mitad de los nacidos muy prematuramente o con muy bajo peso al nacer mostraron un funcionamiento óptimo en cuanto a evitación de riesgos, riqueza y relaciones sociales, mientras que el 18% mostró un funcionamiento bajo, en comparación con el 1,5% de los bebés nacidos a término. “Los adultos del grupo con bajo nivel de funcionamiento calificaron su satisfacción vital mucho más baja que los demás grupos”, declara.
Para comprender qué factores influyeron en estos resultados en la edad adulta, el equipo de investigación examinó una amplia gama de influencias de la infancia, incluyendo el nacimiento prematuro, el sexo, el autocontrol, la calidad de la crianza, las relaciones con los compañeros en la escuela primaria, los ingresos y los antecedentes familiares, el clima familiar y la propia relación de los padres.
Varios factores, individualmente, estaban relacionados con el éxito de las personas en la edad adulta, como haber nacido a término, el esfuerzo que dedicaban a las tareas y una crianza positiva. Pero al considerar todos los factores en conjunto, solo uno destacó como un predictor sólido e independiente: el coeficiente intelectual infantil a los 8 años.
Un aumento de 15 puntos en el coeficiente intelectual infantil, aproximadamente la diferencia promedio observada entre los niños nacidos muy prematuramente y sus compañeros nacidos a término, se asoció con una reducción del 79% en las probabilidades de un funcionamiento económico y social deficiente en la edad adulta.
El profesor Dieter Wolke, del Departamento de Psicología de la Universidad de Warwick, agrega: “Durante décadas, la pregunta que más nos han hecho es si los niños nacidos muy prematuramente están destinados a tener dificultades en la vida. Este estudio ofrece una respuesta esperanzadora y matizada. La mayoría de las personas nacidas muy prematuramente se desenvuelven bien en la treintena, construyendo carreras, relaciones y amistades como cualquier otra persona. Pero existe una minoría considerable que sigue enfrentándose a dificultades reales y nos dice que su vida es dura y poco satisfactoria”.
Lo más llamativo fue que el hilo conductor de todo esto era la capacidad cognitiva infantil, y esta no es algo inmutable. Depende del entorno en el que crece el niño. Fomentar las habilidades de pensamiento y aprendizaje desde temprana edad, mediante una crianza positiva y una buena educación, podría marcar una verdadera diferencia en cómo se desarrollarán sus vidas décadas después.
Con tasas de supervivencia para bebés muy prematuros y con muy bajo peso al nacer que rondan el 95%, un número cada vez mayor de personas que antes no habrían sobrevivido a la infancia ahora llegan a la edad adulta, y los investigadores afirman que comprender qué les ayuda a prosperar es una prioridad creciente para la salud pública.
Los resultados sugieren que, en lugar de centrarse únicamente en gestionar los riesgos asociados al parto prematuro, la inversión en el desarrollo cognitivo temprano a través del apoyo a los padres y las intervenciones escolares podría tener beneficios duraderos, tanto para los niños nacidos prematuramente como para los nacidos a término, porque estas son áreas en las que es posible un cambio significativo.