Detectan más riesgo de ataque cardiaco e ictus en los meses previos al diagnóstico de cáncer

Ictus, derrame cerebral, cerebro
ONALD REAGAN UCLA MEDICAL CENTER - Archivo
Publicado 26/12/2018 7:49:32CET

MADRID, 26 Dic. (EUROPA PRESS) -

Los adultos mayores con cáncer tienen más probabilidades de haber tenido un ataque cardiaco o un derrame cerebral en los meses anteriores a su diagnóstico de cáncer en comparación con adultos similares que no tienen cáncer durante el mismo periodo, según un informe publicado este viernes en la edición digital de 'Blood'. Los cánceres de pulmón y colon, así como los cánceres en etapas avanzadas, parecen estar más fuertemente vinculados con un riesgo elevado de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular causados ??por coágulos de sangre en las arterias.

El estudio es una gran evaluación sistemática de estos eventos que conducen a un diagnóstico de cáncer, según sus autores, investigadores de 'Weill Cornell Medicine', 'NewYork-Presbyterian' y 'Memorial Sloan Kettering Cancer Center' en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos.

"Nuestros datos muestran que hay un riesgo asociado de accidente cerebrovascular isquémico y ataque cardiaco que comienza a aumentar en los cinco meses anteriores al diagnóstico oficial y al máximo en el mes anterior", explica el autor principal del estudio, Babak Navi, profesor asociado de Neurología en el Departamento de Neurología y de Neurociencia en el Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente Feil en 'Weill Cornell Medicine'.

"Estos resultados sugieren que el efecto del cáncer en el sistema de coagulación puede ser lo que predomina el riesgo asociado de ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares", añade este investigador, también neurólogo en el Centro Médico NewYork-Presbyterian/Weill Cornell.

Los cánceres pueden tardar meses y, a veces, años en desarrollarse y diagnosticarse, y algunos cánceres pueden estar ejerciendo efectos biológicos en el cuerpo, especialmente actividad tromboembólica, antes de que los pacientes acudan en busca de atención médica, explica.

Los científicos utilizaron información de una base de datos de Medicare vinculada al registro de Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales (SEER, por sus siglas en inglés) y analizaron retrospectivamente el riesgo de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular en personas de 67 años de edad o más que fueron diagnosticadas recientemente con cáncer de mama, pulmón, próstata, colorrectal, de vejiga, linfoma no Hodgkin, uterino, pancreático y gástrico desde el 1 de enero de 2005 hasta el 31 de diciembre de 2013.

En conjunto, estos cánceres representan dos tercios de todos los diagnósticos de cáncer en Estados Unidos. El estudio incluyó a 748.662 beneficiarios de Medicare y comparó a los pacientes con cáncer con controles pareados durante los 360 días anteriores al diagnóstico de cáncer.

UN 70 POR CIENTO MÁS DE RIESGO UN AÑO ANTES DEL CÁNCER

En general, el riesgo de sufrir un ataque cardiaco y un derrame cerebral aumentó en un 70 por ciento en el año anterior al diagnóstico de cáncer. El riesgo fue más agudo en el mes inmediatamente anterior al diagnóstico de cáncer. Durante este tiempo, los pacientes que luego fueron diagnosticados con cáncer tenían más de cinco veces más probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o un derrame cerebral en comparación con los que no tenían cáncer: 2.313 de los pacientes con cáncer tuvieron un evento en comparación con 413 de los controles emparejados.

Más de cinco meses antes de un diagnóstico de cáncer, los riesgos de estos eventos fueron similares en ambos grupos. La tasa de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular fue mayor en adultos con cánceres de pulmón y colorrectal y en aquellos con enfermedad en estadio 3 o 4. Cuando se analizaron por separado, tanto el riesgo de ataque cardiaco como el de accidente cerebrovascular aumentaron en los meses anteriores al diagnóstico de cáncer, aunque los eventos de ataque cardiaco fueron ligeramente más comunes que los accidentes cerebrovasculares.

Los análisis secundarios de los tipos de eventos tromboembólicos arteriales adicionales (es decir, el tromboembolismo de las arterias que suministran a las extremidades periféricas o mesenterio) confirmaron aún más los hallazgos principales. Los datos confirman la asociación entre el ataque cardiaco y el accidente cerebrovascular con el desarrollo del cáncer y detallan cuándo comienza el riesgo y su magnitud relativa, dice Navi, quien también es jefe de la División de Apoplejía y Neurología Hospitalaria en el Departamento de Neurología de 'Weill Cornell Medicine' y 'NewYork-Presbyterian/Weill Cornell'.

"Nuestros hallazgos sugieren que el cáncer podría ser un factor de riesgo para el tromboembolismo arterial, por lo que las personas que tienen un ataque cardiaco o un derrame cerebral deben estar al día con sus exámenes de detección de cáncer específicos para su edad y género, como mamografías y colonoscopias", afirma el doctor Navi. "Si alguien tiene un ataque cardiaco o un derrame cerebral y hay signos preocupantes de una enfermedad maligna no diagnosticada, como pérdida de peso o anemia inexplicable, tal vez se deba considerar una prueba de detección de cáncer", añade.

El doctor Navi y su equipo están planificando futuros estudios de investigación para comprender mejor qué biomarcadores de sangre o de imágenes podrían servir como pistas para el cáncer oculto en pacientes con tromboembolismo arterial, así como también la utilidad de las imágenes de tomografía computarizada (TC) del cuerpo u otras herramientas de detección de cáncer para estos pacientes, particularmente en aquellos cuyos accidentes cerebrovasculares o ataques cardiacos no se explican de otra manera. El doctor Navi también destacó que se necesitan más investigaciones para determinar la causa exacta del tromboembolismo arterial en pacientes con cáncer y las estrategias óptimas para prevenir y tratar estos eventos.

El uso de los datos de las reclamaciones no permitió a los investigadores tener en cuenta los factores del estilo de vida, como el estado de fumar, la gravedad del evento o la forma en que las interrupciones en las terapias de adelgazamiento de la sangre antes de los procedimientos quirúrgicos pueden haber sido importantes. Además, algunos de los eventos podrían haber llevado a un diagnóstico de cáncer debido al aumento de la vigilancia y las pruebas médicas.

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