Descubren que moléculas producidas por bacterias intestinales pueden indicar enfermedades hepáticas y biliares

Grupo de investigadores del IBSAL y la Universidad de Salamanca.
Grupo de investigadores del IBSAL y la Universidad de Salamanca. - IBSAL
Infosalus
Publicado: jueves, 19 febrero 2026 12:33

SALAMANCA 19 Feb. (EUROPA PRESS) -

Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), y la Universidad de Salamanca ha descubierto un nuevo mecanismo de comunicación entre el intestino y el hígado, ya que ciertas moléculas producidas por la microbiota intestinal "no solo actúan localmente en el intestino, sino que pueden recorrer todo el circuito enterohepático y aparecer en la bilis humana".

El hallazgo, publicado en la revista Hepatology', demuestra por primera vez que los llamados ácidos biliares microbianos amidados (MABAs) que son moléculas generadas cuando bacterias intestinales modifican los ácidos biliares, están presentes en la bilis de pacientes con enfermedades del hígado, el páncreas y las vías biliares, tal y como han apuntado en un comunicado recogido por Europa Press.

Según destaca el estudio, los ácidos biliares son sustancias producidas por el hígado que actúan como "detergentes naturales", imprescindibles para digerir las grasas y absorber vitaminas.

Hasta hace pocos años se pensaba que su composición estaba estrictamente controlada por el propio organismo. Sin embargo, estudios recientes habían identificado en animales pequeñas cantidades de ácidos biliares modificados por bacterias intestinales, han añadido en su comunicado.

"Nos preguntamos si esas moléculas, que se habían observado en ratones, también existían en humanos y si se quedaban en el intestino o seguían todo el circuito de los ácidos biliares", ha explicado el investigador principal del estudio y líder del grupo de Hepatología Experimental y Vectorización de Fármacos (Hevepharm), José Juan García Marín, que pertenece al Centro Nacional de Investigación Biomédica en Red para el Estudio de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (Ciberehd) del Instituto de Salud Carlos III.

Para responder a esta pregunta, y en colaboración con el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca y otros centros nacionales e internacionales, el equipo ha analizado más de 200 muestras de bilis humana procedentes de pacientes con distintas patologías hepatopancreatobiliares -como el colangiocarcinoma, el cáncer de las vías biliares-, con técnicas de espectrometría de masas de alta resolución, capaces de detectar cantidades extremadamente pequeñas.

"Queríamos estar seguros de que no se trataba de una observación puntual. Por eso combinamos el análisis de muestras de pacientes con modelos animales y sistemas celulares, lo que nos permitió seguir el recorrido de estas moléculas paso a paso", ha señalado el investigador.

Los resultados han mostrado que aproximadamente la mitad de los pacientes estudiados presentaban MABAs en la bilis, aunque en concentraciones un millón de veces menores que las de los ácidos biliares normales. Estas moléculas no han aparecido en personas sanas y su presencia ha sido más frecuente en situaciones en las que el flujo de bilis hacia el intestino está alterado.

"Encontrarlas en la bilis humana fue clave, porque demuestra que estas moléculas bacterianas no son una curiosidad local del intestino, sino que se comportan como auténticos ácidos biliares y recorren todo el sistema", ha señalado García Marín.

MODELOS ANIMALES Y CELULARES

El estudio también ha demostrado, mediante modelos animales y celulares, que los MABAs se absorben en el intestino, entran en la circulación portal y son captados por el hígado a través de los mismos transportadores que utilizan los ácidos biliares clásicos.

"Hasta ahora se asumía que estas moléculas se quedaban en el intestino, pero nuestros resultados demuestran que pueden atravesar todo el eje intestino-hígado y llegar a la bilis. Esto cambia la forma en que entendemos la comunicación entre la microbiota y el organismo", ha explicado el catedrático de Fisiología de la Universidad de Salamanca.

Aunque los MABAs no parecen tener efectos tóxicos ni consecuencias clínicas directas, su presencia aporta una información valiosa, ya que reflejan un desequilibrio en la microbiota intestinal, lo que se conoce como disbiosis.

"Estas moléculas podrían actuar como una especie de huella química que indica que el ecosistema intestinal no está en equilibrio", ha explicado el investigador principal, que ha explicado que no se sabe aún "si tienen un papel funcional", pero que su aparición revela "que algo está cambiando en la relación entre el intestino y el organismo".

El equipo considera que este descubrimiento abre "nuevas posibilidades a medio y largo plazo". Una de ellas es el desarrollo de nuevos biomarcadores que permitan detectar alteraciones de la microbiota de forma sencilla.

"Si conseguimos amplificar la señal y detectarlas en sangre, podrían convertirse en una herramienta muy útil para identificar estados de disbiosis y personalizar tratamientos", ha explicado el químico del equipo, Álvaro Gacho Temprano, que trabaja actualmente en el desarrollo de métodos de detección más sensibles.

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