Archivo - Joven a dieta comiendo lechuga. - VADIMGUZHVA/ISTOCK - Archivo
MADRID, 6 Ago. (EUROPA PRESS) -
¿Por qué algunas personas consiguen recuperarse de la anorexia nerviosa y otras vuelven a recaer pocos meses después? Un equipo de investigadores franceses cree haber encontrado una parte de la respuesta en una hormona poco conocida llamada LEAP2, cuyos niveles son especialmente elevados en los pacientes con peor evolución clínica.
La anorexia nerviosa es un trastorno complejo que afecta principalmente a mujeres jóvenes. Se caracteriza por una restricción alimentaria autoimpuesta, a menudo acompañada de hiperactividad, lo que en conjunto puede provocar desnutrición grave y consecuencias potencialmente mortales. De hecho, la anorexia nerviosa tiene la tasa de mortalidad más alta entre todos los trastornos psiquiátricos.
A pesar de su gravedad, actualmente no existe ningún fármaco eficaz para tratar este trastorno. Los tratamientos existentes se basan en la rehabilitación nutricional y la atención multidisciplinaria; sin embargo, la recuperación puede tardar muchos meses y las tasas de recaída siguen siendo elevadas, llegando hasta el 40%. En la última década, se ha observado cada vez más evidencia de que la anorexia nerviosa no es solo una afección psiquiátrica, sino también un trastorno con una causa metabólica.
LOS NIVELES DE LEAP2 ERAN MÁS ALTOS EN QUIENES RECAÍAN
Las personas con anorexia nerviosa presentan niveles inusualmente altos de una hormona llamada LEAP2 en la sangre durante la fase aguda del trastorno, según una investigación presentada por expertos del Institut de la Santé et de la Recherche Médicale de Francia en el Foro 2026 de la Federación de Sociedades Europeas de Neurociencia, que se celebra en Barcelona, España. Los pacientes con los niveles más altos de LEAP2 tienen mayor probabilidad de sufrir una recaída tras el tratamiento de la anorexia nerviosa.
La investigación sugiere que los niveles de esta hormona están relacionados con la capacidad de controlar los impulsos. Esto podría ser un factor que explique la evitación de alimentos en la anorexia nerviosa o, por el contrario, la alimentación emocional en pacientes con atracones y conductas compensatorias.
Los investigadores también han descubierto que la hormona LEAP2 parece estar relacionada con la regulación del azúcar en sangre y una tolerancia anormal a la falta de alimentación, lo que podría ayudar a explicar por qué los pacientes pueden restringir su ingesta de alimentos durante meses o años.
Los investigadores afirman que sus descubrimientos ayudan a comprender la relación entre los problemas físicos y mentales que subyacen a los trastornos alimentarios y que podrían conducir a mejores pruebas y nuevas formas de tratar la anorexia nerviosa en el futuro.
La investigación fue presentada por Virginie Tolle, neurocientífica del INSERM (Institut de la Santé et de la Recherche Médicale de Francia) que trabaja en el Instituto de Psiquiatría y Neurociencia de París, Francia.
La doctora Tolle y sus colaboradores estudian la anorexia nerviosa en humanos y en ratones, lo que les permite vincular las observaciones clínicas y conductuales en pacientes con estudios del cerebro y el metabolismo que solo pueden realizarse en animales.
La investigación incluyó a 30 mujeres de entre 18 y 60 años diagnosticadas con anorexia nerviosa, quienes recibieron un programa de realimentación de cuatro meses en un centro especializado en trastornos de la alimentación (Clinique des Maladies Mentales et de l'Encéphale, Hospital Sainte-Anne, París, Francia). Las pacientes proporcionaron muestras de sangre antes y después del tratamiento, y nuevamente seis meses después. Asimismo, completaron cuestionarios detallados sobre su comportamiento.
En investigaciones anteriores, la doctora Tolle había estado estudiando una hormona llamada grelina. En circunstancias normales, esta hormona es liberada por el estómago en respuesta al hambre e indica al cerebro que es hora de comer. En las personas con anorexia nerviosa, este proceso parece fallar.
La doctora Tolle y sus colaboradores descubrieron que los pacientes con anorexia nerviosa presentaban niveles un 20% más altos de otra hormona llamada LEAP2 (péptido antimicrobiano 2 expresado en el hígado) en sangre al ser hospitalizados por primera vez, en comparación con sus niveles tras cuatro meses de tratamiento hospitalario.
LA HORMONA TAMBIÉN INFLUYE EN EL HAMBRE Y EL CONTROL DE LOS IMPULSOS
La hormona LEAP2, producida por el hígado y los intestinos, contrarresta la acción de la grelina, anulando así las señales normales de hambre del organismo. Esta diferencia fue particularmente evidente en los pacientes que recayeron seis meses después de recibir el alta hospitalaria.
Este hallazgo, de confirmarse en un mayor número de pacientes, sugiere que la medición de los niveles de LEAP2 podría predecir quién tiene más probabilidades de recaer, lo que permitiría adaptar el tratamiento y la atención para brindar el apoyo adecuado. Un mayor conocimiento de esta molécula y su relación con la anorexia nerviosa también podría conducir al desarrollo de un tratamiento farmacológico para los pacientes en el futuro.
Los cuestionarios revelaron que los pacientes que obtuvieron puntuaciones más altas en el control de impulsos después de cuatro meses de tratamiento hospitalario (cuando recuperaron peso) tenían relativamente menos hormona grelina en comparación con los niveles de LEAP2 en su sangre, especialmente aquellos pacientes que pudieron mantener su aumento de peso seis meses después del tratamiento.
Los investigadores también estudiaron los niveles de grelina y LEAP2 en un grupo de ratones. Para recrear el estado nutricional de la anorexia nerviosa, un grupo de ratonas jóvenes fueron alimentadas normalmente, luego se les restringió la comida al 50% durante 15 días, antes de que se les restableciera la alimentación normal. Se evaluó la impulsividad dándoles a las ratonas la opción de elegir entre una pequeña recompensa de comida que se les entregaba de inmediato o una recompensa mayor que se les entregaba después de un tiempo.
UNA NUEVA PISTA PARA ENTENDER LA ANOREXIA
Los investigadores descubrieron que los ratones eran más impulsivos cuando se les restringía la comida y que su impulsividad solo se recuperaba parcialmente al realimentarlos. Además, se observó que niveles más altos de LEAP2 estaban relacionados con una mayor impulsividad cuando los ratones volvían a comer.
En conjunto, estos resultados sugieren que LEAP2 podría desempeñar un papel en la conexión entre el sistema digestivo y el cerebro, y en cómo esta conexión falla en la anorexia nerviosa.
Tolle destaca: "Nuestros hallazgos sugieren que las señales metabólicas que normalmente regulan el hambre se adaptan de manera diferente en trastornos alimentarios como la anorexia nerviosa. Estas señales también influyen en el cerebro y en los procesos de toma de decisiones. Lo que hemos aprendido sobre LEAP2 sugiere que es una diana potencial para nuevas estrategias terapéuticas muy necesarias. Además, nuestra investigación identifica a LEAP2 como un biomarcador de recaída, lo que sugiere que podría ser posible analizar y monitorizar a los pacientes y adaptar el tratamiento según sea necesario".
La doctora Tolle y su equipo también han descubierto que los ratones con alimentación restringida que son tratados con la hormona LEAP2 tienen dificultades para regular su nivel de azúcar en sangre. Investigaciones recientes han demostrado que existe un vínculo genético entre la anorexia nerviosa y rasgos metabólicos como la glucosa en sangre y la resistencia a la insulina. Esto es importante porque redefine la anorexia nerviosa como un trastorno con orígenes tanto metabólicos como psiquiátricos.
"Nuestros hallazgos más recientes sugieren que en la anorexia nerviosa podría existir una 'tolerancia metabólica' a la desnutrición, y que en algunos pacientes esto podría predecir su tolerancia a la dieta durante muchos meses o incluso años. Si LEAP2 es un biomarcador de esta tolerancia a la desnutrición, podría utilizarse para predecir qué pacientes tienen mayor riesgo de desarrollar la enfermedad más grave y crónica" concluye.
Los investigadores planean estudiar la anorexia nerviosa en un grupo más amplio de pacientes y utilizar nuevas técnicas para medir cómo la grelina y la LEAP2 modifican la actividad de las células cerebrales, con el objetivo de lograr tratamientos más eficaces.