Archivo - Microbioma intestinal. Microbiota - OLEKSANDRA TROIAN/ISTOCK - Archivo
MADRID, 14 Jul. (EUROPA PRESS) -
La enfermedad inflamatoria intestinal afecta a millones de personas y sigue siendo un reto por la dificultad de controlar la inflamación sin alterar el equilibrio de la microbiota. Una nueva investigación apuesta por una estrategia mucho más precisa que las terapias convencionales teniendo en cuenta que la EII está determinada por una combinación de factores genéticos, respuestas inmunitarias y la microbiota intestinal.
Un equipo de investigación de la Universidad McMaster (Canadá) ha desarrollado un enfoque específico para tratar la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) utilizando bacteriófagos, virus que infectan bacterias específicas, para neutralizar los microbios dañinos sin alterar el ecosistema intestinal en genral.
El estudio, publicado en 'Science Translational Medicine', siendo de hecho la portada de la revista, reúne a investigadores de la Facultad de Ingeniería y de la Facultad de Ciencias de la Salud, combinando su experiencia en la ciencia del microbioma y en antimicrobianos específicos para abordar un desafío complejo en la salud intestinal.
El equipo de investigación se centró en un grupo de bacterias conocidas como Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC), que se han relacionado con la inflamación en algunas personas con enfermedad de Crohn. Estas bacterias pueden ser difíciles de identificar y atacar selectivamente, lo que las convierte en un caso de estudio importante para el desarrollo de terapias más precisas basadas en la microbiota.
"Uno de los retos es que las AIEC se definen por lo que hacen, no simplemente por cómo aparecen en un análisis del microbioma", afirma Elena Verdu, profesora del Departamento de Medicina y directora del Instituto de Investigación de la Salud Digestiva de la Familia Farncombe de la Universidad de McMaster. "Para identificarlas, necesitamos analizar su comportamiento, como su capacidad para adherirse e invadir las células intestinales y persistir en las células inmunitarias".
UNA TERAPIA CON VIRUS REDUCE LA INFLAMACIÓN EN CROHN
Trabajando con cepas de E. coli aisladas de pacientes con enfermedad de Crohn, el equipo utilizó modelos experimentales controlados para aislar cómo la AIEC contribuye a la inflamación y explorar formas de neutralizar su comportamiento dañino sin dañar a las bacterias beneficiosas.
Para combatir el AIEC sin causar daños colaterales, el equipo recurrió a los bacteriófagos, o fagos, que son virus que se producen de forma natural e infectan a las bacterias con una precisión asombrosa.
"Los fagos funcionan como un sistema de llave y cerradura: cada fago ataca solo a ciertas bacterias. Esa precisión nos permite intervenir sin eliminar todo el microbioma", explica Zeinab Hosseinidoust, profesora asociada del Departamento de Ingeniería Química y de la Escuela de Ingeniería Biomédica de la citada universidad.
El equipo identificó y caracterizó fagos que atacan selectivamente las cepas de AIEC aisladas de pacientes con EII y descubrió que este enfoque reducía significativamente la inflamación intestinal. Los fagos no eliminaron las bacterias por completo. En cambio, alteraron su comportamiento al suprimir un mecanismo molecular de adhesión que ayuda a la AIEC a adherirse a la mucosa intestinal y desencadenar respuestas inmunitarias. Al desactivarse este mecanismo de virulencia, la inflamación disminuyó.
"Las bacterias seguían ahí, pero habían perdido las características que provocan la inflamación. Nos gusta compararlo con la pérdida de algunos dientes. Las bacterias ya no pueden causar tanto daño", explica Hosseinidoust.
Los investigadores también descubrieron que la terapia con fagos mejoraba la eficacia de un tratamiento con esteroides de uso común para la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Al combinarse con los fagos, una dosis inferior a la estándar produjo beneficios comparables a los de dosis más altas del fármaco solo. Si bien ya se había demostrado que los fagos aumentaban la eficacia de los antibióticos, esta es la primera vez que se informa de una colaboración positiva entre los fagos y un fármaco no antibiótico.
Los hallazgos apuntan a un enfoque de medicina de precisión para la enfermedad inflamatoria intestinal (EII). La función bacteriana a la que se dirige el fago se puede medir en muestras de heces y se observó que era mayor en un subgrupo de pacientes con enfermedad de Crohn, lo que sugiere una posible manera de identificar a aquellos que podrían beneficiarse más de esta terapia.
"Si logramos identificar qué pacientes portan la función bacteriana dañina, podríamos, en el futuro, intervenir con una terapia dirigida diseñada específicamente para reducir esa actividad", incide Verdu.
Los próximos pasos para el equipo incluyen evaluar colecciones más amplias de cepas bacterianas de pacientes con EII y desarrollar combinaciones de fagos, un trabajo que acerca este enfoque a los ensayos en humanos.