Archivo - Imagen de recurso de un ictus. - ISTOCK - Archivo
MADRID, 8 Ene. (EUROPA PRESS) -
Un grupo de científicos de la Universidad Northwestern (EEUU) ha desarrollado un nanomaterial regenerativo inyectable que ayuda a proteger el cerebro tras sufrir un ictus isquémico, el tipo de ictus más común.
Cuando una persona sufre un ictus, los médicos deben restablecer el flujo sanguíneo al cerebro lo más rápido posible para salvarle la vida. Pero, esa avalancha de sangre que salva vidas también puede desencadenar una segunda ola de daño: matando células cerebrales, alimentando la inflamación y aumentando las probabilidades de discapacidad a largo plazo.
En un nuevo estudio preclínico, el equipo administró una única dosis intravenosa, inmediatamente después de restablecer el flujo sanguíneo, en un modelo murino de ictus isquémico. La terapia logró atravesar la barrera hematoencefálica -un gran desafío para la mayoría de los fármacos- para llegar al tejido cerebral y repararlo. El material redujo significativamente el daño cerebral y no mostró signos de efectos secundarios ni toxicidad en los órganos.
Publicado el 7 de enero en la revista 'Neurotherapeutics', los resultados sugieren que esta nueva terapia podría complementar en el futuro los tratamientos actuales del ictus al limitar la lesión cerebral secundaria y favorecer la recuperación.
"Los enfoques clínicos actuales se centran por completo en restablecer el flujo sanguíneo", ha afirmado el doctor Ayush Batra, autor corresponsal del estudio y profesor asociado de neurología (neurocuidados críticos) y patología en la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.
"Cualquier tratamiento que facilite la recuperación neuronal y minimice el daño sería muy potente, pero ese santo grial aún no existe. Este estudio es prometedor porque nos encamina hacia el desarrollo de estas tecnologías y terapias para una necesidad médica no cubierta", ha añadido el investigador.
La terapia inyectable se basa en péptidos terapéuticos supramoleculares (STP), una plataforma desarrollada por Samuel I. Stupp, de Northwestern. Un estudio publicado en 2021 en la revista 'Science' demostró el uso de esta tecnología STP -apodada 'moléculas danzantes'- debido a la naturaleza altamente dinámica de sus agentes terapéuticos, capaces de revertir la parálisis y reparar tejido en ratones tras una sola inyección en el lugar de una lesión grave de la médula espinal.
El nuevo estudio descubrió que los científicos pueden administrar ensamblajes dinámicos similares de moléculas por vía intravenosa, sin necesidad de cirugía ni de una inyección invasiva directa en el cerebro.
"Uno de los aspectos más prometedores de este estudio es que pudimos demostrar que esta tecnología terapéutica, que ha mostrado un enorme potencial en lesiones de la médula espinal, ahora puede comenzar a aplicarse en un modelo de ictus y administrarse de forma sistémica", ha indicado Stupp, autor corresponsal y profesor del Consejo de Administración en Ciencia e Ingeniería de Materiales, Química, Medicina e Ingeniería Biomédica en Northwestern.
"Este mecanismo de administración sistémica y la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica representan un avance significativo que también podría ser útil para tratar lesiones cerebrales traumáticas y enfermedades neurodegenerativas como ELA", ha añadido.
EL ESTUDIO IMITÓ EL TRATAMIENTO REAL DEL ICTUS
El ictus isquémico agudo, que representa el 80 por ciento de todos los ictus en Estados Unidos, es una enfermedad devastadora y una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, ha explicado Batra. Los ictus isquémicos ocurren cuando un coágulo bloquea el flujo sanguíneo al cerebro. Los médicos reabren el vaso sanguíneo administrando fármacos trombolíticos o utilizando dispositivos para retirar quirúrgicamente el coágulo.
Los ictus graves pueden provocar una discapacidad permanente y significativa que afecta a la calidad de vida del paciente y a su capacidad para volver al trabajo y relacionarse con su familia y la sociedad.
"No solo supone una carga personal y emocional importante para los pacientes, sino también una carga económica para las familias y las comunidades. Reducir este nivel de discapacidad con una terapia que pueda ayudar a restaurar la función y minimizar el daño tendría un impacto muy poderoso a largo plazo", ha indicado Batra.
Los resultados son muy relevantes para futuras aplicaciones clínicas porque los científicos probaron el enfoque en un modelo murino que imita de cerca el tratamiento real del ictus isquémico. Primero bloquearon el flujo sanguíneo para simular un ictus isquémico grave y luego lo restablecieron (un proceso llamado reperfusión), tal como hacen los médicos en los pacientes.
Los científicos monitorizaron a los ratones durante siete días y no observaron efectos secundarios significativos ni problemas de biocompatibilidad como toxicidad o rechazo inmunológico. Utilizaron técnicas avanzadas de imagen, como la microscopía intracraneal intravital en tiempo real, para confirmar que la terapia se localizaba en la zona de la lesión.
En comparación con los ratones no tratados, los tratados con las 'moléculas danzantes' presentaron un daño significativamente menor del tejido cerebral, menos signos de inflamación y una reducción de la respuesta inmunitaria excesiva y dañina.
Stupp afirma que la terapia tiene propiedades proregenerativas y antiinflamatorias, ambas responsables de los resultados positivos. "Cuando se produce el bloqueo, se acumulan moléculas dañinas y, de repente, al retirar el coágulo, todos esos 'malos actores' se liberan al torrente sanguíneo, donde causan más daño. Pero las moléculas danzantes llevan consigo cierta actividad antiinflamatoria para contrarrestar estos efectos y, al mismo tiempo, ayudan a reparar las redes neuronales", ha explicado.
LAS 'MOLÉCULAS DANZANTES' DINÁMICAS PUEDEN AJUSTARSE EN CONCENTRACIÓN
El secreto del avance terapéutico de las 'moléculas danzantes' de Stupp reside en ajustar el movimiento colectivo de las moléculas para que puedan encontrar e interactuar correctamente con receptores celulares en constante movimiento.
El tratamiento envía señales que estimulan a las neuronas a repararse a sí mismas. Por ejemplo, puede ayudar a que las fibras nerviosas (llamadas axones) vuelvan a crecer y se reconecten con otras neuronas, restaurando la comunicación perdida. Este proceso se llama plasticidad y significa que el cerebro y la médula espinal pueden adaptarse y reconstruir conexiones tras una lesión.
Batra ha señalado que serán necesarios más estudios para evaluar si este tratamiento puede favorecer una recuperación funcional a largo plazo. Por ejemplo, muchos pacientes con ictus sufren un deterioro cognitivo significativo durante el año posterior al evento. La nueva terapia está preparada para abordar esa lesión secundaria, pero los estudios requerirán un seguimiento más prolongado y pruebas conductuales más sofisticadas.
Además, el equipo está interesado en probar si pueden incorporarse señales regenerativas adicionales a los péptidos terapéuticos para obtener resultados aún mejores.