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MADRID, 5 Feb. (EDIZIONES) -
El momento del parto puede poner en jaque la estabilidad de una persona porque a veces hay que enfrentarse a situaciones difíciles, aunque lo habitual, realmente es que todo vaya bien. Así, hay mujeres que recuerdan su parto como uno de los mejores momentos de su vida, mientras que otras no gozan de tan buena experiencia, y otras apenas recuerdan episodios del mismo.
Hay que tener en cuenta que hoy en día se está trabajando muchísimo por evitar la violencia obstétrica dentro de los paritorios, y cada vez es más la formación y concienciación entre el profesional sanitario al respecto. No obstante, tal y como lamenta en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus la psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal Bianca Granados, a nivel social suelen asociarse los partos traumáticos con la violencia obstétrica, cuando no son lo mismo.
"Aunque cualquier violencia en el parto puede dejar una huella traumática, no todo parto traumático implica haberla sufrido", asevera en su último libro recién publicado 'Matrescencia' (Vergara), motivo por el que la entrevistamos.
EL PARTO TRAUMÁTICO
Con ello, define como 'parto traumático' aquel que, con independencia de cómo pueda evaluarse desde fuera, la mujer vive con miedo intenso, descontrol, o desconexión, aunque desde fuera parezca normal.
Dice que puede darse en un contexto de complicaciones obstétricas, de intervenciones médicas invasivas, o de violencia obstétrica, pero también ante partos fisiológicos, no intervenidos, y clínicamente normales. "Lo que marca un parto traumático no es lo que ocurre en el paritorio, sino cómo vive la mujer y cómo reacciona su sistema nervioso para protegerla", agrega.
QUÉ ES LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA
Además, y sobre la violencia obstétrica, reconoce esta psiquiatra "que existe hoy en día en España, y está normalizada en la cultura hospitalaria, aunque normalmente se ejerce sin conciencia de que sea violencia", al tiempo que avisa de que ésta afecta no sólo a la salud física, sino también en el plano emocional, y social de las mujeres.
"La violencia obstétrica tiene lugar cuando realmente durante el parto se produce una acción que ha agredido o violentado la voluntad de la mujer, o la buena praxis médica. Está vinculada a una formación inadecuada, y a la falta de noción sobre los derechos de las mujeres", aclara Granados.
En este contexto, llama la atención sobre el hecho de que hacer visible la violencia obstétrica no quiere que sea sinónimo de un ataque a los profesionales, sino una ocasión para "dignificar la experiencia de quienes han sido dañadas, a veces sin que nadie lo haya percibido".
Reconoce, eso sí, que hay muchas mujeres que en sus partos sufren situaciones muy potentes y su vivencia del parto es "bastante fastidiada, dolorosa, y traumática", pero no por ello necesariamente esto va de la mano de una mala praxis en el paritorio, de un abuso de poder, de infantilización de la mujer, o de una toma de decisiones sobre el parto cuando la mujer no la comparte, o de una práctica que se haya hecho de manera agresiva, según refiere esta psiquiatra.
"Aunque de forma general nos parece que siempre que hay violencia obstétrica el parto debe ser traumático; estos son conceptos independientes. Hay mujeres que vienen a la consulta sin narrar nada extraño durante su parto, y cuando te cuentan poco a poco se ven algunas barbaridades que pueden ser maniobras de violencia obstétrica, aunque ella no lo ha sentido. A veces, durante las experiencias traumáticas se desconecta para llegar a término, 'hay que hacer lo que haga falta para que el bebé nazca', pero si no es vida o muerte, y si transgrede el derecho de la mujer o su voluntad, sí que es violencia obstétrica", subraya.
A la inversa también, según destaca, hay partos que si los viésemos como por una cámara objetivamente no habría ninguna señal de violencia obstétrica, pero la mujer sí se ha sentido así, ha mantenido una vivencia de parto traumático, o se haya sentido violentada, aunque el médico la haya tratado de forma respetuosa y la matrona haya estado igualmente cuidándola.
"El parto se trata de un momento muy vulnerable, y donde se nos abren todas las heridas que hemos vivido antes. Depende de nuestra forma de ser, de lo que nos haya pasado, y en ese momento tan vulnerable podemos hacer interpretaciones erróneas de las cosas. Hay muchas veces que no son situaciones de violencia obstétrica real, pero sí donde la mujer se ha sentido violentada. Hay que darle valor a cómo se ha sentido la mujer, pero es importante este matiz de vivencia 'versus' datos objetivos de violencia, esto es lo que diferencia una situación de otra", insiste esta psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal.
En este contexto, recuerda que la RAE defiende la violencia obstétrica como: "Apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por parte del personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en abuso de medicalización, y patologización de procesos naturales, con pérdida de autonomía, y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres".
A VECES FALTA INFORMACIÓN
Con ello, hace hincapié en que "respetar no significa hacer lo que la persona pide, sino asegurarnos de que esa persona ha sido informada, comprendida, y acompañada, que entiende qué está decidiendo, y que lo hace en un entorno emocional y clínicamente seguro. Sólo desde ahí, desde un consentimiento informado, consciente, y libre, podremos hablar de decisiones compartidas".
Mantiene que, obviamente, hay situaciones de urgencia en las que hay que actuar rápido, pero la mayor parte de los momentos clínicos, según asegura, no son emergencias vitales, y "ahí es a veces donde no queremos mirar".
Muchas veces, según continúa Granados, las mujeres no están informadas porque desafortunadamente no se dedica tiempo a esto, algo fundamental durante el parto: "Se están produciendo situaciones donde las mujeres no tienen toda la información porque no se les ha dado y el fallo aquí no es de la mujer, sino del sector sanitario. La paciente debe estar informada también en todo momento para evitar este tipo de situaciones (*) No es que las mujeres ahora queramos decidir sobre todo lo que sucede en nuestro cuerpo, ni que a los profesionales les falte capacidad técnica, lo que falta es tiempo y dedicación".
De hecho, defiende que si se atendiera desde el profesional sanitario con "más tiempo, más información, más comprensión, y más empatía no se tendría que seguir hablando de estos términos".
Por eso, según reitera, "la violencia obstétrica puede considerarse un tipo de violencia institucional, y de género, que ocurre cuando se ignoran los derechos, los tiempos, y las necesidades físicas y emocionales de las mujeres durante el parto", y puede manifestarse, según prosigue, de muchas maneras: desde intervenciones sin consentimiento, hasta comentarios despectivos, infantilización, falta de información, o separación innecesaria del bebé.
Esta violencia, "que no siempre es visible", tal y como remarca, impacta así en la salud mental y física de las mujeres, dejando huellas que pueden perdurar en el vínculo con sus hijos.
En último lugar, subraya que "prevenir la violencia obstétrica requiere formación con enfoque de género, protocolos adecuados, comunicación respetuosa, y más tiempo para acompañar; tratar un parto de manera humanizada, con respeto y dignidad".