Archivo - Mujer llevando flores al cementerio. - RAPIDEYE/ISTOCK - Archivo
MADRID, 22 Feb. (EUROPA PRESS) -
Perder a alguien importante remueve por completo la vida: durante meses es normal sentir dolor, un nudo en el estómago y ganas de llorar a destiempo. Con el paso de las semanas, la mayoría consigue ir recolocando ese vacío y retomar cierta normalidad, aunque la ausencia siga pesando.
Pero hay personas para las que ese dolor no se va, ni siquiera muchos meses después, y el duelo se convierte en una especie de bucle del que cuesta salir. Una revisión de expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur apunta por qué en algunos casos el duelo se cronifica y cómo se diferencia del patrón que se ve en la depresión o la ansiedad.
Las alteraciones en las redes cerebrales relacionadas con la recompensa podrían explicar la persistencia del duelo en algunas personas y esclarecer las diferencias entre el trastorno de duelo prolongado (TDP) y la depresión y la ansiedad, según expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia)
CUANDO EL DUELO DEJA DE SER 'NORMAL' Y SE QUEDA BLOQUEADO
Para la mayoría de las personas, el intenso dolor que sigue a la muerte de un ser querido finalmente se atenúa y la vida se reanuda. Pero para algunas, el dolor no disminuye con el tiempo, una condición conocida como trastorno de duelo prolongado (TDP). Así, en esta revisión publicada en la revista 'Trends in Neurosciences de Cell Press', los investigadores examinan los conocimientos sobre la neurobiología del TDP.
"El trastorno de duelo prolongado es la nueva tendencia en cuanto a diagnósticos psiquiátricos", afirma el autor principal, Richard Bryant, investigador de traumas con amplia experiencia en la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). Si bien el duelo se ha estudiado desde hace mucho tiempo, el TDP no se reconoció formalmente hasta 2018.
LO QUE MUESTRAN LOS ESCÁNERES DEL CEREBRO EN EL DUELO PROLONGADO
La experiencia central del TDP se asemeja al duelo típico, con intenso anhelo, añoranza y dolor emocional. Sin embargo, en aproximadamente una de cada 20 personas en duelo, el dolor persiste y dura más de seis meses después de la pérdida.
Pueden sentir que la vida ha perdido su sentido, que parte de su identidad ha desaparecido o que no pueden aceptar la muerte, aunque saben que ha ocurrido. "No es que sea un tipo diferente de duelo. Es simplemente que la persona está atrapada en el duelo", dice Bryant.
Para entender por qué algunas personas permanecen estancadas, Bryant y sus colaboradores recurrieron a la neurobiología del duelo prolongado, un campo que aún está en sus inicios y que a menudo se basa en investigaciones con muestras de tamaño pequeño y diseños experimentales variables, lo que complica las comparaciones entre estudios.
Gran parte de la investigación en este campo proviene de estudios de neuroimagen, que piden a los participantes en duelo que recuerden o visualicen recordatorios del fallecido durante escáneres cerebrales. En estos estudios, el TDP se ha vinculado repetidamente con cambios en los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa.
EN QUÉ SE PARECE (Y EN QUÉ NO) A LA DEPRESIÓN Y LA ANSIEDAD
Estas regiones incluyen el núcleo accumbens y la corteza orbitofrontal, implicados en el deseo y la motivación, así como la amígdala y la ínsula, que desempeñan un papel en el procesamiento de las emociones. "De alguna manera encajó con esta noción de que el duelo se caracteriza por un anhelo o añoranza por el fallecido", comenta Bryant.
Algunos de los patrones neuronales observados no son exclusivos del duelo prolongado. Se observan cambios similares en la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Dado que estas afecciones comparten rasgos como la rumiación y el distrés emocional, "sería muy extraño que no se observara esa superposición", apunta Bryant. Sin embargo, esto supone un reto para los investigadores, quienes deben determinar qué cambios cerebrales son específicos del TDP y si las diferencias cerebrales observadas causan un duelo prolongado o son consecuencia de él.
De cara al futuro, Bryant enfatiza la necesidad de trabajar con grupos más grandes de personas en duelo a lo largo del tiempo para revelar cómo cambia la actividad cerebral relacionada con el duelo a medida que algunas personas se recuperan mientras que otras no. "Espero crear conciencia. Para abordar realmente el duelo prolongado, necesitamos reconocerlo como un trastorno. Si bien contamos con tratamientos que pueden abordarlo, no podemos hacerlo si no podemos identificar a estas personas", incide Bryant.