Archivo - Infección pulmonar Infección pulmonar por virus respiratorios y brote de gripe y coronavirus o coronavirus como casos peligrosos de SARS como un concepto médico pandémico o epidémico con elementos de ilustración 3D. - WILDPIXEL - Archivo
MADRID, 25 Feb. (EUROPA PRESS) -
Incluso cuando la fiebre ya ha bajado y el test vuelve a salir negativo, hay personas que siguen sintiéndose “como si no hubieran terminado de curarse” tras una COVID-19 leve. Fatiga, niebla mental, cambios de humor o esa sensación de que falta aire al subir unas escaleras se han convertido en una estela incómoda para quienes creían haber dejado el virus atrás.
Un equipo de la Universidad de Tulane ha buscado una explicación biológica a este fenómeno comparando, en un modelo de ratón, qué ocurre en el cuerpo después de superar una infección leve de gripe frente a una de COVID-19.
LA “MARCA” QUE DEJAN GRIPE Y COVID EN LOS PULMONES
Incluso un caso leve de COVID-19 o gripe puede afectar al cuerpo mucho después de que la fiebre y la tos desaparezcan, según una nueva investigación de la Universidad de Tulane (Estados Unidos) que puede ayudar a explicar por qué algunas personas tienen dificultades para sentirse completamente recuperadas semanas o meses después.
Los hallazgos, publicados en 'Frontiers in Immunology', ayudan a explicar por qué la COVID prolongada suele presentar síntomas neurológicos como confusión mental, fatiga y cambios de humor, mientras que la gripe se asocia más comúnmente con complicaciones respiratorias.
Los investigadores descubrieron que, si bien ambos virus pueden causar daño pulmonar duradero, solo la infección por SARS-CoV-2 causó inflamación cerebral persistente y daño a los vasos sanguíneos pequeños, incluso después de que el virus ya no fuera detectable.
"La gripe y la COVID-19 afectan a grandes poblaciones en todo el mundo y tienen un impacto significativo en la salud pública; sin embargo, los mecanismos detrás de sus efectos a largo plazo aún se comprenden poco", apunta el doctor Xuebin Qin, autor principal y profesor de microbiología e inmunología en el Centro Nacional de Investigación Biomédica de Tulane.
CUANDO EL PULMÓN INTENTA REPARARSE… Y CUANDO NO
Para separar los efectos comunes de las infecciones respiratorias graves de los exclusivos de la COVID-19, los investigadores utilizaron un modelo de ratón para examinar el tejido pulmonar y cerebral después de que la infección hubiera desaparecido.
En los pulmones, ambos virus dejaron una imagen similar: células inmunitarias que no lograron eliminarse por completo y una mayor acumulación de colágeno, una proteína asociada con la cicatrización. Estos cambios pueden endurecer el tejido pulmonar y hacer que la respiración se sienta más dificultosa, una posible explicación biológica de por qué algunas personas reportan dificultad para respirar persistente después de infecciones respiratorias.
Pero al analizar más detenidamente, los investigadores encontraron una diferencia clave. Tras la gripe, los pulmones parecieron activar el modo de reparación, enviando células especializadas a las zonas dañadas para ayudar a reconstruir el revestimiento de las vías respiratorias. Esta respuesta de reparación prácticamente no se produjo tras la infección por COVID-19, lo que sugiere que el virus podría interferir con el proceso natural de curación del pulmón.
Aunque no se encontró ningún virus en el tejido cerebral, los ratones con COVID-19 mostraron signos de inflamación cerebral persistente semanas después, junto con pequeñas áreas de sangrado. El análisis de expresión génica reveló una señalización inflamatoria continua y la interrupción de las vías implicadas en la regulación de la serotonina y la dopamina, sistemas estrechamente vinculados al estado de ánimo, la cognición y los niveles de energía. Estos cambios persistentes fueron prácticamente inexistentes en los animales infectados con gripe.
"En ambas infecciones, observamos daño pulmonar persistente", apunta Qin. "Pero los efectos a largo plazo en el cerebro fueron exclusivos del SARS-CoV-2. Esta distinción es crucial para comprender la COVID prolongada".
Este estudio fue financiado por un premio de la Asociación Americana del Corazón que Qin recibió como parte de un esfuerzo nacional para comprender los efectos cardiovasculares y cerebrovasculares a largo plazo de la COVID-19. Los hallazgos arrojan nueva luz sobre cómo los cambios vasculares e inmunitarios pueden contribuir a la persistencia de los síntomas neurológicos.
Al definir estos cambios biológicos, la investigación ofrece una base más clara para el seguimiento de los pacientes y el desarrollo de tratamientos dirigidos a prevenir daños duraderos. Dado que los síntomas persistentes siguen dificultando la recuperación en algunas personas, comprender su causa es esencial para reducir las consecuencias a largo plazo para la salud.